lunes, agosto 25

La picaresca fue un género literario que prosperó siglos atrás, especialmente en España e Italia, tal vez donde mejor se podía comprender el fenómeno de hidalgos empobrecidos que se arrojaban migas de pan en la camisa o las argucias y tretas de los desfavorecidos para florecer a base de ingenio, buscando unos ducados y alguna forma de hacer callar a las furibundas tripas, que hubiera dicho Lucas Trapaza. Cuál ha sido mi sorpresa al encontrar a uno de esos busca-vidas en la propia NBA, nada menos que Jalen Rose (Detroit, 1973). 





Criado bajo los esfuerzos en solitario de su madre en la Ciudad del Motor, adorador de los Bad Boys, Jalen fue uno de esos bases de manejo rápido de bola, uno de los que dejaban sentados a los rivales en el duro cemento, mientras no disimulaba una sonrisa de satisfacción. Hace varios meses, la cadena ESPN nos deleitó con un detallado documental de los Cinco Fantásticos de Michigan, un descarado equipo de novatos con sneakers negros, aires barriobajeros y talento descomunal para el basket. Sospechosos habituales de cruzar la línea y de humillar a sus adversarios con su trash talking, a nadie podía extrañar que Jalen fuera, quizá junto a Chris Webber, la voz más odiada de uno de los conjuntos más famosos de la NCAA, a pesar de no haber podido ganar ninguna de sus dos F4 en la NCAA.    



Haters gonna hate, debió de pensar Rose, quien no cambió mucho su discurso y sonrisa de villano carismático en su irrupción en la auto-proclamada mejor Liga del Mundo. Piedra angular de los poderosos Indiana Pacers de finales del siglo XX, Larry Bird se las vio y deseó para controlar a su díscolo talento, quien impresionaba por su juego y también por la locuacidad ante los micrófonos. No hace tanto, admitía haber intentando lesionar a posta a Kobe Bryant en las finales de 2000. La misma Black Mamba a la que resumió con esta frase memorable: "No me causa ninguna ofensa que uno de los mejores jugadores de la Historia haya hecho 81 puntos a mi equipo. Si Michael Jordan es el original, Kobe Bryant es el remix, baby. Eso sí, si Luke Walton me hace 25 puntos, sería para retirarme". Ese mismo día, el del show de Mr.Bryant, Jalen tuvo una cariñosa frase a la sagaz estrategia defensiva de su entrenador: "Ey, coach, ¿y si hacemos ayudas para parar a Kobe? No sé, por lo menos permitir que nos gane otro tío que no sea él, como lleva haciendo toda la noche"


Sin embargo, un jugador de personalidad excepcional. Siendo apenas un novato universitario, Rose se echó a las espaldas un partido de máximo tensión con toda una grada gritándole por el crack incautado en su causa, acusándolo de camello. Pecata minuto para un individuo forjado con los genes de Detroit, como él mismo dice, el chico que admiraba a Isiah a los suyos, pero que también aplaudía la espantada ante los Bulls en la década de los 90. Y, a pesar de todo, el rey de los pícaros encontró acomodo en los medios, haciendo entrevistas a ídolos personales como Magic y ganándose el respeto de sus colegas de profesión, quienes no podía dejar de verle como un goodfella, un periodista improvisado que entendía su jerga y era uno más del playground. 



Y es que Jalen Rose Story-Time es el equivalente a las inefables aventuras del tío Vázquez en los cómics de Bruguera, el toque macarra en una fiesta de etiqueta. La anécdota de la televisión de Patrick Ewing, la expulsión por provocar a Michael Jordan o sus pullas a Shaq por acusarle de decir que se llevaba mal con Kobe ("Ahora resuelta que son como hermanos. Pero da igual, acepto mi papel como cordero de sacrificio para que estos dos se reconcilien"). Sigue apostando doble o nada con sus tertulianos que Kevin Durant se irá algún verano a Houston. Siempre le gustó cargar la baraja. 




De cualquier modo, en tiempos de restricciones tan duras a las faltas técnicas, de código de etiqueta y fomento del lucimiento de las estrellas, viene bien que alguien cuente las novatadas que hacen los veteranos a los jugadores de primer año. Recordando su propio sufrimiento, Rose demuestra ser el mejor imitador de todos los tiempos de D. Mutombo, quien siempre se refería a él con su vozarrón como "Young, fella". Siempre será mejor eso que recordar su descalabro en los New York Knicks de Larry Brown, aquella empresa faraónica que acabó siendo una estafa piramidal.  


"Yo creo que los testículos de San Antonio han ido subiendo conforme entraban en El Palace", afirmaba en las épicas finales de 2005, cuando "sus" Pistons levantaban el parcial de 2-0 de la serie. Sin pelos en la lengua, tampoco para reconocer los trucos de los veteranos profesionales de NBA para garantizarse contratos cuales cantos de cisne en los minutos de la basura. El rey de los pícaros y su corte, destacando sus charlas con el bostoniano Bill Simmons.   




Si bien es imposible comulgar con todo lo que dice una persona, meno si va con un bate de beisbol al plató, uno no deja de pensar que, igual que el Territorio Comanche de Reverte, hay un punto de veracidad e indecorosa honestidad en estos recuerdos en las líneas enemigas, una cara del baloncesto más real que el universo Disney que, a veces, tiene lo políticamente correcto. A fin de cuenta, hablamos de un tipo que cuando no iba al All Star, le contestaba al periodista que le incordiaba por su ausencia: "Repasa la lista de bases y escoltas del Este. ¿Quién de estos tíos es mejor que yo?".



Entre su lista de enemigos hay individuos tan ilustres y respetables como Reggie Miller, Larry Brown, Mr. K y no pocos más. Tampoco está de más decir que Bird siempre mostró una gran confianza en él desde su aterrizaje en la Liga, así como su excelente feeling con Magic Johnson. Habéis sabido escoger a vuestros rivales, hubiera dicho Ned Stark. 



Seguimos esperando más historias, Jalen...  
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