lunes, noviembre 2

A veces, Kevin Garnett no cae todo lo bien que debería. Súper-estrella con mayúsculas de la NBA, competidor increíble, su explosivo carácter le ha granjeado el odio de algunos rivales y comentaristas, aunque sospecho que entre los aficionados el veredicto es claro: el ala-pívot de los Wolves tiene pellizco y alma cuando salta a una cancha de baloncesto. Lo ha demostrado muchas veces. La pasada semana lo confirmó fuera del pabellón, con una emotiva fotografía donde rendía tributo a un entrenador y, mucho más importante, a un amigo: Flip Saunders. Apenas 60 años de edad, maldito cáncer, una de las plagas de nuestro siglo. 



Retrocedamos en el tiempo varios años. Campaña 2004/05. Tras haber sido finalistas de conferencia Oeste el año anterior, Los Minnesota Timberwolves son uno de los favoritos al anillo. El año es terriblemente decepcionante. La plantilla pierde la química, no se renueva a jugadores clave y Garnett, en una emotiva entrevista a TNT, no duda en mostrarse con lágrimas en los ojos por 365 días de pesadilla deportiva. Uno de los más señalados es Flip Saunders, el entrenador que había hecho crecer a la franquicia. Garnett, interrogado por la noticia, no duda en lanzar una sentencia: "Por Flip iría a una guerra"



Era una visceral respuesta a una relación que fue más allá de ganar o perder un encuentro. Cuando aterrizó desde el instituto, la revista Sports Illustrated hizo una portada con un espigado y fibroso muchacho que sostenía tímido un balón de basket: "Ready or not...". Pero el chico estaba preparado. Eso lo notó de inmediato Saunders cuando lo cogió bajo su batuta. Los Wolves eran una escuadra joven y que acogieron aquel proyecto de crack como agua de mayo. Saunders, quien no solía descuidar la faceta personal, afirmó: "El chico cumple todas las expectativas. Pero hay que controlarse. A veces, tengo que frenarme y pensar que le estamos colocando demasiado peso encima de sus hombros"



Tras Kevin Garnett y los Wolves, llegó la gran oportunidad de Saunders como entrenador. Campaña 2005/06, Detroit Pistons. Un vestuario que daba miedo nada más entrar. Chauncey Billups, RIP Hamilton, Taysaun Prince, Rasheed Wallace y Ben Wallace. Un quinteto que el Palace se sabía de memoria y que había hecho el doctorado con un maestro como Larry Brown. "Muchos otros entrenadores se hubieran contentado con dejar las cosas como estaban. Pero Saunders trajo sus sistemas y aprendimos mucho de él; él también de nosotros", recordaba Big Ben Wallace. Durante varios meses, fue el mejor basket que los seguidores de la Ciudad del Motor hemos podido disfrutar. 



Era la primera vez que el vocacional técnico se alejaba de su querida Minnesota (tiene todavía varios récords en la universidad de dicho estado) y no pudo empezar con mejor pie. Los Pistons coquetearon con el récord de 72-10 de los Chicago Bulls de Michael Jordan, fueron campeones de su división y primera plaza de la Liga. Sin embargo, la genial puesta a punto que Pat Riley hizo de los Miami Heat, la inesperada lesión en el tobillo de Sheed y los coqueteos de Ben Wallace con fichar por otro equipo provocaron que la segunda generación de Bad Boys se quedasen a dos victorias de ir a por sus sus terceras Finales consecutivas. 



Detroit siguió en la élite, pero aquel 2006 fue la gran oportunidad de Saunders de luchar por el anillo en la última estación. La marcha de Big Ben, la lesión de Chris Webber, la grandeza de Lebron James y, paradojas de la vida, su gran amigo Garnett (convertido en el estandarte del Big Three de los Celtics) le cerraron las puertas del título a unos Pistons que siguieron siendo referencia, tanto por sus magníficos jugadores como por su míster. Andrés Montes, con la labia que le caracterizaba, hablaba de "cortefiel" Saunders, por lo elegante de las maneras del técnico y sus buenos modales ante la prensa. 



Tras su etapa en Washington, Flip tomó rumbo a Minnesota, puesto que siempre es muy grato volver a casa. Allí, como amantes del baket español, le estaremos eternamente agradecidos por la confianza que depositó en Ricky Rubio, incluyendo la fase de su lesión, amparando siempre al creativo y talentoso base. Como no podía ser menos, Rubio agradeció al fallecido como había sido su principal valedor y defensor en aquellos momentos de adaptación. Su partidazo en el Staples iba con dedicatoria. 



Tristemente, a muchos nos ha venido a la mente otro día negro en el Metrodome, la muerte por accidente de tráfico de Malik Sealey, uno de los mejores amigos de Kevin Garnett. Aunque por circunstancias distintas, ambas desapariciones dejan el amargo sinsabor de una despedida antes de tiempo. Un recordatorio de nuestra fragilidad y de que en mundos tan hiperbólicos como el del deporte profesional, bien nos iría recordar lo que realmente importa. Gracias a su excelente labor como técnico, la noticia de Saunders tiene eco, aprovechemos ese efecto para honrar su memoria y recordar a la gran cantidad de personas que fallecen por esa maldita enfermedad en el anonimato. 



Por último, un recuerdo del carácter afable que siempre caracterizó a nuestro protagonista. Durante tres años, dirigió a uno de los más geniales y temperamentales Pistons de todos los tiempos, Rasheed Wallace. Tras todo un verano de rumores sobre supuestas peleas verbales entre el ala-pívot explosivo y el educado técnico, cortefiel sorprendió en una época de respuestas insulsas y políticamente correctas ante los micrófonos. "Sí, he tenido y tendré problemas con Sheed. Él es muy pasional y muy inteligente, a veces, demasiado para su propio bien. Pero sé que al día siguiente no habrá problemas entre nosotros". Genio y figura, el maestro Sanders. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 






http://www2.ljworld.com/photos/2005/nov/01/



http://www.eurosport.es/baloncesto/nba/2015-2016/fallece-flip-saunders-entrenador-de-los-timberwolves-de-ricky-rubio_sto4965723/story.shtml
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