lunes, diciembre 29

Volvía el gran clásico de la ACB y el Palau se puso sus mejores galas. A pesar de las bajas, el Barcelona salió con ganas de recortar esa victoria de diferencia que le separaba de su Némesis, el Madrid de Laso. Varios mates para electrizar a la grada y responder al siempre peligroso tiro exterior de los blancos. Probablemente, si Sergio Rodríguez no se hubiera visto afectado por una pubalgia, los visitantes hubieran podido marcar un ritmo mucho mejor para sus intereses, pero dio la impresión de que la intensidad de los locales puso un listón que les benefició, incluyendo presencia y muchos minutos de los menos habituales. 



Pleiss pareció en estado de gracia desde el primer balón que tocó, mientras que el juego interior azulgrana se simplificó con un solvente y eficaz sistema de pases, muchos de ellos acabaron con Tomic solo. Por cierto que, como bien me apuntó algún amigo entendido en el tema, el brillante y, a veces, frío interior, ex del Madrid, pareció evaporarse en el último cuarto, ante la intensidad de Mejri, Sin duda, si Anto Tomic aprendiera a ser más constante y tener una pizca del coraje de un Andrés Nocioni, estaríamos hablando de uno de los centers llamados a dominar Europa, pero aún le falta esa ruta del camino. 



También faltó, noticia, algo de magia en el Real Madrid. Los merengues nos han acostumbrado estas última campañas a inicios de curso brillantes, marcadores de elevada anotación y un sistema ofensivo de gran altura. Ese año parecen haber comenzado a menos revoluciones; no tiene ello nada de malo, quizás lleguen con más gasolina a los meses decisivos, pero se echó en falta algo de su intensidad natural. Con todo, su buena noticia es que en todo momento estuvo en el partido, tal vez no en sensaciones, pero con muy poco fue capaz de aspirar a llevarse el triunfo hasta el parcial decisivo del último cuarto. 


Ambas escuadras volverán a verse, quién sabe si en la Copa, con toda seguridad en un TOP 16 que se antoja fascinante. De cualquier modo, la mejor noticia del súper-clásico fue que ninguno de los dos acabó líder. El sorprendente Unicaja (aunque menos sorpresa si pensamos en lo bien que prepara a sus equipos Joan Plaza y el entusiasmo malacitano por el baloncesto) y la Penya han venido para quedarse y no podría venir en mejor momento, justo cuando se temía que el tradicional bipolio pudiera erosionar el atractivo del campeonato. 



Más allá de los espectaculares brincos de Hezonja, es de justicia reconocer que hay un trabajo muy serio en el staff técnico de Xavi Pascual. Para lo bueno y para lo malo, la entidad culé se ha malacostumbrado a esta figura de los banquillos. Muchos hemos reprochado que, con determinadas plantillas que ha tenido en su carrera, el longevo entrenador blaugrana haya optado por ser ultra-defensivo y alcalde de Tacañón, que diría Andrés Montes. Pero, al César lo que es del César, no caben dudas de que los equipos de Pascual están trabajados, retrabajados y vueltos a trabajar. 




Y es que este Barça siempre compite. Después del repaso mayúsculo que le infligió un Madrid celestial en la Final Four de Milán, se las ingeniaron desde la pizarra para reconstruir los pedazos y ganar la Liga, algo que parecía propio de ciencia ficción, tras pasarlo muy mal con el Pamesa Valencia en una final extrañísima (ni dios ganaba un partido en casa). Están todos advertidos en España y Europa, más allá de que un mito como Navarro no esté de corto, los de Xavi Pascual siempre compite y, si hace falta, se trae a Jackson. 


Pablo Laso, por su lado, habló de sensaciones. Personalmente, creo que dio en el punto clave No fue la distancia en el marcador (el Madrid siempre tuvo opciones reales de llevarse el gato al agua), pero el feeling era que su oponente les estaba ganando a los puntos. Nueva años sin ganar en fase regular en Can Barça son demasiados para un bloque tan depredador como este, el cual tiene sus miras puestos a su tercer (los dos anteriores lo acarició con la yema de los dedos) asalto a la Final Four, con el morbo añadido de que se celebrará en la capital española. 



La distancia en el rebote (44-30) sí que es un apartado estadístico que, sin que sirva de precedente, nos ayuda a encontrar respuestas a conceptos tan manidos como esfuerzo o intensidad bajo tableros. Aquí ganó el Barcelona la partida, algo que se antojaba decisivo en un día donde los triples casi brillaron por su ausencia (algo muy raro, los culés han tenido noches muy buenas en Euroliga en este apartado y los de Laso llevan los últimos tres años cultivándolos con gran éxito). Esto va para largo, en la Supercopa había una distancia que, otra vez, se ha recortado. 




Solamente podemos esperar ansiosos la próxima edición de este clásico, con el añadido que ya no están solos, Unicaja, Joventut y Pamesa, entre otros, son más que dignos aspirantes, esta ACB va dejando de ser cosa de dos. 
  
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