lunes, octubre 13

El tiempo suele poner las cosas en su lugar. La reciente decepción del mundial masculino de 2014, celebrado en España, hacía ser muy cautos a los analistas y aficionados, cara a la sección femenina que competiría en Turquía. Las tierras otomanas era un reto, a pesar de los buenos resultados de este combinado en el pasado más reciente. Muchos hablaban de la anfitriona y había otras candidatas a competir el podio a las todopoderosas estadounidenses, quienes volvían a llevar el equipo más competitivo de cuantos desembarcaron.  




Sancho Lyttle, Anna Cruz y la ilustre compañía eran los argumentos de Lucas Mondelo, quien ha sabido exprimir con su cuerpo técnico las posibilidades de un bloque que ha sido eso, una escuadra sin fisuras y que ha peleado cada posesión de las que ha dispuesto. Hubo también momentos de individualidades excelsas, como la de Alba Torrens, hacedora de 28 puntos el día D y la hora H, es decir, en el tenso pulso vivido con las turcas, una de las grandes candidatas a la final, invictas hasta toparse con las españolas en semis. 




En definitiva, un torneo muy serio, como se notó en el segundo partido de la fase de grupos. El quinteto clásico (Palau, Xargay, Torrens, Nicholls y Lyttle) no dio ninguna concesión a una Brasil herida y peligrosa, la cual contaba con varias miembros de la prestigioso WNBA. A pesar de un primer cuarto con muchos vaivenes, el triunfo acabó cayendo del esfuerzo colectivo una victoria que permitió ir sin excesivos apuros a la República Checa. 


Lo mejor de la evolución y la andadura fue la falta de presión y savoir faire de unas mujeres sabias, como hubiera dicho Molière, quienes siempre fueron de menos a más. El acceso directo a cuartos de final se cotizaba caro, muchos señalaban a Checoslovaquia como el gallito del grupo, pero, nuevamente, quizá el partido más brutal de Sancho Lyttle, quien marcó el rumbo de un segundo cuarto decisivo, donde las españolas pusieran tierra de por medio ante uno de los mejores oponentes que se encontraron en su andadura del torneo. 



Una recompensa que se ha visto en el quinteto ideal que se terminó eligiendo, donde Alba Torrens y Sancho Lyttle compartieron honor con dos de sus rivales por el oro (las espléndidas Maya Moore, quien fue elegida MVP en Turquía, y Brittney Griner), además de la jugadora más eficaz de la siempre candidata Australia, Penny Taylor. Un sabor de boca inmejorable, si bien, hemos vuelto, igual que ocurrió en el basket masculino, a volver a sufrir el surgimiento de la bestia negra del basket: Estados Unidos. 




Un nuevo oro para un todoterreno que se mostró intratable desde el principio al final. Mondelo y su pizarra hicieron lo que pudieron para mimizar a Taurasi y sus compinches, pero USA combinó disciplina, calidad técnica y fuerza. Es la gran diferencia. Hay jugadoras que pueden igualarlas en mecánica de tiro, talento o conocimiento táctico. También hay otras que tienen envergadura y físico para sostenerse con ellas en defensas. Pero las primeras no son tan fuertes y la segundas no tienen la explosividad de movimiento de las norteamericanas. 



España intentó dar la cara en todo momento, incluso en algún pique y face to face que no fue más allá, pero es imposible, de momento, negar la superioridad que están exhibiendo las dos factorías de la NBA. Quedará la dignidad mostrada en el tercer cuarto, ya que el combinado hispano no pecó de falta de esfuerzo, si bien, los malos porcentajes de tiro nos condenaron ante un equipo que es el que mejor castigado los errores de los adversarios. 




Una plata que cae como agua de mayo en la Federación Española, en unos meses donde se está cuestionando buena parte del organigrama y los modelos de gestión deportiva. 2014 puede expirar con una gran serie de dudas baloncestísticas, no solamente en España. Buena parte de los combinados europeos deberían analizar la situación, tras el esfuerzo increíble que permitió toser a la potencia del otro lado del Atlántico, los Dream Teams masculinos y femeninos han vuelto a ser la apisonadora que solían. 



Por fortuna, con jugadoras como Silvia Domínguez, Rodríguez o Xargay, tenemos la agradable sensación de estar en la línea correcta. 





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