domingo, septiembre 1



Una cosa es verdad sobre la grada texana de El Álamo. No se impresionan fácilmente. Han jugado vibrantes eliminatorias, con victorias y derrotas a partes iguales, frente a equipos como los Lakers de Kobe y Shaq, los Bad Boys de la II Generación o, recientemente, los Miami Heat de Lebron James. Sin embargo, durante la temporada 2012/13, cuando la figura del chándal gris sale, recibe una sonora ovación. No falla, a pesar de su aspecto adormilado, cuando el jugador empieza a pasarse el balón entre las piernas, el público de los San Antonio Spurs se levanta. Conocen su nombre, Tracy McGrady, alias T-Mac. No reverencian a un jugador de última de la rotación de los campeones del Oeste, los suyos, son las reverencias a uno de los jugadores más espectaculares de la última década de la NBA.




Para una generación de espectadores,  quien fuera jugador de los Toronto Raptors, Orlando Magic, Houston Rockets, Detroit Pistons y San Antonio Spurs, siempre irá asociado al apelativo que el inolvidable Andrés Montes le otorgó: "¿Por qué eres tan bueno McGrady?". Explosivo escolta, hasta que su espalda dijo basta, el recientemente retirado profesional, fue uno de los exteriores más imaginativos del basket mundial. Justificante de un madrugón, sus 13 puntos en menos de un minuto para remontar un partido imposible a San Antonio (otra de las razones de la afición en el Álamo), siguen en la retina de los buenos gourmets del basket.




Todo comenzó, pese a ello, con el oscurecimiento ante su propio primo, Vince Carter, aquel saltarín que fue capaz de ganar el concurso de mates durante el All Star 2000, para convertirse en uno de los delfines más mimados de la prensa tras el reinado de Michael Jordan. McGrady acabó dejando Toronto, donde no había sitio para dos gallitos, aunque la relación entre ambos siempre fue muy buena. Fue en la tierra de Mickey Mouse, Orlando, donde McGrady se convirtió en un asiduo de las mejores jugadas del día y todo un icono para el marketin de la auto-proclamada mejor Liga del Mundo.



Fueron sus años dorados, los títulos de máximo anotador y los highlights de dibujos animados. Para el recuerdo, aquellos dos partidos de las estrellas donde empleó el tablero como nunca antes, para firmar un mate único (aunque él fue capaz de hacerlo dos veces). También, irónicamente, el comienzo de su maldición. La batalla de postemporada es aún muy recordada, los Magic ganaban 1-3 a los poderosos Detroit Pistons, primeros de la Conferencia Este, con Tracy haciendo pedazos a una de las mejores defensas ligueras. En el autobús, McGrady especuló ante la prensa sobre su posible rival de semifinales...Fue vender la piel del oso antes de cazarla, porque Ben Wallace y los rocos chicos de la Motown lograron remontar la serie en siete partidos.




Empezaba la maldición de la primera ronda. Él siguió siendo la razón de que Doc Rivers entrenase en Orlando y llenase el pabellón, pero, los Magic no colmaron las expectativas. Fue traspasado con todo el boato, a los Houston Rockets, donde su nombre se coló por la puerta grande por su conexión Yao Ming. Para el recuerdo la mejor racha de victorias de la franquicia, pero acompañados de dos derrotas amargas ante los combativos Utah Jazz de Jerry Sloan. En una de ellas, frustrado, T-Mac, que no podía dar más, afirmó: "Sí, es culpa mía. También cuando a alguien le ponen una Coca-Cola Zero y ha pedido una normal...". 



La cita de los astros seguía siendo su momento de mayor lucimiento. Fue el más serio obstáculo para que Lebron James obtuviese el premio MVP más precoz en la historia de la Liga. Houston logró ganar su primera ronda... con T-Mac lesionado. Sin él y Yao, Rick Adelman inventó milagros para mantenerse en pie siete encuentros ante los futuros dueños del anillo, Los Ángeles Lakers del año 2009. 



Empezó una transición muy dura. De marga visible de Adidas, embajador de la Liga en Alemania, portada de Sports Illustrated, McGrady vivió el olvido del lesionado, a la par que los críticos resultadistas. Se habló de su falta de carácter en los momentos más importantes y cayó en un ostracismo que nunca mereció. Incluso Kobe Bryant echaba leña sobre el árbol caído, al presumir de haberle arrasado en varios unos contra uno en suelo germano. "¿Eh? No... creo que no coincidimos", fue la respuesta de McGrady, desde la distancia de China, donde junto con nombres como Iverson o Marbury, buscó expandir el basket norteamericano y ganar unos buenos dólares.




Por fortuna, llegó la posibilidad de San Antonio. Una oportunidad de compartir vestuario con un ilustre coetáneo como Tim Duncan, a quien abrazó efusivamente cuando le llevó a su primera Final. Los de Popovich le mimaron y permitieron al resto de la NBA y los fans, brindarle el último homenaje a uno de los clásicos, incluso con Bryant, reconociendo los duelos vividos con un guard tan difícil de contener. Tiempo para cerrar sus puertas de Jano particular...



Lo dijo con la franqueza y sin la malicia con la que superaba a esforzados defensas... "It´s over". A great run Tracy... enhorabuena, ¿por qué eres tan bueno, McGrady?
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