lunes, febrero 16

Chicos bien, moral alta, respeto al adversario. Un lema fácil de pronunciar, difícil de seguir. La frase era pronunciada por Ladislao Kubala, el primer gran jugador de la historia del Barcelona, el astro húngaro que, al convertirse en entrenador, popularizó este amistoso grito de guerra a sus pupilos. "Lazy", como era cariñosamente llamado, pertenecía a esa extraña raza de deportistas de los que hablaban bien compañeros y adversarios. Hoy, en North Carolina, pueden comprender perfectamente ese sentimiento. No lo harán solos. Falleció Den Smith, y eso implica que el mundo del baloncesto en general, y la NCAA en particular, acudan a brindar su tributo a una de las instituciones andantes de los banquillos norteamericanos.  





Unos talones de alquitrán que, en no pocos casos, han terminado siendo astros de la NBA. Un tal Michael Jordan anotó su primer gran tiro a las órdenes de Smith, una preciosa suspensión, la primera de muchas, que valió para vencer en una final al joven astro de Georgetown, nada menos que Patrick Ewing. Muchos años después de aquello, MJ, ya convertido en un icono mundial, seguía reservando sus momentos para hablar con el coach, ese hombre de cabellos plateados y aspecto venerable, uno de esos tipos que casi parecían incapaces de perder la sonrisa. 



"Lo único que sé es que Rasheed celebra un mate y ya le están pitando una técnica. Si alguna vez hubiera podido machacar el aro, yo también habría gritado de alegría". La frase fue pronunciada por Dean acerca de un joven y díscolo talento llamado Rasheed Wallace. Un hijo de Philly, un potencial bárbaro y una gran fuente de conflicto para los árbitros. El señor de las faltas técnicas de la NBA. Sin embargo, durante sus dos años con Smith, los roces con su superior fueron mínimos. Wallace acudió con gesto solemne al homenaje de aquel hombre que, en mitad de los festejos por otro título para los North Carolina Tar Heels, viajó hasta la ciudad del Amor Fraternal para hablar con una combativa madre soltera, Jackie Wallace, acerca de que quería entrenar a uno de sus hijos, de quien se decía era lo mejor que había salido allí desde la época de Wilt Chamberlain. 


En verdad, somos muy injustos al resumir tan ilustre trayectoria a su afabilidad y personalidad, pero, en el caso de Smith, las formas eran tan importante como el contenido. Un ejemplo perfecto lo dio en un duelo de altos voltajes: North Carolina versus Duke. Dos todoterrenos de las universidades en las canchas. A pesar de ser dos competidores natos, Mr. K y Dean Smith dieron una constante lección de caballerosidad. Rivales en la pista, donde los sistemas y bloqueos se ponían a prueba, todo terminaba siempre en un afectuoso reconocimiento y saludo, ganasen o perdieran. 



La cuestión ha alcanzado un nivel mediático acorde con la personalidad homenajeada en Estados Unidos, el propio presidente Obama dedicó unas reflexiones al impacto del longevo inquilino de la pizarra en Chape Hill. Afortunadamente, sus méritos le permitieron recibir muchos reconocimientos antes de que llegase la falta noticia. Por encima incluso de sus asiduas apariciones en la Final Four, destaca su incursión en el prestigioso Salón de la Fama. 



879 victorias dan para mucho, pero también se inserta en su palmares el brillo del oro olímpico, su paso por la selección nacional, una carrera entre un millón. Durante mucho tiempo, North Carolina y Dean Smith fueron la misma cosa, un sello, un foco de atracción de muchos talentos de todo el país, los cuales querían conocer a esa figura que encaminaba prometedoras trayectorias a las más altas cotas, favoreciendo el enriquecimiento personal. 


A nadie debería extrañarle la forma de volcarse de la NBA con su trayectoria, puesto que, si bien nunca entrenó a ninguna franquicia, fue el responsable de pulir muchos diamantes en bruto, los cuales terminaron por convertirse en personalidades de calibre All Star. Vaya una pequeña lista: James Worthy, Vince Carter, A. Jamison, Kenny Smith, Jerry Stackhouse, Sam Perkins... Y así podríamos seguir sin hacer excesivos esfuerzos de memoria. 




Siendo pragmáticos, 83 años dedicándose al deporte que más amaste, dejando una familia atrás y una gran cantidad de amigos por el camino, es para sentirse más que satisfecho. Nada mueve a la pena al mirar atrás en lo que ha dejado Smith a sus queridos muchachos de North Carolina. La pena es que estas cosas nos recuerdan que todo tiene un fin, incluso retirado, seguíamos diciendo: "Juegan contra los de Dean Smith". Igual pasaba con Red Auerbach en Boston, la identificación entre equipo y coach era absoluta e indisoluble. 




"Dean Smith era el retrato perfecto de lo que el baloncesto universitario debería ser"-Roy Williams, actual entrenador de North Carolina. 
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