lunes, mayo 11

Estrellas en las Vegas-Focos en Los Ángeles


Fue una noche para el recuerdo. Muchos ojos se giraban aquella madrugada al cuadrilátero donde el pleito entre Pacquiao y Mayweather se iba a dirimir en el que fue llamada "combate del siglo" (qué bonita es esa etiqueta y cómo se amortiza para cualquier deporte). Sin embargo, las personas incondicionales de la NBA no podían evitar dedicar la mitad de su atención a California. Un séptimo. Por una vez, el vecino rico, los Lakers, lo veía en la tele. Los Ángeles Clippers habían confirmado su excelente estado de forma ganando un partido mortal en San Antonio. Ahora les quedaba lo más difícil, tumbar a los vigentes campeones. Pero contaban con el apoyo de una grada entusiasta. 



Ventaja que no tuvo en las Vegas el adinerado Mayweather, púgil excelso que no ha sabido conectar con la grada. Los asaltos fueron más tácticos (sobre todo a partir del octavo) de lo esperado, los jueces fueron más decisivos que los protagonistas, Pacquiao se entregaba con entusiasmo, Floyd calibraba con astucia y economizaba esfuerzos. Justo lo contrario de lo que pasó hace una semana en una grada acostumbrada últimamente a buenas temporadas regulares y disgustos en abril-mayo. Un buen amigo que de esto sabe me advertía que Doc Rivers estaba mentalizando a sus chicos de que aquest any sí. Cuánto han soñado californianos y texanos con ese Pelicans-Spurs que ha cambiado todo el cuadro del Far West, con un sistema de clasificación más que en entredicho tras el duelo más apasionante en primera ronda que recordamos en mucho tiempo.




El triunfo del boxeador estadounidense fue lógico para los puristas. Lanzó menos golpes y acertó más. Incluso un tipo tan al margen del bien y del mal como el campeón elogió la categoría de Pacquiao, quien, por su parte, se sintió ganador. Han sido enemigos íntimos en este bombo mediático de las últimas semanas, puro estilo Don King. Por su lado, la mejor serie de esta primera ronda encontró una dosis de suspense inesperada en Chris Paul. La lesión y molestias de CP3 hicieron aparecer todos los complejos de pasadas eliminaciones. El base cogió el toro por los cuernos cuando los incansables pupilos de Popovich más apretaron las clavijas. Todo un veterano en interpretar las señales de humo de su tribu, Matt Barnes, dio un paso al frente y prestó todas sus artes defensivas e intimidadora presencia para sacar petróleo de las jugadas que acontecían en las barricadas. 



Más allá del dolor


Lo reconoció Tim Duncan con la elegancia y lógica que ha marcado su brillante carrera. El mítico ala-pívot de las Islas Vírgenes vio la penetración de Chris Paul cuando penas quedaban unos segundos. El banquillo de los Clippers lo celebró con la rabia de la escuadra que llevaba mucho tiempo soñando con vivir un día así. Su propietario había llorado en Texas al forzar el sexto. Ahora, todo el Staples se le unió. Tras uno de los choques más bonitos que se recuerdan, Chris Paul olvidó el dolor de su lesión y dibujó una sonrisa a media California. 




No deja de ser curioso que por lo mismo, Pacquiao sea susceptible de una multa. El filipino, al igual que el norteamericano, se jugó el físico y salud para enriquecer muchos bolsillos, no solamente los suyos. Querer responsabilizarlo de ese exceso de celo es no meterse en la piel de un competidor nato. "Manudona" Ginóbili no hubiera tenido ningún problema en entenderlo. Cruzando los dedos porque no sea cierto, toda la NBA está pendiente de la decisión del mejor jugador argentino de todos los tiempos. Sonó a despedida, al acabar los partidos, Manu dice que le duele todo. Pero en la cancha sigue siendo ese jugador atípico, un mago con el esférico y uno de los tipos con más talento que han visto en El Álamo, y la grada Spur ha tenido muchos jugadores y muy buenos. 



Desde el principio, Parker y Paul pusieron velocidad a un choque que tuvo constantes cambios de marcador. Fue un festival para los gourmets de los aros, nadie dejó nada en el tintero. Solamente ha existido una cosa que ha enturbiado estos siete choques memorables: el temido hack a Jordan. Una táctica legal pero poco legítima. Una cosa es hacer una falta personal al tirador menos hábil del contrincante cuando quedan unas décimas de segundo. Otra es romper todo el ritmo del encuentro con constantes reiteraciones. Y lo peor es que se trata de un ardid que desmerece a los equipazos que la emplean. Los impresionantes Blazers de Mike Dunleavy en 2000 cayeron en esa tentación en ocasiones, cuando tenían un roster (Sabonis, Sheed, Grant, Pippen, Jermaine...) que no precisaba de esa obsesión. A San Antonio le ha ocurrido lo mismo, aunque, afortunadamente, el séptimo día será recordado por su maravillosa circulación de balón, antes que cualquier otra cosa. 


La más salvaje de todas las noblezas, la más noble de todas las salvajadas


Decía José Luis Garci, uno de los grandes seguidores del ring, que no se podía discutir con los detractores del boxeo: porque llevan razón. Probablemente, el cineasta español tuviera en mente filmes como Toro Salvaje o Million Dollard Baby, donde, más allá de la epicidad del choque (una que ya reconocían autores como Píndaro cuando escribían sobre los Juegos Olímpicos helenos), se muestra el deterioro físico y mental que sufren esos hombres y mujeres que salen esas noches frías a golpear y ser golpeados, en una clara reminiscencia de lo que eran aquellos efímeros dioses de la arena en la Roma antigua, mítica y sedienta de sangre. Pero, como diría el propio Garci, sigue siendo uno de los pocos deportes donde los dos contendientes acaban abrazados casi siempre. Así fue con campeón y aspirante la pasada semana. De igual forma, aconteció aquella madrugada donde San Antonio y Clippers honraron a la NBA. 




Ganase quien ganase, era justo. Perdiera quien perdiera, sería una pena. Doc Rivers bromeaba: "¿En serio que esto es la primera ronda?", nadie se lo podía creer. El bienhumorado técnico (aunque sus quejas a los árbitros le costaron una multa por parte del Comisionado, marcando esta política de los últimos años donde nadie debe salirse de lo políticamente correcto) ha brindado una partida de ajedrez con el maestro Popovich. Uno y otro han demostrado ser extraordinarios en los ajustes. Tras la exhibición de Blake Griffin y sus mates de concurso, los texanos inventaron fórmulas para vencer hasta dos veces a domicilio. Por su lado, el antiguo base de Atlanta logró liderar en la pizarra a los suyos para el séptimo, recuperando para la causa a nombres como G. "Big Baby" Davis, quien, sin la batuta del buen doctor, baja muchos enteros en sus interesantes prestaciones en la pista. 



El único gran enigma fue K. Leonard. El MVP de las pasadas Finales es tan buen, tan rematadamente excelso jugando, que una buena serie como la que ha firmado nos ha sabido a poco. Con la juventud que tiene y la excelente franquicia que le gestiona, este varapalo debe ser un acicate, porque le quedan aún muchas cosas por ganar. Pero, hoy es el día de aplaudir a unos Clippers que han demostrado que los finales made in Hollywood no son exclusivamente patrimonio de los de púrpura y oro. 



Lo hicieron por Griffin, Turkoglu, Davis, Barnes, Jordan, Redick... y por ese genio llamado Chris Paul. 




pd: Como verán, poco crédito se le ha dado en el blog a la famosa fiesta tras la eliminación de San Antonio. Y es que, estos modernos Laforce de la liga se han ganado una noche de descanso del guerrero. Si la actitud en el Staples hubiera sido mala o algún miembro de la plantilla hubiera dejado que desear en intensidad, sería comprensible cualquier crítica. Pero, financiada por el propio Popovich en persona, solamente se puede decir que, en la NBA actual, únicamente San Antonio puede darse el lujo de ser unos caballeros en la derrota e irse a celebrarlo como lo que son, un equipo. Que les perdonen los incondicionales de los Spurs y les inviten a esa ronda. Les han dado muchas alegrías. 


FOTOGRAFÍAS Y ENLACES: 







http://www.sportsonearth.com/article/122046220/clippers-spurs-game-7-chris-paul-tim-duncan-blake-griffin-last-second-shot




http://www.newsobserver.com/sports/article20119053.html
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