lunes, febrero 9


No podemos presumir de adivinos en este blog. Cuando iba a comenzar este año, nosotros nos preguntábamos si lo de los Lakers iba a ser tan caótico como se intuía. Interesaba mucho la enésima juventud de San Antonio, el nuevo rumbo de Lebron y cómo vivirían en Florida sin él. También estaría Durant, había que andarse con ojo con Marc Gasol y su impresionante evolución, el rumbo de Pau a Chicago, etc. ¿Y Golden State? Algún recuerdo de la calidad de Curry y gracias. ¿Y Atlanta? ¿Mande? En fin, lo dicho, menos mal que no hemos de ganarnos la vida cual Casandras. Mientras tanto, los Hawks han ido a la suya. Les ha costado, pero nos lo han metido en la cabeza tras una cincuentena de partidos de sudor, sacrificio y honestidad. 




David Carro ha diseccionado el milagro de esta franquicia del Este con precisión quirúrgica, en un espléndido artículo para el número 1433 de la revista Gigantes. Y eso que comenzaba pintándose un panorama desolador. Pocos abonados. Muchos años de decepciones (en el recuerdo aquella vez que pusieron las gónadas por corbata a los Celtics de 2008 y aquel año en que Lebron y sus Cavaliers les devolvieron a la realidad), un propietario con el don del antiguo dueño de loa Clippers para hacer comentarios controvertidos y muy poca fe en un futuro inmediato. Pero, a veces, la gente se enfada y trabaja. Eso ha instaurado Mike Budenhoolzer, técnico de los halcones, una paloma que aprendió de altos vuelos en la inagotable escuela de estrategas de Popovich. 



Por su lado, Paul Shirley, echándole gracia al asunto en su columna, se burlaba de cómo ahora todos queremos racionalizar el paso arrollador de Atlanta con teorías que no hubiéramos contemplado apenas hace unos meses. Hablaba de "el líder misterioso". Verdaderamente, tiene su encanto el nombre. Son los días de Millsap, Teague, Horford y la cohesionada compañía. No les habíamos considerado, ¿no es el momento de dejarles, cuanto menos, disfrutar de su éxito sin ponerles fecha de sesuda caducidad?


Junto con los aguerridos guerreros, los buenos muchachos. Hace ya algún tiempo, Kyle Korver era un tirador de muñeca fina y cara angelicalmente aniñada a quien su compañero en los Sixers, un tal Allen Iverson, animaba desde la banda en concursos de triples para el All Star. Ahora, en Atlanta, curtido y tras haber pasado por academias tan duras e instructivas como Utah, Korver vive uno de los momentos más dulces de su carrera, involucrado en una dinámica ganadora y destapando todo su potencial. El sitio adecuado y el momento justo. Tal vez esto explique lo de Atlanta, más allá de sesudas disertaciones.




Fue un triple de Kyle el que decidió aquel gran enfrentamiento con Memphis, uno de los conjuntos de moda en la NBA. Los Hawks necesitaban ese partido con aroma a Playoffs. En el banquillo, había un veterano curtido en mil batallas que había ayudado a Macedonia a dar uno de los campanazos de la historia del Eurobasket. Pero Antic, tatuajes y cara de perenne enfado incluida, se sacó 13 puntos, 3 rebotes y un tapón. Sobre todo, su ferocidad aceptando el reto de un bravísimo Marc Gasol, fueron las claves para el milagro cotidiano que están siendo estos gallitos del Este. Un nosotros, en plena guerra de egos y súper-estrellas.



Sefolosha o Dennis Schröder (qué gran noche a costa de mis queridos Mavs) son ese ejemplo de un estado de gracia que ya ha permitido a una grada que estaba inmersa en la abulia y la falta de fe, vuelve a levitar y creer que aquellos años de Dominique y sus mates tendrán continuidad. Hace ya demasiado de los vuelos del gran Nike y las asistencias de Doc Rivers. Los halcones se habían tornado palomas, pero ahora han crecido y son halcones. Todos saben cuál es la gran cacería.


Será en mayo. Allí es donde el pabellón de los halcones puede levitar o resucitar viejos fantasmas. Sienten que este quinteto y su espléndido banquillo están preparados, que no van a fracasar en ese momento tan mágico que se llama Playoffs. Harán falta heroicidades como la de Shelvin Mack, quien salió de la nada para el gran público, justo a tiempo para sustituir la baja de Jeff Teague, tomándose la revancha antes los Cavs de Lebron, quienes les habían humillado en el anterior encuentro.



En honor a la verdad, el año pasado ya demostraron mucho de ese poderío, pero aquí no les quisimos dar bola. Preferimos centrarnos en la crisis bipolar que estaban sufriendo los Indiana Pacers, en vez de pensar que aquellos Hawks sabían muy bien a dónde iban. Esa experiencia ante aquellos poderosos líderes del Este, debe ser la piedra angular para superar la primera roca que presente el camino. A partir de entonces, tras el esfuerzo, tocará soñar.



Habíamos pensado que la marcha de Josh Smith, gran jugador e indiscutible astro del campeonato, era otra puntilla al enésimo intento de reflotar el proyecto. Habíamos olvidado pensar en el concepto de equipo. Y eso es lo que está manejando Atlanta. Por eso, las palomas se convirtieron en palomas.



PRÓXIMA HOMENAJE: REPASO AL ALL STAR Y HOMENAJE A COACH SMITH
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