lunes, julio 6

Hay un viejo dicho en el póker. No se trata de quejarse de las cartas que tienes en la mano, sino de determinar qué hacer con ellas. A estas alturas del año pasado, Pablo Laso estaba en el punto de mira de todo el entorno mediático del Real Madrid. Expulsado en el cuarto partido del Palau Blaugrana, su lesión en el tendón de Aquiles agravó la imagen del técnico, sacado por sus ayudantes de una derrota que certificaba que el excelente juego merengue de todo el año iba a acabar "solo" con una Copa del Rey. Era el momento de romper la baraja para muchos. Pero, que den gracias los madridistas, hubo voces que se lo tomaron con calma. 



Más allá del dolor de la ausencia del éxito, sendas finales perdidas tenían su explicación. Tyrese Rice había jugado como muy poca gente podía hacerlo en la Final Four de Milán. El Maccabi Tel Aviv había, en un partido casi perfecto de la pizarra de Blatt, precisado de una prórroga y a su MVP al 100% de su capacidad para abatir a la escuadra más vistosa de las canchas del Viejo Continente. En Liga, el Barcelona precisó de una metamorfosis brutal de la pésima imagen dada en Italia frente al Real, aprovechando también admirablemente las disidencias entre Pablo Laso con algunas estrellas como Mirotic. Y esa ha sido la primera clave del póker, un divorcio que benefició a ambas partes. 



Mirotic ha disfrutado de un gran año en Chicago Bulls, es un novato NBA de increíble proyección y en una franquicia puntera. El Madrid, por su lado, ha encontrado más recursos y figuras como el eterno Felipe Reyes se han revindicado. Añadidos como Rivers (sus triples han sido una daga constante para los esforzados oponentes) han podido lucir más en un juego de bloque, impuesto con sabiduría por Sergio el Chacho Rodríguez, mago a quien empieza costar encontrar adjetivos calificativos. Su canasta desde su casa en el mejor momento del Barcelona en el Palau tuvo una hondura psicológica que no puede ser subestimada. 


Conviene detenerse en ese punto. La mentalidad. Este Madrid ha sido un pelín menos efectista que los últimos tres años, pero no se ha debido tanto a un cambio de estilo como una gestión de esfuerzos. Los blancos eran conscientes de que en mayo y junio se determinan las guerras y se ponen las notas. Han aguardado. Le importaba poco al staff técnico que Andrés Nocioni tardase en encontrar acomodo. A él lo habían contratado para la F4 en la capital española y los Playoffs. Su Big Three con Ayón y Reyes ha sido la de tres guerrilleros bajo tableros, nunca exentos de clase. Solamente el Valencia logró equilibrar la balanza de coraje. Es decir, por primera vez, el Real tenía artistas que lo seguían siendo, pero Laso lograba añadir a su mazo original (sin renunciar a él, porque el sello lo ponen Rodríguez, Llull, Carroll y Rudy) lo que faltaba antes. 



Una lástima que los asistentes del técnico español, a quien tanto debe el cambio de una sección que naufragaba en el estrés postraumático de la era Messina (magnífico técnico de mal rendimiento en Madrid), fueron los chivos expiatorios que salvaron la cabeza de Laso. Con todo, ellos también merecen ser citados como "culpables" de estos cuatro títulos. No menos que esos ojeadores de Estudiantes y preparadores que la casa blanca ha sabido captar con mucha inteligencia. Alberto Herreros jamás fue tonto en la cancha, fuera de ella, se maneja igual de bien en los despachos. 




Todos hemos mordido el anzuelo este curso. El Madrid era menos favorito, pero estaba en los quinielas. Han ido más relajados. Les ha salido a pedir de boca. Su Copa del Rey, ganada en una épica final frente al Barcelona, fue lograda con el esfuerzo que exige tomarse con calma los siguientes compromisos. Se supo aguantar la embestida al liderato del Unicaja (qué prometedor inicio de los de Plaza, qué cansancio al final), logrando robar la ventaja de campo en todas las series cuando contaba. Así ha sido este año la estrategia de uno de los mejores equipos de la última década en Europa, ser importantes cuando cuenta, estar en el escaparate el día que se abre la tienda.


Las únicas dudas que se otean en el horizonte son los cantos de sirena que llegarán a algunos de sus baluartes. Sergio Llull, quien prácticamente aniquiló cualquier esperanza del Barcelona el segundo día de la Final, y Houston parecían tener cuentas pendientes, pero, acabadas las finales, el jugador confirmó que seguiría en el equipo donde ha explotado. De igual forma, Felipe Reyes se niega aún irreductible a poner el broche de oro a su trayectoria. Seguirá dos años más, respiran los tableros madridistas, sudor frío en los rivales para la captura de rebotes.



Ahora, igual que antaño había ocurrido con escuadras como Olympiacos o Barcelona, serán ellos la referencia. El campeón brasileño quiere medirse al Real Madrid, la NBA querrá llevar sus giras allí, escuadras como Fenerbace o Maccabi planificarán sus rutas en Euroliga teniéndoles como parada obligatoria en el camino. ¿Algún debe? La mala adaptación de Campazzo, pero poca cosa más. El incendio del verano pasado ha terminado y no ha sido ningún farol, las promesas de Londres y la Lombardía se han cumplido.



Éxito que también avala a tipos que generan química en el vestuario como Mejri o Slaughter, quienes parecen sentir el escudo como pocos. Ingredientes imprescindibles para hacer un póker que el resto de aficionados solamente podemos ver con envidia. No sé si impresiona más la cantidad de títulos obtenidos o la forma en la que los han logrado. Felicidades.



PRÓXIMA SEMANA: LAS MUERES SABIAS (II PARTE, EL BRONCE MÁS DULCE): 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://www.marca.com/2015/05/13/baloncesto/final-four/1431502703.html



http://www.mundodeportivo.com/baloncesto/euroliga/20150414/102833146185/carroll-mejor-ganar-en-tres-que-en-cinco-partidos.html



http://elprogreso.galiciae.com/noticia/408088/el-real-madrid-se-corona-con-la


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