martes, noviembre 11

La actualidad manda, en ocasiones, con tintes dictatoriales. Por H o por B, el blog no sacaba una semana de calma para dar la importancia que merecía a un evento que es un hito en la liga Endesa: Aíto García Reneses obtuvo su triunfo número 700 como entrenador profesional. El primer triunfo del Gran Canaria este curso sirvió para consagrar a uno de los hombres que han sido pieza básica de la revolución del baloncesto español. 




Antes de Aíto, los mejores jugadores de los equipos hispanos se chupaban muchos minutos, lanzaban casi todos los tiros y ponían gesto torcido si se los sentaba en la banca. Por ello, en Barcelona tuvo tanta incredulidad al principio. Rotaciones y bloques, mucha tranquilidad ante tropiezos en la temporada regular y, generalmente, excelentes finales de curso. El joven entrenador que había llegado al Palau tenía una visión de cómo evolucionaría el deporte de la canasta. Era la época anterior a los vídeos y los scouting profesionalizados. Por ello, el míster de la cifra 700 es una pieza básica de este deporte que tanto nos gusta. 




Previamente a su llegada a la entidad blaugrana (1985), el imberbe estratega se había fogueado en Cotonificio y Joventut, aprendiendo todo lo necesario para crear nuevos sistemas. Una de sus grandes novedades para el campeonato español fue el jugar con un 3 alto. Su capacidad analítica y competitividad fueron básicas para que Reneses se convirtiera en un apellido codiciado por todas las escuadras. Eso sí, algún enemigo se dejaba por el camino. 


Tal fue el caso de Chicho Sibilio, uno de los mejores tiradores que ha visto la ACB. Su relación con Reneses fue de todo menos fácil. Eso sí, ambos ayudaron a crear a un Barcelona que se convirtió en la gran Némesis del Real Madrid, a la par que fraguaba una potente rivalidad con el Joventut de Badalona, equipo por el que pasó Aíto en varias etapas, potenciando a nombres como Ricky Rubio; unos años que hacen esbozar una sonrisa de satisfacción en los aficionados catalanes. Se trataba de un gusto por probar gente joven y ofrecer espectáculo al espectador. 



La única maldición de su exitosa andadura es la Euroliga, su único talón de Aquiles. Una competición que se enrabietó con uno de los mejores generales de las canchas en Europa, chocando con algún enemigo íntimo como Boza Maljkovic. Es extraño que una competición que premia tanto a quien da el mejor sprint final aún no haya dado su tributo a Aíto, quien tiene en su CV piezas tan codiciadas como una medalla de plata olímpica, conseguida en una final jugada de tú a tú con los poderosísimos Estados Unidos. 




Unos Juegos donde mostró todas sus virtudes y ese carácter serio, a veces, distante, que le ha granjeado admiradores y críticos. Jorge Garbajosa recordaba en su biografía cómo el excelente técnico no llegó a congeniar de todo con la generación dorada de nuestro basket. Disciplinado, meticuloso e incapaz de relejarse, quizá, pese al magnífico rendimiento de unos y otros en el torneo. Incapaz de entrenar de verano en verano por la normativa de entonces de la federación, con la plata en el cuello decidió volver a su hábitat, la ACB. 


Allí ha hecho maravillas como sacarse una zona 3-2-1 para remontar unos locos cuartos de final de Copa del Rey, a la par que dirigir a un equipo imberbe y talentosísimo a un cuasi milagro en la primera ronda de los pasados Playoffs. Si hay algo que decir de Aíto es su labor docente, una que recuerdan alumnos avispados como Loquillo, quien rememora: Es el más grande. Cuestión de confianza, se ame o se odia, cuando Reneses escribe en la pizarra es magister dixit. 




Un tipo irrepetible para el campeonato, quien no duda en mandar mensajes del tipo: "Quienes decían que no me gustaban las estrellas, elegían a mis jugadores como los mejores de la ACB" o "El respeto arbitral hay que ganárselo mejorando". Nos quedan aún muchas más triunfos, también alguna derrota y, sobre todo, más enseñanzas de este maestro del juego, siempre a la búsqueda de nuevas innovaciones, aunque, como lamenta, los tiempos y las tecnologías han hecho que el sistema más novedoso esté dando la vuelta al mundo en cuestión de semanas. 



Da igual, seguirá con su pizarra y anotando esos jeroglíficos donde él ve pases, bloqueos, continuaciones y la posibilidad de hacer mejores a sus muchachos. Y así van décadas y décadas siendo una de las referencias del deporte que tanto le gusta. Enhorabuena. 


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