miércoles, mayo 13

¿Venganza? No, redención



"A ellos no les valen las excusas, como a nosotros tampoco hace dos años". Lionel Messi no se caracteriza por hablar mucho fuera del terreno de juego. Sin embargo, tatuaje incluido, el jugador argentino quiso hacer declaraciones antes de unas semifinales históricas que su Barcelona iba a disputar frente al poderoso Bayern de Múnich, dirigido por Pep Guardiola, el ex técnico más exitoso del club blaugrana. El dorsal 10 de la albiceleste tenía aún fresca aquella eliminatoria de hacía dos años, donde el conjunto bávaro de Heynckes apisonó a un Barcelona en plena re-estructuración, con el añorado Tito Vilanova intentando recuperarse de su enfermedad y el propio Messi en bajo estado de forma. 




Fue algo más que una eliminación. Contra el Bayern siempre cabe la posibilidad de perder por su calidad, pero aquel correctivo (7-0 global de la eliminatoria) sería catalogado (al fin, tras años vaticinándose en muchos medios) como verdadero fin de ciclo. Ironías de la vida, aquello parecía dar la razón a un Guardiola coleccionista de títulos que había abandonado el equipo de toda su vida por motivos personales y sentir que su excelente camada de pupilos ya había tocado techo. Pero Leo y cía habían esperado mucho tiempo para vivir aquellos 15 minutos mágicos en el Camp Nou. No eran cuentas pendientes con su anterior verdugo, se trataba de la octava final de Champions y la confirmación de que volvían a la élite continental. 




Es injusto resumir un choque de titanes en menos de quince minutos. Antes del showtime de Messi, vimos de todo. Neuer confirmándose como un cancerbero de videojuego al sacar un balón imposible a Luis Suárez. Guardiola buscó desactivar a Sergio Busquets, manteniendo bien plantado a su club, a pesar de bajas tan sensibles como Robben y Ribery, entre otros. Por su lado, los de Luis Enrique mantuvieron su estilo, aunque dieron un poco de posesión (herejía arriana en los tiempos de mayor esplendor del guardiolismo). Entonces llegó un latigazo que tumbó, al fin, la muralla del portero titula de la selección alemana, vigente campeón del mundo. Pep resoplaba en la banda, aquello había condicionado todo cara a la vuelta. Pero habría más. 


No hay que volver a los sitios donde uno fue muy feliz

Fue un pase de un Rakitic, quien ha estado de menos a más todo el año. El 1-0 podía dar tentaciones de conservadurismo a poco del final, pero no es ni estilo de Barça ni Bayern el ser precavidos. Messi la acarició y justificó la intuición de un Ángel Cappa que había insistido en viajar a la Ciudad Condal para narrar el partido en directo, consciente del espectáculo que ofrecía aquel miércoles de Champions. La Pulga logró lo imposible, poner la velocidad suficiente tras estar en estático para tumbar a un, hasta entonces impecable, Boateng (quien ha contestado con elegancia e inteligencia a los maliciosos chistes sobre él en redes sociales). Un regate digno del mejor Romário, que aún tendría un último toque, una vaselina sutil ante uno de los mejores guardametas del mundo, ante la atenta mirada de un Joachim Löw que el verano pasado pidió a Mario Götze que demostrase que era mejor que el ganador de 4 Balones de Oro. 




Era un final amargo para una noche extraña de un hijo prodigo que volvió a una casa que es la suya. La grada fue muy pícara y lista. Sabedora de que a un visitante tan incómodo como el Bayern necesita muy poco para aprovechar las ventajas, no dio ni un guiño a Guardiola, volcada en apoyar a su equipo, sin ninguna distracción. Sin embargo, el de Santpedor está destinado a retornar a dicha cancha para recibir los honores que merece, como ya se ha hecho con Ronaldinho y Eto´o (y está pendiente aún la del gran Frank Rijkaard). Volcado en buscar un 2-1 que reabriese la serie, los alemanes dejaron un huevo que Messi, con el toque de Diego a Burruchaga, aprovechó para dejar solo a un Neymar que se olvidó de las piscinas para hacer lo que mejor hace, poner su mágico sprint y lograr un tercer tanto que desató la locura. 




Volcado en una liga donde no puede bajar la guardia ante la caza de un Madrid con la quinta marcha, el Barça celebró y tuvo que pensar en un partido trampa contra una competitiva Real Sociedad. Por su lado, con la Bundesliga ganada desde hace mucho tiempo, los de Múnich tuvieron demasiados descansos para hablar. Igual que el Barcelona con Cruyff, el Bayern tiene la gran suerte de contar con un mito de la altura de Franz Beckenbauer; así como acontece con El Holandés Volador, eso también lleva, en ocasiones, a pontificados y declaraciones un tanto inoportunas de dos iconos que están de vuelta de todo. Las críticas del Káiser (campeón como jugador, entrenador y directivo) y los aspavientos de Müller en su cambio, reflejaban unas disidencias que son contraproducentes antes de las operaciones remontada. 


Ich bin ein Berliner


Berlín pasaba por Múnich. Con el ejemplo de lo que le había pasado a un buen equipo como el Oporto con una cómoda ventaja, Luis Enrique y su staff técnico iban prevenidos de lo que les aguardaba en el magnífico Allianz Arena. Benatia tardó apenas 6 minutos en perforar la meta culé, con un certero cabezazo. Un montón de gargantes empezaron a tronar, sin embargo, los visitantes tiraron de oficio. El Bayern apelaba a la épica y estiraba sus líneas. Aguardaron con calma y, dando la razón a un Guardiola, firmaron un contra-ataque espléndido pocos minutos después, donde Luis Suárez dio una exhibición de generosidad para que Neymar únicamente tuviera que empujarla. 




Fue un jarro de agua fría. El 1-2, nuevamente de un Neymar en su mejor versión, liquidó la eliminatoria, pero no el partido. El Bayern tiró de orgullo y fuerza, un día donde Ter Stegen hizo varias intervenciones de calidad, ante un ataque en tromba, con Müller, Lewandowski y Xabi Alonso sucediéndose en disparos, centros y arremetidas. Un orgullo que le faltó al Barcelona dos años atrás (0-3 en el Camp Nou), un amargo recuerdo que se tornó una lección para impedir que esa exhibición de casta fuera eso, simplemente. 



Todo quedaba cerrado, cicatrizando una de las derrotas más duras de los últimos años para los culés. El Bayern dio la cara y se sigue intuyendo como candidato de próximas temporadas, si bien Borussia y Barça le han privado en esta ocasión de títulos coperos. Un triunfo que perfila no solamente a Messi en su aura de antaño, sino que revindica un proyecto y una plantilla recuperada. Queda saber si será Real Madrid o Juve el compañero de juegos en Berlín. Cualquiera de los dos será un rival temible. Como Manchester, PSG y Bayern. Pero este Barcelona ha demostrado saber competir. 

FOTOGRAFÍAS Y ENLACES: 













Publicar un comentario en la entrada