lunes, mayo 18

La que tanto se hizo esperar fue sublime




La definición es de Jordi Villacampa, mito del Joventut. Pero se aplica a la perfección a la sensación que tuvo ayer el Real Madrid, quien convirtió la capital en una fiesta, aunque, colores al margen, hay que reconocer que el domingo ganó el baloncesto. Fue la culminación de una apuesta, de un proyecto atractivo para el jugador y generoso con el espectador. "Debería yo dar las gracias a mis jugadores", afirmaba un Pablo Laso que sobrevivió a un verano muy tenso, donde se rumoreó que la Casa Blanca iba a inmolar uno de los mejores equipos que jamás han desplegado su talento por los aros de la liga Endesa. 






Ayer se midieron Real Madrid y Olympiacos con una hegemonía en juego. El equipo que más ha embobado estos tres años al televidente gourmet del basket contra las bestias del Pireo, ese conjunto irreductible, corajudo y solidario, capaces de llevarse dos milagrosas Euroligas. El duelo no defraudó desde el salto inicial. Los pupilos de Sfairopulos tenían bien aprendida la lección de Fenerbahce y salieron serios, concentrados y buscando muy bien a sus interiores. Pequeñas ventajas y tanteo bajo. Printezis y compañía disimulaban su sonrisa de: "Me encanta que los planes salgan bien"





Entonces, Laso miró al banquillo y sacó al hombre adecuado en el momento oportuno. "Al Olympiacos le pisas la cabeza una, dos y tres veces... y siempre se levanta". Frases de guerrero, de Cosa Nostra de la generación dorada de baloncesto argentino. Andrés Nocioni soñaba con este día desde que era un joven toro enrabietado para el TAU Cerámica. Su alma inundó la cancha y la entusiasta grada dio un paso al frente con él. Junto con Gustavo Ayón, los dos fichajes más acertados que se recuerdan, absolutamente determinantes en este torneo. 





Tapones a canasta que parecían inminentes, penetraciones sin ningún asomo de miedo, triples esquinados, gritos de aliento a sus compañeros, para evitar cualquier fantasma de las pasadas F4. El Chapu llevó en volandas a los suyos. Sin embargo, ¿cuántas veces no hemos visto al Oly levantar esas desventajas? Y Spanoulis no había aparecido. Peligro. Eso solamente significa que vendrá a matarte en la segunda mitad. Las espadas en todo lo alto. 




Guerras de trincheras, triunfos homéricos



El tercer cuarto siguió la tónica. El Madrid, pese a que Rudy estuvo muy bien defendido, siempre encontraba vías de anotación. Nocioni habló de que no se ganaba jugando lindo. Se mentía a sí mismo, que repase el partido y vuelva a verlo. El Real no llegó a los 100 puntos porque tenía en frente a la mejor defensa de la Hélade, pero nunca renunció a su estilo, a querer correr, a insuflar aliento a su grada. Quiero mucho al Chapu y a Ayón, pero sería una moraleja errónea decir que los blancos obtuvieron su noveno entorchado por mera testosterona; su carácter fue decisivo, pero es la apuesta de Laso y su staff técnico la que los ha llevado, de nuevo, a la élite continental. 




Y entonces volvían los últimos lacedemonios de mil batallas en el Peloponeso. Ese heterodoxo y absolutamente imprescindible genio que es Printezis, un Sloukas que se echó todo a la espalda, así como ese defensa de defensas que se apellida Dunston y tiene físico de NBA...Nada, que no se morían. Solamente hubo un fallo en ese constante orgullo... los tiros libres. El Madrid estuvo mucho más enchufado en esa faceta del juego, la cual explica muchas cosas. Por ahí empezó a resquebrajarse la, hasta ese momento, orgullosa muralla ateniense. 




Eso y, claro, Jaycee Carroll. Pongan el vídeo a grabar cuando este señor se levanta y cuadra para sacar su fusil. Uno de los supervivientes de la gran final de Londres tenía ganas de alcanzar una merecida redención. Raza blanca, tirador, serio, concentrado, crack. Hubiera podido jugar en los Utah Jazz de Jerry Sloan. El norteamericano pegó un derechazo en el momento en que el conjunto griego estaba recuperando el aliento. Cambió el tempo del partido y la Copa empezó a coger acento español. 





Llegó el último cuarto y Sfairopulos quiso que los suyos se encomendasen a su gran defensa. Lo que nadie esperaba es que Pablo Laso y los suyos hicieran lo mismo. El Madrid cogió la ventaja con su estilo y fue capaz de mantenerla con el sistema del del bicampeón de Euroligas. Y, a la hora señalada, Andrés Nocioni metió un triple de otra galaxia (te lo mereces, un tipo que nunca se esconde, ni en Japón ni en aquel duelo por el bronce ante Rusia), justo cuando podía empezar a pensarse que era un problema muy serio que Felipe Reyes tuviera 4 faltas personales. 




Dos genios malacostumbrados



El diablo de Larisa no está habituado a esto. En ese potro de tortura que es la Final Four, el escolta internacional se mueve como lo hacían los más grandes: Bodiroga, Saras, Dimantidis, Papaloukas, etc. Los merengues levitaban y alguien puede que le provocase, pero Spanoulis permitió a su cabeza desconectar por tres segundos y arrojarle un balonazo a Rudy Fernández. Acción infantil, gesto tan poco inteligente como ineficaz. Los dos se encararon por un momento. Ambos se parecen. Brillantes en su profesión, anotadores, emparejados con dos bellísimas mujeres, exitosos... A veces, saber ganar y perder exige una humanidad que el Olimpo en el que suelen repostar les enciega ante estas terrenalidades, pero que también importan, y mucho. 



Fue lo único que sobró, aunque eso lo borraremos cuando descarguemos el partido. Nos quedaremos con el abrazo final, cuando las neuronas volvieron a Vassilis, a quien, la afición del pabellón debe recordar por su recital ante el CSK, no por esa canallada impropia. Tampoco con el trash talking que denunció Maciulis (gran aportación en las sombras del lituano, igual que el triplista Rivers), harto de las provocaciones de un jugador de calibre MVP, pero, a veces, ensoberbecido. Lo mismo de lo que algunos rivales acusan a Fernández, uno de los posibles instigadores de esos momentos de "olés" (escasos, por suerte), con el partido ya decidido. 




Quien era todo sonrisas fue el Chacho Rodríguez, la barba más famosa, con permiso de Harden. Cómo nos hace disfrutar este base, incluso a los que somos de otros equipos. Sfairopulos felicitó a su enemigo, como no podía ser de otra forma. Es de chapeau lo de ambos entrenadores, incluyendo la divertida rueda de prensa previa a la finalísima. Laso ha madurado a la par que sus jugadores, hasta el punto de ser una auténtica piña. 



Una larga espera de 20 años, pero que tuvo un broche de oro. Lo mejor fue la manera de conseguirlo, incluyendo estos tres años de basket con aroma de otra época. Nada podía enturbiar el momentazo. Como muchos culés, no dude en escribir este mensaje a los amigos madridistas: "Felicidades. Hoy ha ganado también el baloncesto". 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 

















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