domingo, abril 27

Reinaba un respetuoso silencioso. A los enemigos (deportivos) que han sido honorables se les debe dar tributo sentido. El madridismo se volcó, como el resto del mundo del deporte y de la sociedad en general, en un minuto de silencio por Tito Vilanova, exitoso canterano del Barça, entidad a la que no pudo subir en el primer, aunque se tomó cumplida revancha como el más destacado oficial de la revolución de Pep Guardiola. Con 45 años y la oportunidad laboral que había ansiado como comandante de operaciones en el primer equipo, una trágica enfermedad le privó de seguir un recorrido que se saldó con una Liga y 100 puntos. Su familia y amigos vivieron una jornada que nunca debería haber llegado, desde el blog, el más respetuoso pésame a sus allegados. 




Realizado el homenaje, Olympiacos y Madrid intercambiaron miradas. Llevaban haciéndolo cinco encuentros. En El Pireo había sentado muy mal saber su rival de cuartos de final. La derrota en Kaunas de los pupilos de Pablo Laso olía a chamusquina. Los helenos querían al CSK de Moscú y por eso habían hecho los deberes. El vestuario bicampeón de Europa temía que aquello fuera una señal de que el equipo español los considerase una perita en dulce. 



Una técnica más de motivación de una escuadra que necesita muy poco para encenderse. Sin embargo, el Madrid no ha subestimado a sus verdugos en la pasada Final Four. El Madrid se dejó llevar en Lituania por aquello de la relajación y tal, pero mostró en su feudo que no había olvidado a sus adversarios más incómodos de la pasada edición. Bourousis se revelaba como lo que había recetado el doctor a un equipo repleto de calidad y velocidad, el cual necesitaba a un individuo de su carácter y que comprendía a sus compatriotas. 


Se intentó rebajar el sentimiento de euforia en el vuelo a la Hélade. El corazón de un campeón no debe subestimarse nunca. Pese a ello, el Olympiacos sobrevivió a un match-ball que Rudy y compañía pudieron llevarse sin desplegar su mejor juego. Bryant Dunston vivió muchas transformaciones, en el Palacio de la Paz y la Amistad se vio una bestia bajo tableros, un dolor de muelas para sus oponentes, mientras que en la capital española no logró hallar su ritmo y si el calvario de los tiros libres. 



El cuarto día fue la confirmación de que a los defensores del título se los debía matar muchas veces. El preciocista juego de quienes han convertido la ACB en su coto privado (con la excepción de un combativo Pamesa Valencia) volvía a quedar en cuestión. Algunos medios de los locales se burlaban de las estrellas de los subcampeones del curso baloncestístico anterior, referencia a pantalones incluidas. Craso error. Los últimos años de esta generación de jugadores han sido un continuado ensayo, error y aprendizaje. Habían hallado medicina para El Chacho y sus batutas. El Olympiacos había mostrado sus garras, ahora sus víctimas iban a demostrar que ya no eran la presa de su pasado encuentro decisivo en Londres. 




Comenzó el día decisivo con el factor cancha (la afición se volcó) y Sergio Llull encontró su ritmo y el tempo que lo hacen un anotador diferente, un micro-ondas que cuando está inspirado es una pesadilla constante para las zonas. Bartzokas y su cuerpo técnico esperaron, como siempre han hecho en esta gloriosa etapa. Una técnica por aquí, un triple de Spanoulis, Vangelis Mantzaris defendiendo... Total, que los dos cuartos acabaron con una ligera ventaja que era subsanable por las bestias del Pireo. 



Estaba claro su plan. Hacer la goma y jugar con los nervios de la grada y el ultra-favoritos de la casa de apuestas. Un buen plan, pero no para Rudy Fernández. Las críticas a su aportación fueron contestadas por el ex crack de la Penya con una racha impresionante. No solamente su tiro, sino sus agallas palmeando y un esfuerzo defensivo que debería exhibirse a otros anotadores que quieran reservar fuerzas en las barricadas. Fernández resucitó las sensaciones que hacen de los blancos un oponente temible. 



Nuevamente, una estocada que parecía definitiva. Sin guerrilleros de la talla de Antic (sensible baja), el Olympiacos se amparó en los sabios tiempos muertos de un entrenador y en el de siempre, el genio de Larisa. Spanoulis volvió a dar un clinic de tranquilidad. Darden y otros perros de presa de lujo saquearon  a faltas y empujones al temido anotador a quien la grada siempre silbaba cuando tocaba el balón (suele hacerse con el rival más temido). Spanoulis era el gran arma con sus penetraciones y suspensiones. Rudy estaba, pero Laso encontró en su capitán el antídoto al equilibrio. 



Felipe Reyes salió para insuflar pulmones a los suyos, "Espartaco" se fajó y peleó con todo el que fue tan incauto de cruzarse con él. El pívot blanco era el guerrero curtido en mil batallas que ya está por derecho propio en los Anales del Estudiantes y del Real Madrid. Fue demasiado para un campeón honorable, aunque fatigado ante un potro de carreras que puso la quinta marcha y cogió la autopista. 



El madridismo festejó su segunda Final Four consecutiva. La batalla terminó como debía hacerlo, con jugadores de uno y otro bando abrazados. Bartzokas demostró que es un general infatigable, mas caballeroso. Su rueda de prensa fue un clinic de señorío, calma y saber estar. Digno epílogo de un equipo que ha estado a un partido de intentar amenazar el legendario triplete de la todopoderosa Jugoplastika.



Ahora, quedan aún batallas más importantes en su recorrido.... 



CLÁSICO DE CLÁSICOS...



The North remembers. Xavi Pascual y los suyos habrán disfrutado de eliminatorias como la del Panathinaikos y CSK de Moscú, así como de Madrid y Olympiacos. Ahora, afilarán cuchillos. Los culés sabíamos que iba a ser duro fuera quien fuera el ganador del pulso de titanes. Pero sienten que ya no son la escuadra que comenzó titubeante la temporada. No están San Pete ni Saras, aunque el Barça solventó con nota sus cuartos de final, honor a Carlos Arroyo mediante. 



Dentro de dos semanas volverán a reeditar un partido de partidos en semifinales continentales... repiten rival, aunque sueñan con variar el resultado...  

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