lunes, agosto 31

"Ningún dolor más grande

que acordarse del tiempo dichoso 

en la desgracia; y tu guía lo sabe."

-Dante Alighieri. (La Divina Comedia. Canto V, versos 121 al 123).


Agosto suele ser un mes intenso para las selecciones de baloncesto. Mientras otros descansan, es el momento en que los combinados internacionales se miden en apasionantes duelos. Volvemos a estar en ello, ansiosos por el comienzo de este Eurobasket. Sin embargo, el epílogo estival trae también a los aficionados el sabor de viejas batallas, esos duelos que vieron al alba o de madrugada, por internet o en la comodidad de la televisión junto al sofá de su casa. Con todo, pocos agostos me resultan más agridulces que el producido en los Juegos Olímpicos de 2004, donde Atenas presenció el auge y la caída de nuevos dioses. 



La cita en la capital helena vivió no pocas ironías. La España comandada por Mario Pesquera hizo una primera fase brillante, justo para recibir la "recompensa" de medirse a Estados Unidos en cuartos de final y quedar apeados por el iluminado día de Stephon Marbury desde la línea de tres puntos. El conjunto norteamericano, comandado por Larry Brown, vivió una pesadilla en un torneo irregular. Si bien contaban con nombres como Tim Duncan o Allen Iverson, no supieron funcionar como equipo salvo con intermitencias, siendo batidos hasta en tres ocasiones en dicha Olimpiada, afrenta casi nacional para un país tan orgulloso de su rendimiento bajo los aros. Pero es que, si bien nos fascinaban sus nombres, muchos pensábamos que el verdadero Dream Team de aquella competición se llamaba Lietuva. 



Lituania había ido creciendo ante los ojos de público y medios como un proyecto cada vez más sólido. Las nuevas generaciones tras aquel genio llamado Arvydas Sabonis recogieron el testigo con una brillante participación en Sydney 2000, con un bronce que supo a gloria, puesto que se obtuvo dicho objetivo perdiendo de apenas dos puntos contra USA en semifinales, teniendo la última posesión, además de obtener el metal ante la mismísima anfitriona, Australia. Ya en el europeo de 2003, comandados por un Sarunas Jasikevicius en la plenitud de su juego ofensivo, los bálticos obtuvieron el oro en un torneo inmaculado, logrando vencer en la final a una España que ya contaba con talentos como Pau Gasol o Juan Carlos Navarro.



El conjunto báltico presentaba jugadores que habían captado la atención de la mismísima NBA. Arvydas Macigauskas era un escolta en plenitud de sus facultades, el cual había hecho méritos para resultar indispensable en las peticiones del ambicioso Tau Cerámica de José Antonio Querejeta. Por su lado, Saulius Stombergas era una máquina de anotación y jugar con eficacia, en 2004 se hallaba en el pico más alto de su trayectoria. Sin querer alargar más la nómina, decir que Ramûnas Siskauskas era comparado con los expertos como una especie de Scottie Pippen europeo. Una orquesta con todos los instrumentos y los mejores músicos posibles. 



Los lituanos tardaron poco en mostrar su candidatura al oro. Abatieron a los mismísimos Estados Unidos, en una jornada donde Jasikevicius vivió unos momentos mágicos que se inmortalizaron en el 3+1 que logró frente a Lamar Odom. Incluso la anfitriona Grecia, comandada por Papaloukas, pudo hacer poco ante semejante torbellino de anotación. La defensa zonal de Antanas Sireika no era la de los Bad Boys de Detroit, pero la fluidez en ataque de su pizarra garantizaba exhibiciones. Por momentos, los verdes volaban en pista, siendo un muy mal negocio mandarlos a la línea de tiros libres por sus espléndidos porcentajes en tales lides. 



Yao Ming, colosal pívot de China, no pudo evitar quedar apeado en los cuartos de final ante los campeones de Europa, quienes se medirían a Italia en las semifinales. Los transalpinos habían tenido una andadura incierta. Habían logrado machadas como apabullar a USA en un partido amistoso, pero su fase de grupos resultó accidentada y con derrotas. Habían logrado dejar en la cuneta a la sorprendente Puerto Rico de un gran Carlos Arroyo, pero no pocos dudaban de que Lituania era el gran candidato para medirse a Argentina en la final. De todos los supervivientes del torneo, se trataba de la única selección invicta. 



Pero, como la maravillosa canarinha de 1982 podía atestiguar, la azzurra la peor pareja de baile en estas lides, especialmente si vienen tocados. Carlo Recalcati era un técnico muy astuto que supo poner piel de cordero a sus lobos. Lituania comenzó como siempre, apabullante y con una gran flexibilidad de su juego exterior. Por dentro, hombres como Lavrinovic ponían corazón y alma. Pero los transalpinos no iban a bajar los brazos, hicieron la goma y esperaron la oportunidad que tardó poco en llegarles. Concretamente, en el segundo cuarto. 



Individuo por individuo, aquella Italia no estaba nada exenta de talento. Gianluca Basile era uno de los tiradores de más perfecta mecánica en aquel torneo. Más allá de su cara aniñada, Massimo Bulleri era un jugador harto de ser actor protagonista en partidos importantes de Euroliga. Otro tanto podía decirse de un Marconato que se sabía todas las artimañas existentes en la lucha por el rebote. Y, ante todo, eran un equipo. Nadie ejemplificaba mejor aquello que Gianmarco Pozzecco, quien gozaba de la confianza de Recalcati y ponía toda la carne en el asador en una cancha. 



Con la sapiencia del boxeador inteligente, los italianos fueron dando estocadas a la autoconfianza de Lituania. Stombergas se puso en problemas de faltas, se cerraba cualquier rebote ofensivo fácil, se imponía un ritmo físico al partido, etc. Pequeños disparos que iban abriendo la armadura báltica. Un triple de Pozzecco igualaba la contienda y los suyos terminaron yéndose arriba por escaso margen antes del descanso. Justo lo que Recalcati quería. Los lituanos eran los favoritos y ahora tenían toda la presión del mundo sobre sus hombros. 


Giacomo Galanda y su festival de tiro exterior, acompañado de su emotivo puño apretado en cada celebración ejemplificaron la revolución que estaba aconteciendo ante la perplejidad del pabellón. Al final del tercer cuarto, los lituanos estaban groggy y sin encontrar respuesta de sus figuras, 10 abajo. Como si nada, la maquinaria de Sireika remontó en pocos minutos lo que sus oponentes habían trazado minuciosamente en el resto del encuentro. Una canasta milagrosa de Stombergas disparaba a Lietuva, mientras la azzurra hacía lo que siempre debe recomendarse a un equipo al que están remontando: no perder los nervios y seguir haciendo aquellas cosas que te habían funcionado ese día. 



El hermoso intercambio de golpes duró hasta que quedaban menos de tres minutos, con todo igualado, el talento de Basile empezó a decantar la balanza. Agazapado en la posesión y esperando,  la pelota traviesa dudando entre un lado y otro, mas sería Gianluca quien fusiló buena parte de los sueños del Dream Team báltico. A los lituanos les quedaba su mago, el hombre que siempre estaba allí cuando hacía falta, pero ese último cuarto sería infernal para Saras, quien no supo adaptarse al juego de contacto de sus marcadores, expertos en el arte de entorpecer pases y desviarlos. Reclamando constantemente faltas (algunas más que evidentes, todo sea dicho) no pitadas, Recalcati suspiraba tranquilo. Jasikevicius enfrentándose a los colegiados era mucho menos aterrador que dirigiendo a los Songalia y compañía frente a su defensa. 



Con corazón, Lietuva siguió remando para ver lo inevitable, que Italia había hecho su mejor encuentro en el momento más decisivo. La dolorosa derrota se agravaba porque en una versión muy reducida de lo que sabían hacer, habían estado a punto de pasar a la final contra unos italianos infalibles. Ninguna de las selecciones conocería de nuevo el triunfo en aquella Olimpiada. Argentina superó a Basile y compañía por el oro, mientras que los Estados Unidos ganaban con mucho trabajo un disputado bronce. 



Años después, en la segunda fase de grupos del Eurobasket 2007 de España, Sarunas Jasikevicius daba pequeños botes a mitad de pista, justo hasta escuchar el silbato que marcaba el final del encuentro y la pírrica victoria de una Lituania que seguía su camino al medallero (alcanzarían un meritorio bronce con graves problemas de lesionados). ¿El rival que les había complicado tanto aquel día? Italia, por supuesto. Saras hizo rebotar el balón con violencia en mitad de pista hasta hacerlo volar. Era algo más que una celebración, se trataba de un exorcismo. A buen seguro, recordaba aquella jornada de Atenas, ese sueño de llevar el primer oro olímpico a un país que respira basket. 



Como no podía ser menos, ambos combinados terminaron abrazados. Habían vuelto a bailar juntos al borde del abismo. 



FOTOGRAFÍA EXTRAÍDA DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



https://pippenyjordan.files.wordpress.com/2014/09/8.jpg



http://www.gettyimages.es/detail/fotograf%C3%ADa-de-noticias/emanuel-david-ginobili-and-ruben-wolkowyski-of-fotograf%C3%ADa-de-noticias/51227639



http://www.gettyimages.lu/detail/news-photo/italys-denis-marconato-and-team-mate-massimo-bulleri-try-to-news-photo/51228206



http://www.tifosibianconeri.com/forum/topic/131112-basket-gianluca-basile/



VÍDEOS DE INTERÉS:



LITUANIA-ITALIA (EUROBASKET 2007)



ITALIA-LITUANIA (SEMIFINALES ATENAS 2004)



POZZECCO RACCONTA

Publicar un comentario en la entrada