lunes, marzo 2


EL DÍA D Y LA HORA H FUE BLANCA



Lo querían. Había pasado mucho tiempo desde que el Madrid encadenase de forma consecutiva primeras poles en el torneo del KO. Gran Canaria consagró un proyecto y dio tranquilidad a un entrenador cuestionado, pese al juego desplegado en estos años para entidad blanca. Fue un torneo bonito, intenso, donde se las vieron con todo tipo de rivales. Pero la final fue contra el eterno oponente, lo cual lo hizo aún más dulce para unos y amargos para otros. El bipolio volvió con todo merecimiento. Apenas hacía un días que eliminaban al sorprendente Joventut; ahora, dirigidos por la magistral batuta de Sergio el Chacho Rodríguez, el campeón copero defendió la vigencia de su trofeo, y lo hizo con brillantez. 




Se trató de una final disputada de igual a igual, con momento para cada una de las Némesis respectivas del otro. El Barcelona tuvo un instante de dominio en el segundo cuarto que no supo estirar. Los merengues amenazaron con irse en muchas ocasiones al final, pero siempre había alguna acción (triple mágico de un Navarro en su ocaso, pero que siempre puede sacar un conejo de la chistera, virtud a su talento) azulgrana que les permitía mantener la goma. Se mascaba la tensión. Tomic olía a MPV si ganaban los de Xavi Pascual, en el otro bando, los nominados eran más (momentos de Sergio, Rudy, etc.). 




Y también llegó la hora de los guerreros. Y allí, nadie se mueve mejor entre las señales de humo que Andrés Nocioni. Pocos como el argentino para jugar con el tobillo hecho pelota, luchando cada rebote, anotando sus triples. Le destacó Rudy, flamante MVP de la Copa, a veces, parece que no está, pero el Chapu es lo que todo aficionado quiere tener en sus barricadas. Junto con el colosal Gustavo Ayón (canasta psicológica para expirar el tercer cuarto) y los otros interiores blancos, como bien afirmaba mi amigo Klego, aquello fue convirtiéndose en una trinchera de tapones, algo que hizo pensárselo dos veces a los rivales a la hora de penetrar. 




Llegaba la hora de los valientes. Allí destacó Abrines, capaz de robar un balón que pudo ser muy valioso, sin miedo a jugarse tiros decisivos, hay descaro y arrojo en esta promesa culé. Por su lado, cuando todos los ánimos se crisparon, fue Sergio Rodríguez quien encontró el camino a la canasta cuando muchos defensores lo cerraban. Sobraron las declaraciones de Marcelinho Huertas sobre la labor arbitral, mientras que Xavi Pascual dio un ejemplo a su base de que hay que saber perder, más en un partido donde sus oponentes tuvieron ese punch decisivo en los minutos de la verdad. Pero antes, habían pasado muchas cosas.


CUESTIÓN DE TRADICIÓN


Algo así hubieran dicho en la magnífica El violinista en el tejado. El Unicaja había pasado con solvencia los cuartos, se presentaba con un juego que había dominando en la fase regular y tenía los suficientes elementos (Thomas, Granger, Vázquez...) para desbancar a un Barcelona raro, errático y con muchos problemas lejos del Palau. Pero los de Xavi Pascual llevan seis años llegando al último día del torneo del KO. Eso no se olvida, y a ello de puso un Tomic en su mejor momento en siglos.




Hasta ese grito de dominio del jugador croata, triples, muchos triples, los que se echaron en falta durante la final. Con una Gran Canaria luciendo sus mejores galas, los ocho participantes se consagraron en festivales anotadores que ayudaron al juego rápido y buscando a los tiradores. Algunas escuadras como el Pamesa Valencia dijeron adiós antes de lo que merecía su potencial, pero hablamos de apenas un fin de semana alargado, una lucha por ser el rey de la montaña que no entiende de malos días.



Quienes más sufrieron el papel de los tres puntos fueron los muchachos de Badalona, unos verdinegros que se plantaron en la antesala de la ansiada final. A pesar de los 16 triples (¡!) y el 100-83 del desenlace, el conjunto de Laso tuvo muy serias dificultades en la primera mitad ante el buen hacer de los de Maldonado, bien trabajados tácticamente y con mucha sed de victoria hasta que la avalancha blanca colocó la quinta marcha de velocidad.




Demond Mallet y Álex Suárez lideraron a un equipo joven y que siempre deja algo en la cancha, aunque Sergio Llull encontró su mejor partido en el momento justo para los intereses de los suyos. Las sensaciones debieron ser diferentes en los dos semifinalistas que rozaron estar en la tarde del domingo. Para el Unicaja (deben usar esta Copa como acicate para mantener su extraordinaria Liga) se escapó por oficio; la Penya debe pensar en el futuro inmediato, cimientos tienen.



Para el recuerdo quedaran las salvajadas de Savané, un jugador que siempre deja algún highlight para el recuerdo, una fuerza de la naturaleza que da gusto tener en la liga Endesa. Y es que no era nada fácil el reto que tuvieron este portento físico y sus compañeros ante los anfitriones, quienes siempre tienen en su feudo muchas victorias garantizadas, un lugar incómodo de jugar como visitante.




Entre los jovencitos, empieza a hablarse mucho y a otorgarse una cobertura mediática acorde con el talento de Kareem Queeley, quien se intuye como una joya para la cantera blanca, aunque prematuras comparaciones con Pippen puedan resultar odiosas. Como malévolo fue el emparejamiento para el CAI Zaragoza con el futuro campeón, También resultaron muy duros los maños, hasta el 30-15 del tercer cuarto, los cuartos estuvieron en un puño.



Sin todo un clásico como el Caja Laboral, muchas miradas al basket septentrional se centraron en el Bilbao Basket, el cual, conviene no olvidarlo, hace no tanto tiempo entraba con todo merecimiento en la final ACB. Los bilbaínos ofrecieron un choque trabado, duro y competido al Unicaja, el cual tuvo que hacer algo más que calentar motores coperos para salir indemne del trance.



No se puede pedir más. Espectáculo en la isla del tesoro. 
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