lunes, mayo 26

El gesto resumió un sentir, una pasión y una forma de entender lo que no deja de ser un juego. El Real Madrid, camino de su décimo entorchado de "La Orejona", acababa de certificar que había llegado mucho mejor a la prórroga que su oponente. En la banca enemiga, uno podía esperar un alarido, el exorcismo de una frustración, lo que Antoni Daimiel, ilustre colchonero, resumió mejor que nadie: "Gritar para que no te griten". 



Nada de eso. Diego Simeone llamó a sus 11 indios para que recordasen que debían tener la cabeza alta. A Lisboa no se llega todos los días, menos aún para estar a dos minutos de dar la primera Copa de Europa a tu club. El Madrid había tumbado a su leyenda negra contra escuadras bávaras con brillantez para estar allí, aunque el camino rojiblanco no fue menos fácil. Atrás quedaban Barcelona, Chelsea, Milán, Oporto... Igual que decíamos en la Final Four de Milán, son muy escasos los casos en que los dos finalistas de la Champions no se han merecido cada palmo de césped para disputar 90 minutos que son la envidia del resto. 




La capital lusa vivió el festival de dos aficiones ejemplares, encantadas de que por primera vez dos escuadras de una misma ciudad decidieran el ansiado cetro. No obstante, el testarazo de Sergio Ramos (de largo, el jugador con más fe de los merengues el pasado sábado) se coló en los libros de Historia para impedir la matrícula de honor de un equipo que se lleva sobresaliente. Si en agosto alguien le hubiera dicho al Atlético que el Camp Nou les ovacionaría como campeones de Liga y que serían semifinalistas de Copa, hubieran dicho dónde firmar. Hoy les sabe a poco. A su vecino, el Real, también le queda el "debe" del triplete. Eso define a los equipos grandes. 


No parece casualidad que cuando Detroit celebra el décimo aniversario del bloque campeón de 2004, caracterizado por su defensa, compromiso y solidaridad, otro outsider dijera que había venido para quedarse. Dos años hacía que El Cholismo había aterrizado en el Calderón, acompañado de "Marhabal" "El Mono" Burgos como lugarteniente, "el profe" Ortega y un staff técnico dispuesto a ser valiente. Con unos mimbres que nadie parecía querer, jugadores y cuerpo técnico se propusieron ser una metáfora perfecta de una hinchada harta de los bipolios que asolan cada aspecto de la vida cotidiana (Barça-Madrid, PP-PSOE, crisis y prima de riesgo...). 



El Atlético recuperó la esencia de los mejores años de Luis Aragonés, renunció a ser el chiste con patas al que algunos lo querían someter. Ha sido una aventura gloriosa que ha superado bajas tan increíbles como Falcao. Se rompieron maldiciones en el Bernabéu y se consiguió que antiguos verdugos como Leo Messi no vieran puerta apache en seis enfrentamientos directos. El partido a partido fue cuajando tanto como los versos sabineros, rara vez un equipo ha generado tanta expectación a nivel popular sin tener a los medios de comunicación a su favor. 



En ocasiones, la Fortuna gusta de dar vaivenes a aquellos a los que han encumbrado. Tantas finales ganadas (Inter, Chelsea, Bilbao...) para perder la buena suerte en el peor momento posible. ¿Y si hubieran tenido al Turco y Diego Costa? ¿No erró Simeone en los cambios? ¿No fue timorato  echarse atrás ante la corajuda reacción blanca de Modric, Di María y cía? A toro pasado todo es más fácil. A Ivanovic se le juzga en Vitoria por los años gloriosos que dio, no por su minuto horrible en la final ACB que acabó con triple de Alberto Herreros. En Lisboa, con muchas cosas mal hechas, los Gabi y compañías estuvieron a 120 segundos de acabar el cuento de hadas más lindo.


Y es que ante una bestia competitiva como el Real no podían permitirse aquel momento de recuperar el aliento. La  increíble Juve de Del Piero y Zidane o el Bayern de Oliver Kahn les hubiera podido advertir, hasta que no llevan 20 minutos en la lona, el equipo con más Copa de Europa no está groggy. Sin embargo, el Atlético se lleva algo más que un subcampeonato y una Liga. Que Sergio Ramos o Casillas, símbolos del éxito, tengan que especificar que los vikingos "siguen" mandando en la ciudad, marca un cambio de era en la escuadra de los amores de José Luis Garci. Antes no hubieran debido especificarlo, se daba por hecho que, pongamos que hablo de Madrid, al más alto nivel únicamente existía el Real. 




Ahora el Atleti ha vuelto. Afortunadamente detenido a tiempo y con buena rectificación en sala de prensa, Simeone lo demostró cuando no consintió que Rafael Varane (exquisito defensa con la cabeza extrañamente extraviada en el último segundo) insultase a su banquillo. Di María, quien fue justo MVP de la final (aunque Ramos no hubiera sido mal candidato), pudo hablar de "cagazo" en la prórroga ante los micrófonos, pero no pensó decírselo a Gabi o a un Cholo encantado de hablar fuera lo que quedase pendiente.Mirando a la cara, el séptimo de caballería no pudo quitarle el estandarte a los pielejos rojiblancos. Ganaron la batalla, pero no hicieron pasar por el yugo que sí impusieron a ultra-favoritos como el Bayern. Afortunadamente, lo que pasó en la cancha, quedó en la cancha. Pero, ahora, igual que Tayshaun Prince tenía a los dos Wallace a sus costados, la presencia de Burgos y El Cholo invita a saber a sus 11 jugadores que alguien guarda sus espaldas. 




Muchos querrán resucitar a "El Pupas" y mantenerlo en la ficción de comparsa a la que quisieron reducirle cuando bajó a Segunda. Como culé, casi me beneficiaría que así fuera, bastante duro es tener ya a rivales como el Real, Valencia o Sevilla... pero sé que no, estos indios han venido para quedarse. Tienen una Supercopa dentro de poco y les veo con la cabeza alta y la mirada al frente. 



El Atlético perdió una intensa final que se pudo llevar cualquiera y de la que el Madrid fue justo vencedor, pero ganó algo más. Por si alguien lo dudaba, ya tiene misión para las próximas temporadas. Simeone, quien a veces peca de pragmático, aprendió que a veces a uno se le aplaude cuando ha perdido y ha errado el planteamiento, aunque se ha ganado el corazón de los seguidores y los que no son seguidores de su escuadra. Sabíamos que a Irene Villa no le gustaba mucho el fútbol, pero que este año ha seguido a cierto equipo... No extraña, comparten la misma devoción, aquella que nos enseñó Scorsese en "Toro Salvaje": No me has tumbado, Ray... 
Publicar un comentario