lunes, junio 9

Hay jugadores que parece van a ser determinantes desde el primer minuto que se atan las zapatillas. El Allen Iverson del primer año de la NBA parecía escasamente acomplejado por haber dado el salto de calidad desde las canchas del playground de Philly al campeonato más exigente de su disciplina. Otros, en cambio, no confirman las amplias expectativas creadas a su alrededor: lesiones, infortunio, no dar con el equipo o el entrenador adecuado, un mal enfoque de su carrera, etc. Pero hay otra especie muy particular en las canchas, la del discreto, el que pasa inadvertido y no tiene un reflejo en las estadísticas de su real importancia. 




Jorge Garbajosa, quien recientemente ha presentado su biografía deportiva, pertenece a una categoría extraña dentro del firmamento de los ÑBA españoles. No ha sido bendecido con unas condiciones físicas tan brutales para el baloncesto como los hermanos Gasol, tampoco ha tenido el extraño don anotador de Juan Carlos la Bomba Navarro o los rebotes de Felipe Reyes... sin embargo, compañeros y cuerpo técnico de la selección española se muestran de acuerdo en que el ala-pívot madrileño ha sido fundamental en uno de los ciclos más gloriosos del basket de alta competición. 



Podríamos citar sus vitales triples para sorprender en la gran final del Mundobasket a la selección helena en Japón, también recordar su ingrato trabajo en la sombra contra Dirk Nowitzki (pocas veces se ha mostrado más incómodo el excelso astro alemán que con el juego de pies de "Garbo")...o su respetuoso silencio cuando Aíto García Reneses lo relegó a la profundidad del banquillo en los Juegos Olímpicos de Pekín Sin rechistar, uno de los primeros balones que tocó en la final fue un triple frontal contra los todopoderosos Estados Unidos. Siempre productivo. 


Aunque aún no hemos podido hincar el diente al libro de Joaquín Brotons, los responsables de Never Shall me Down no vemos el momento de poder recordar la explosión de un talento tardío, un jugador espigado a quien dio una oportunidad la inagotable fuente vitoriana, acostumbrada en aquellos años a crear de la nada a estrellas. Garbajosa era un jugador atípico, una indefinición entre interior y exterior, alguien que alternaba partidos de 20 puntos con otros donde no miraba al aro, según las necesidades del equipo... Tal vez, lento para el basket del siglo XXI, pero compensado con creces por su gran arma: una inteligencia y colocación fuera de lo común para el deporte de la canasta. 



Una sapiencia y una curiosidad que se reflejó en decisiones valientes a lo largo de su trayectoria. Tal vez, la más acertada, su experiencia italiana, un tipo de juego que se adaptaba a las mil maravillas a sus virtudes. Punta de lanza de una poderosa Benetton, tuvo momentos extraordinarios en Copa y Lega, aunque faltó el broche de oro en la Final Four de S.Jordi. Allí, la maquinaria de Pesic logró vencer en una batalla extenuante al duro conjunto itálico, quizás la gran ocasión del "multi-usos" (Andrés Montes dixit) de llevarse uno de los pocos títulos que faltan en su envidiable palmares: la Euroliga. 




Los fundamentos defensivos adquiridos, su cada vez más firme habilidad como triplista y los extraños intangibles que parecía aportar lo hicieron un agente libre cotizado. Una ciudad ilusionada (Málaga), contando con el entrenador adecuado (Sergio Scariolo), confió en el hijo pródigo del baloncesto patrio para llevar al Unicaja a cotas nunca antes vistas en la entidad andaluza. Aún hoy, la final de la Copa del Rey 2004/05 sigue siendo considerado uno de los mejores partidos jamás firmados por la histórica institución malacitana.   



La siguiente campaña fue su consagración, estrella indiscutible de la selección y de su equipo, Garbajosa fue el MVP del ansiado título liguero del Unicaja. Una ACB que fue su mejor tarjeta de presentación para la NBA, donde los Toronto Raptors le esperaban con los brazos abiertos. Allí compartió minutos con su amigo José Manuel Calderón y fue un atípico novato en el duelo con los sophomores en Las Vegas... Más apreciado por sus entrenadores que por la afición estadounidense, más encandilada por el espectáculo y las acciones ofensivas espectaculares, la aventura en el otro lado del océano se acabó antes de tiempo por una fatal lesión en una de las canchas más emblemáticas del mundo: Boston. 



Fueron años menos fáciles para quien estaba acostumbrado a disputar minutos y ser relevante. El Madrid, en plena era Messina, le reclutó, un viejo sueño de la entidad blanca, si bien sus prestaciones físicas ya no eran las mismas. Duelos con las aseguradoras para garantizar su presencia los veranos y su eterno buen humor no bastaron para provocar su marcha de la capital y un nuevo canto de cisne en Málaga, una de las ciudades donde más se le disfrutó. 




Uno no puede dejar de recordar las visitas de la generación dorada a Córdoba para amistosos con China y Croacia. No sorprendió que "Garbo" fuera uno de los jugadores más solícitos a fotografías, firma de autógrafos y pidiera a los aficionados que le tuteasen y le llamasen, simplemente, "Jorge". 



Pues eso, Jorge, gracias por todo y, sobre todo, tu baloncesto... 
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