lunes, agosto 4

Fue un partido muy especial. Los ojos de medio mundo estaban puestos en la capital de Australia. Acontencían unas semifinales asombrosas. Estados Unidos había instaurado una dictadura de talento desde 1992. Los profesionales NBA habían arrasado como un rodillo a cuantas huestes del resto del mundo se ponía frente a ellos en las canchas. Sin embargo, ese día no había ocurrido la paliza de rigor. Con una escuadra con nombres como Kevin Garnett, Antonio McDyess, Vince Carter, Ray Allen o Hardaway, los norteamericanos habían llegado empatados a los últimos instantes. Buena parte de la culpa caía en un base que había sido adquirido por el Barcelona de Aíto García Reneses ese mismo verano de 2000. 




Sarunas Jasikevicius había escogido al mejor rival posible para lucirse y demostrar que había vida en Lietuva tras el legendario Arvydas Sabonis. Triples, asistencias sin mirar y una eterna sonrisa para desafiar a gigantes. Tuvo la última bala, un lanzamiento de tres puntos que pudo cambiar la Historia del basket olímpico. No podían saber unos y otros que "Saras" volvería cuatro años después para permitir que su país, el cual respira basket como si fuera un oxígeno vital, iba a ser uno de los pocos conjuntos internacionales que batieron al coco del torneo, el cual tenía figuras de la talla de Allen Iverson, Lebron James o Tim Duncan. 



Hace apenas un par de días, el irreverente playmaker europeo lo deja. Sin duda, hablamos de uno de los jugadores más influyentes del envejecido continente, dueño de cuatro Euroligas en su CV y varias de las Ligas y Copas más importantes en alta competición nacional. La Mano de Elías, el Palau, el feudo ateniense y clubes como el Zalagiris fueron algunos de los encargados de disfrutar de un talento colosal, un apellido que es tan significativo para el gourmet de las pista como Bodiroga, Papaloukas o Djordjevic. 


Voces tan autorizadas como Juan Carlos Navarro le han colocado entre los tres mejores compañeros que ha tenido en Barcelona, casi nada, teniendo en cuenta el talento que ha desfilado por la Ciudad Condal. No obstante, el romance del lituano con la grada culé ha sido tan constante como interrumpido por cuerpos técnicos (especialmente, el maestro Pesic, quien fue clave para que Saras y sus camaradas lograsen el triplete de 2003, pero permitió su marcha el verano siguiente, tras ser el MVP de las finales contra el Pamesa) y directivas. 



Ese traspaso, mal que nos pese a los parroquianos azulgranas, nos permitió ver uno de los espectáculos más increíbles que ha visto nunca la Euroliga. El tándem exterior de nuestro protagonista con Anthony Parker hizo al Maccabi de Tel Aviv (qué bonita esa época donde hablar de esa zona no traía las connotaciones de la terrible y abominable guerra que se está produciendo actualmente) un ciclón que logró más de 100 puntos en algunas de las canchas más difíciles de Europa. Maceo Baston fue uno de los mejores socios para acabar con furibundos mates los increíbles dibujos de uno de los asistentes más imaginativos que, además, se atrevía a dar pases de espaldas ante las defensas más poderosas de Europa, especialmente recordada la dada frente al todopoderoso CSK de Moscú. 



Su dominio convenció a un tal Larry Bird para hacerle una oferta en Indiana, donde hizo buenas migas con todo un Bad Boy como Ron Artest. Aunque dejó destellos de su clase, la NBA nunca vio al mago real, tampoco le dejaron mucho tiempo (inexplicable como un amante del basket ofensivo como Don Nelson le dio 1 minuto en los Playoffs contra los Jazz de Jerry Sloan) para mostrar lo que cada torneo internacional confirmaba. Aparte de su clinic en oro de Suecia 2003 (donde Stombergas y Macigauskas fueron sus otros-yo en la cancha), supo superar problemas del hombro para llevar a los suyos a una épica tercera plaza en el Eurobasket de Madrid. Esa medalla se consagró en un abrazo a Papaloukas, parecía que Kutuzov y Temístocles se inclinaban el uno ante el otro, demonios de la pista y jugadores aventajados en dar energía a los suyos y quitársela al rival. 


Un genio que debemos principalmente a su madre, quien se empeñó en tenerlo, pese a que el feroz seleccionador del momento (pensemos en el contexto de la Guerra Fría y la disciplina lacedemonia de la órbita soviética en deportes) le aconsejó abortar si quería conservar su plaza en la escuadra. Nunca estaremos lo suficientemente agradecidos por esa decisión, la canasta sobre la bocina ante el Pamesa, los pases sin mirar para que Pau machacase (era divertida la versión del beso de Magic y Thomas entre ambos, ya que el ala-pívot catalán tenía que agacharse para hacerlo, a pesar de que Saras mide 1´93 metros), su metralleta ante Estados Unidos, etc, etc.



Momentos imborrables, aunque también es de justicia recordar que ha sido uno de los pocos jugadores profesionales que se ha permitido el lujo de no defender, un mal necesario para sus entrenadores, quienes no podían permitirse perder a un recurso ofensivo así, aunque pasará buena parte de las barricadas protestando a compañeros, rivales y árbitros, todo por no pegarse al hombre. Como fuere, mito hasta la sepultura, una de sus pocas faltas fue decisiva, ante Iñaki de Miguel (espléndido defensa), por aquel entonces en el Olympiacos, en una infernal tarde de Euroliga griega, jugándose el pase a la F4 de Barcelona. Saras se la jugó en la lotería de los tiros libres y acertó, no entró ninguno de los dos lanzamientos (Iñaki era extraordinario como jugador interior, pero no tenía buena mano en esa faceta), un momento decisivo para sobrevivir al Pireo. 



Como Bodiroga, Kobe (a quien un envejecido Saras dejó un triple in your face de recuerdo en las Olimpiadas de Londres) o Bird, el recientemente retirado base parecía reservarse lo mejor para los minutos calientes, la hora de la verdad. Probablemente, aficionados y prensa perdonábamos sus travesuras y competitividad extrema por su amabilidad fuera de la cancha y eterna sonrisa, lo recordaba Sixto Serrano, quien le entrevistó con Epi en el Martín Carpena, durante un Unicaja-Maccabi Tel Aviv. "Estuvo muy amable como siempre. Nos contó que no estaba contento, que no encontraba su mejor juego. Sin embargo, ya estaba jugando bien, pero es verdad que a partir de entonces empezó a coger un nivel excepcional". Serrano también inmortalizó en la F4 de 2005 otra creación del genio, la pre-asistencia, consistente en ese pase que provoca un desequilibrio tal en la defensa oponente que genera un fácil 2 contra uno.  


Y es que, todos sabíamos desde la época de Olimpia de Liubliana a quien había que pasársela cuando llegaban los momentos calientes... 
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