lunes, septiembre 15

El retorno del Jedi


Saitama, Mundial de Japón, semifinales. Los espectadores de medio mundo se frotan los ojos. En una exhibición impresionante, las tropas helenas de Giannakis, comandadas por el genial Papaloukas, acaban de dejar en la cuneta a los todopoderosos Estados Unidos, plantilla que incluye nombres como Carmelo Anthony, Chris Bosh o Lebron James. Mike Krzyzewski, prestigioso técnico universitario en Duke, es uno de los principales responsables de la caída. Ante la sorpresa de los conocedores del basket europeo, mr.K apenas tenía constancia del dorsal 4 de la Hélade, quien destruye al poderoso conjunto norteamericano con sus bloqueos y continuación. 





Jerry Colangelo y otros grandes nombres de los aros norteamericanos diseñan un ambicioso plan de reconstrucción. Para sorpresa de algunos, Mr.K es uno de los que se mantiene en el navío, dispuesto a reconocer su error y empaparse de lo que está ocurriendo en el resto del globo. Su prestigio en la NCAA le vale ser una figura reconocible para dos exitosos desembarcos en los Juegos Olímpicos (2008 y 2012), recuperación del cetro más deseado (arrebatado por la generación dorada argentina en 2004) con escuadras de súper-élite (los ya mencionados, más Kobe Bryant, D.Howard, Jason Kidd y una distinguida compañía).



No obstante, las dos obras maestras del staff técnico USA han sido dos Mundiales (2010 y 2014), orientado a filas menos populares, aunque confeccionadas con el mimo de un orfebre florentino. Krzyzewski logró ver en la banca el oro en tierras otomanas, pero en España, su antiguo puntal, un tal Kevin Durant, no estaría. Para colmo de males, George se rompió y muchas franquicias NBA torcieron el entrecejo. Sin embargo, el viejo ogro de las competiciones internacionales había vuelto y tenía a los legionarios ideales para cumplir su objetivo... 


Un bloque sin fisuras


Kenneth Faried meneaba la cabeza, divertido, complacido de un trabajo bien hecho en semifinales. Los norteamericanos acaban de batir a una de las selecciones más queridas por el catador del baloncesto, Lietuva, ese país donde el baloncesto es casi religión. Ante los medios, el poderoso interior de los Denver Nuggets sonrió: "Me siento decepcionado. Quería ver si tenían el mejor juego interior del mundo". Una daga para todos los analistas y críticos aficionados (entre ellos, vuestros humildes blogueros) que nos hacíamos la boca agua con el poderoso juego de centers españoles. Una de las coletillas cuando se hablaba del mito de la invencibilidad de USA era hablar de su inferioridad en centímetros, que no tenían ningún Howard, Shar o equivalente. Ni falta que les ha hecho. 



Faried y DeMarcus Cousins han marcado un dueto de Pulp Fiction, muy similar a la pareja formada por Jules (Samuel L.Jackson) y Vega (John Travolta), tipos decididos a que nadie pase por su territorio. Sabiendo lo que tienen entre manos, cuesta tan poco imaginarlos en un coche comprando una kajuna burguer como admirarlos bajo tableros, taponando, intimidando, tomando rebotes y mostrando su colosal talento. No tenían nombres para el gran público, pero han sido algo mucho más importante. Los estandartes de un EQUIPO con mayúsculas, una plantilla donde todos han logrado convertir una competición de máximo nivel en un paseo triunfal. 



Los asfixiantes terceros cuartos serán recordados por eslovenos, turcos y otros rivales durante mucho tiempo. Un despliegue donde advertimos la mano del maestro Tom Thibodeau, aquel gurú defensivo de esos Boston Celtics que lograban hacérselas pasar canutas a los mejores anotadores del mundo, uno de los muy capacitados lugartenientes de lujo de Mr.K, quien ha cortado de inmediato los escasos momentos de desfase de unos pupilos que, fanfarronadas tras algunos estruendosos mates al margen, han mostrado ser disciplinados y fieles a una única causa: el oro. 


Tormenta perfecta



Kyrie Irving (flamente MVP), Stephen Curry, Derrick Rose... Más de uno pensábamos con malicia, que únicamente se jugaba con un balón. Sin embargo, estos señores del otro lado del Atlántico no han tenido un pelo de tontos. Incluso un anotador tan imponente como James Harden ha parecido tomárselo con calma, unos y otros se iban sucediendo. Teodosic había dirigido con mano maestra a Serbia para el sorprendente comienzo del primer cuarto, pero terminó llegando la estampida, las baterías de artillería de una maquinaria perfectamente engrasada. 



Son las ventajas de tener la línea del triple más lejos en su domicilio. Este año no nos hemos acordado de las reglas de los pasos, tampoco de esa permisividad con las manitas al entrar en su zona o los guiños a las grandes estrellas en la línea de tiro libre. Estados Unidos ha arrasado y lo ha hecho con todo merecimiento. Se lo han tomado en serio, la FIBA había recortado distancias con maestría, pero ahora las tornas han vuelto a cambiar. 



El viejo ogro ha vuelto y más les vale a los demás combinados que vienen para quedarse. Perlas de Detroit como Drummond casi no tuvieron que sudar en esta operación de tormenta perfecta. Los que quieran que los NBA vuelvan a sudar deberán olvidarse de hablar de NBAs A, B, C o D, pues todas son temibles. Trabajo, talento, preparación y espectáculo, recetas para batirles. No será nada fácil, porque en España, solamente ha habido un combinado que reuniera todas esas virtudes en grado sumo. Y sí, no es difícil de adivinar... 


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