lunes, febrero 23

Fue apenas un instante, pero resumía dos carreras, muchos esfuerzos conjuntos... Cosa nostra, ah, la familia. ¿Familia? Los Gasol. Un apellido que en el baloncesto español tiene unos tonos casi míticos, aunque la verdadera leyenda se producirá dentro de bastante tiempo, cuando se retiren y lancemos una mirada al pasado. No hace tanto, algunos pensábamos que Pau Gasol había roto la barrera del sonido al debutar con Memphis Grizzlies y ganarse un hueco en una feroz competencia Oeste. Desde Fernando Martín, nadie había acariciado un premio de estas dimensiones. Pero, hoy en día, Pau y su "hermano pequeñín", Marc, han colocado el listón a unos límites que serán un referente para generaciones futuras. 



Y es que en aquellos primeros duelos contra "bestias" (dicho con todo el cariño) de la talla de Karl Malone, Chris Webber o Tim Duncan, entre muchos otros maestros del poste bajo, Pau se fue formando, sin que ninguno pensase en la verdadera importancia que iba a tener aquel chico. Shaquille O´Neal, filósofo de machacar aros, recordaba al célebre Aristóteles al hablar de la virtud de la excelencia, incidiendo en que es un hábito, no algo excepcional. Y así fue, cada año en los oseznos de los dominios de Elvis, el novato del año iba sobrepasando las expectativas. En silencio, su hermano Marc se formaba en sus universidades y no se amargaba por ser conocido como el "hermano de...".



Y es que lo de Marc es una carrera de fondo. Aquel muchacho que salía a las órdenes de Pesic a la visita de los Grizzlies a S. Jordi, fallando algún tiro libre más de la cuenta y con la sensación de que le sobraba algún kilo de más para el deporte profesional, ha mostrado un tesón de hierro y una capacidad de aprendizaje a la altura de los más grandes. Sin ser santo particular de mi devoción, lo conseguido por "el otro" de los Gasol es un auténtico cuento de hadas. 


De hecho, muchos, junto con Popovich, nos echamos las manos a la cabeza cuando Memphis pareció dispararse en el pie. Pau a los Lakers, una ecuación que dio como resultado tres viajes a las Finales de Hollywood. Por el otro lado, la ciudad de Elvis quedaba huérfana de uno de sus mejores jugadores, a cambio de muy poco sobre el papel... Sin embargo, la gerencia lograba con ello unos derechos que les permitirían elegir a Marc, El dorsal 33 no había demostrado aún nada en el campeonato más fiero, pero ya no era el mismo cascarón de huevo que algunos recordábamos... aquel tipo sabía dónde encaminar sus pasos y, si bien aún le quedaba para igualar el CV brillante de su hermano, tenía todas las herramientas y fuerza de voluntad para intentarlo. 




La experiencia en Girona fue básica para ese proceso. Pau es un icono en el Palau, alguien que, pese a que no le tuvimos todo lo que nos hubiera gustado, es sin duda uno de los astros más queridos que ha visto esa cancha azulgrana. A Marc no lo disfrutamos, se nos pasó ver su real potencial y aquel traslado fue necesario para su formación. Empezó a desarrollar muchos fundamentos, a mejorar hasta extremos insospechados su pase y lectura de juego... Poco a poco, iba cocinando la primera parte de los dos engranajes que los Grizzlies necesitaron para completar el vacío dejado por el primero de los Gasol. Lo que han hecho Marc y Zach Randolph en su franquicia es ponerlos en el mapa de los competitivos de verdad en Playoffs, casi nada. 




Por su lado, ET el Extraterreste, Andrés Montes dixit, necesitaba Chicago tanto como la ciudad del viento a él. Parece rejuvenecido y se ha olvidado de viejos problemas físicos para brindar topes de anotación y coquetear con récords que allí no se recuerdan desde que un tal Michael Jordan se divertía con Pippen y sus compinches. La conferencia Este ha sido balsámica tras ese matrimonio a la italiana tan especial que había tenido en California, un cuento de hadas, compartiendo puso con iconos de carácter tan especial como Phil Jackson, Derek Fisher o Kobe Bryant. Un final muy infeliz para una carrera maravillosa en Hollywood.

Y los dos hermanos disfrutaron del evento. Marc comenzó entonado, encarando sin ningún rubor al actual ala-pívot de los Bulls. Particularmente, una cómoda carrera a la contra para finalizar con un mate debió de saberle a gloria. Pau fue de menos a más, volviendo a mostrar su generosidad, incluso en un duelo de exhibición de estas características, sobresaliendo una excelente asistencia para Carmelo Anthony. El resultado y la estadística era lo de menos, habían logrado estar, dejando el pabellón del basket español muy alto, inmortalizando a su saga en los libros de los choques de las estrellas.




Un dulce arranque de curso tras ese extraño Mundobasket, donde una Francia que planteó unos cuartos de final perfectos para su estilo de juego, apeó a una de las mejores tripulaciones jamás embarcadas en el baloncesto peninsular. El viaje apurado de Marc para ver a su familia por una feliz noticia, acompañado de Pau, puso por primera vez dudas en la profesionalidad de una pareja que había sido puntal de lanza de una de las historias más hermosas vividas por el combinado. Nada se hubiera difundido de haber ganado, pero los Diaw y compañía les privaron del camino a las medallas y quedó un amargo sabor a unas expectativas muy fuertes creadas para ese campeonato.



Pero el evento en New York volvió a mostrar que no se puede blasfemar contra los iconos. Recordando mis reticencias con aquel primer Marc Gasol, leo con cautela las noticias del tercer hermano de la dinastía. "Será imposible que sobrepase a estos dos monstruos". Pero, con eso poder de acierto e intuición, me veo dentro de unos años escribiendo acerca de su debut en el choque de las estrellas. Probablemente, Marc y Pau seguirán rondado por allí también, ganando campeonatos y puliendo récords.




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