lunes, mayo 12

Las temporadas deportivas se recuerdan por muchas cosas. Este curso baloncestístico irá asociado al MVP de Kevin Durant, en otro episodio más de su rivalidad con Lebron James, cuyos Miami Heat quizás logren la hazaña del triplete. De igual forma, aunque menos agradable, el 2014 irá asociado a pérdidas como las de Tito Vilanova o Iago Lamela, símbolos de sus respectivas disciplinas. Noticias destacadas y que acaparan, lógicamente, muchos titulares. Los vaivenes informativos, a veces, provocan el efecto colateral de dejar pasar algunas noticias notables, las cuales pasan desapercibidas en el momento de surgir, pero sus consecuencias serán muy notables en el futuro. 




Rick Adelman y su decisión de dejar de entrenar en la primera campaña NBA d.D.S. (después de David Stern) supone un cambio clave en los banquillos del baloncesto. Sin el misticismo que rodea a Phil Jackson o el glamour asociado a su amigo Pat Riley, Adelman (Lynwood, California, 1946) ha sido uno de los mejores técnicos que han dibujado en la pizarra durante las últimas décadas de la auto-proclamada mejor liga del mundo. Previamente, fue cocinero antes que fraile, siendo jugador profesional (destacado anotador en el campeonato universitario y base trota-mundos en el circuito estadounidense). 



Aunque tuvo alguna buena campaña, Adelman no logró asentarse en ninguna franquicia de forma firme, pero ese recorrido le permitió establecer interesantes conexiones que le valieron para trazar una fecunda carrera como asistente y entrenador principal. Fue en Portland donde comenzó a las órdenes de Mike Schuler y terminó dirigiendo a una escuadra capaz de desafiar en las finales por el anillo a potencias como los Bad Boys de Detroit o los Chicago Bulls primigenios de Michael Jordan. 

De cualquier modo, si bien dejó una clara marca en las escuadras donde estuvo, Adelman irá siempre asociado a los Sacramento Kings. Los años dorados de una franquicia modesta, acostumbrada a vivir bajo la sombra de los poderosos Lakers, pero que, a principios de este milenio, logró colarse con todo merecimiento en la NBA. El estilo de juego coral y falto de egoísmo del míster halló a sus mejores intérpretes en: Jason Williams, Chris Webber, Mike Bibby, Divac, Stojakovic, etc. 




Un estilo ofensivo y de preciocistas pases que convirtió al Arco Arena en una de las canchas donde mejor baloncesto se podía disfrutar, el equipo "ye-ye" que decía Andrés Montes. Épicas series contra Dallas y Utah, mejor récord de la Liga, título de división y, al final del camino, Kobe y Shaq. Junto con Jordan e Isiah Thomas, dos jugadores superlativos que fueron el único escollo que no pudo superar Adelman. Para el recuerdo quedarán aquellas series de 2000 y 2002. En la primera, unos casi desconocidos Kings llevaron a la muerte súbita a los futuros campeones, mientras que en la segunda, siempre tendremos la sombra de la duda por un caserísimo sexto partido que propició el impresionante séptimo encuentro entre los angelinos y sus vecinos. 



"Le he dado muchas vueltas a la cabeza y aún no sé por qué no hemos ganado esta serie. Debemos sentirnos orgulloso". Aquel sexto partido marcó de una forma dramática la suerte de un proyecto revolucionario, el cual supo aunar los fundamentos europeos a la exuberancia física de la NBA. La lesión de Webber el año siguiente empezó a dictar el testamento de uno de los mejores equipos que nunca se colocaron el ansiado anillo. El despido de Adelman fue un punto de inflexión negativo para el basket de Sacramento. 


Aún siguió haciendo ejercicios de eclecticismo. Configuró unos Houston Rockets rocosos y valientes, capaces de establecer un récord de victorias consecutivas que parecía de otra época, rejuvenecer a Mutombo y avanzar en primera ronda sin T-Mac, uno de los mejores talentos de la plantilla texana. La perdida de Yao tampoco importó para llegar al séptimo de las semifinales del Oeste, ante los futuros campeones. El rendimiento de los Scola, Battier, Wells o Ron Artest fue excepcional. El viejo estratega mantenía el olfato que caracterizó su intachable carrera, siempre alejado de los focos y esperando que su trabajo hablase por él. 



Silver, nuevo Comisionado, recién solucionado el vergonzoso asunto del propietario de los Clippers, no dudó en agradecer los servicios prestados a un caballero discreto y a quien, paradojas de la vida, el propio star-system de la NBA actual no le ha ayudado a ser tan valorado como debería. Es sabido que ahora será un asesor de Minnesota, la patria de los hermanos Coen, la cual aún intenta superar el terremoto de carisma que dejó Kevin Garnett al marcharse a Boston. 




Probablemente, Ricky Rubio le echará de menos. Místeres que aprecien la imaginación hasta esos niveles son difíciles de encontrar. Tipo discreto, el mejor homenaje se lo hicieron sus ex jugadores y quienes convivieron con él. Más de 1000 victorias a sus espaldas, no se le ha organizado ni tampoco él pedido una fiesta de despedida. Terry Porter, antiguo pupilo suyo y futuro asistente a sus órdenes, Chris Webber, su amigo Riley... Si a uno hay que juzgarlo por lo que dicen quienes conviven con él, Rick Adelman está entre los más grandes "males necesarios", como en ocasiones, injustamente, definimos a los entrenadores.  

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