lunes, noviembre 9


Don Nelson acudió a aquella rueda de prensa con semblante preocupado. El experimentado técnico de los Dallas Mavericks, vigentes finalistas del Oeste, había visto a Cuatro Jinetes del Apocalipsis arrasar a sus muchachos (que incluían luminarias como Steve Nash, Michael Finley o Dirk Nowitzki) en el Staples Center. Nelson afirmó que, aunque pareciera imposible, los Ángeles Lakers de Phil Jackson habían mejorado. Al dúo mortífero (Kobe Bryant y Shaquille O´Neal) se le habían unido dos veteranos con ribetes de Hall of Fame: Gary Payton y Karl Malone. Corría el curso baloncestístico 2003/04. 



A pesar de aquel glamour, se rumoreaba en los mentideros californianos que la química del vestuario estaba en el alambre. Solamente el manejo psicológico del Maestro Zen de los complicados egos de Kobe y Shaq, junto con una inteligente política de adquisición de jugadores experimentados (Robert Horry, Ron Harper, Hora Grant...) mantenían un conjunto angelino espectacular en la pista pero con una cobertura mediática que era un arma de doble filo. Malone y Payton desembarcaban para mantener satisfecha el ansía competitiva de O´Neal y Bryant, en momentos diferentes de su carrera. Pronto, Shaq hizo buenas migas con los recién llegados, mientras Kobe hacía lo propio, con una especial predilección por Malone, apodado el Cartero por su eficiencia en la entrega de los pases de sus compañeros (sobre todo por su ex base en Utah, un tal John Stockton que se las sabía todas). 



Bryant, introvertido por naturaleza en aquellos años, pareció cuajar muy bien desde el inicio con Malone (quien solamente estaba por detrás de Kareem Abdul Jabbar en el ránking de anotadores históricos de la NBA), el cual se convirtió en una especie de mentor o hermano mayor del escolta. Incluso años después y frustraciones mutuas, Malone no duda en admitir que considera a Bryant uno de los mejores atletas que nunca han existido en el basket. Pero aquellas sombras no estuvieron presentes cuando un año que se intuía de cuento de hadas se iría tornando en pesadilla. 


Hacemos referencia en este punto al lamentable proceso de investigación que involucró a Bryant. Un asunto turbio y sobre el que la prensa sensacionalista se frotó los manos, especulándose incluso con la posibilidad de que el afamado jugador acabase cumpliendo condena en presidio. Un hotel de lujo en Colorado había sido el lugar de encuentro de Kobe con una mujer 6 años menor que él, la cual levantó cargos contra él por presunta violación. Aunque se retiró la acusación, un halo sombrío se generó alrededor de aquel asunto que hizo que 2004 fuera el más tenso jamás tenido por el escolta. Como fuere, su imagen pública quedó muy salpicada porque el hecho implicaba una infidelidad de su protagonista contra su esposa, Vanessa. 



Aquello provocó muchísimas tensiones en el vestuario. La hija de Phil Jackson había sufrido una agresión sexual a manos de uno de los deportistas de su campus universitario, enésima demostración de lo depredadores que podían volverse algunas personas en una posición de privilegio. La proyección que hizo el técnico de su escolta (debe matizarse, como hemos dicho con anterioridad, que Bryant salió absuelto y varios reconocimientos médicos se inclinaron por relaciones consentidas) enturbió más un vínculo que no era ya muy sólido de por sí. O´Neal, forzado a declarar por una fiesta en la que participó Kobe en casa del pívot, empezó a hartarse de aquello. Muchas veces en el pasado habían tratado de limar asperezas, pero aquello era el colmo en unos instantes donde el Sol naciente (Bryant) empezaba a impacientarse por el lento declinar del descendente (O´Neal). Estuvieron a punto de acabar a golpes en un entrenamiento de no haber sido por la mediación del resto de la plantilla, con el escolta acusando al center de no haber estado a su lado en ese momento de crisis. 



Por el contrario, su afecto por Malone parecía reforzado. Ambos eran muy complementarios en la pista y, con más de dos décadas a la espalda, el Cartero tenía poco interés en los focos, más preocupado de colocarse un anillo que era el único gran premio que le faltaba a su carrera. Su defensa silenciosa y sacrificada ante mega-estrellas jóvenes como Tim Duncan o Kevin Garnett fue básica para que, con toda aquella locura de problemas fuera de la cancha, los Lakers volviesen a reinar en el Oeste. Parecía que, pese a todo, la película de Hollywood tendría final feliz. 


No obstante, Malone, al igual que Bryant, más allá de su increíble rendimiento deportivo, tenía sus propias sombras en su biografía. En su caso, se trataba de paternidades no reconocidas y negación de ver a dicha prole (aunque corrigió esa faceta, excepto con su hijo Demetrius, quien se negó a ver a un progenitor que lo había desatendido por completo en su niñez y primera juventud), una conducta más que reprobable y que comparte, curiosamente, con otros iconos de la dimensión de Larry Bird. La imagen edulcorada que la NBA quiere vender de sus mitos es irreal y conviene recordar que estamos ante seres humanos de carne y hueso con sus debilidades y equivocaciones. Ese pasado le iba a estallar al Cartero en el momento más inoportuno. 



En una época de hip-hop y trajes que rayaban la frontera entre el lujo ostentoso y el mal gusto, Malone era un tipo de predilección campestre, con varios efectos, algunos tan estimables como el gusto por la naturaleza o curiosos como su uso de la la moda cowboy en vestimenta. En otras facetas, lo atávico de su carácter (que incluía ventajas como ser un profesional muy aplicado y que se cuidaba al máximo hasta el punto de no perderse en ninguna campaña como profesional la postemporada) le llevaba a ser un cazador activo, defensor de una política norteamericana belicista al más puro estilo Bush (da igual padre que hijo en este caso) o declaraciones de la Edad de Piedra en la década de los 90 cuando dio su (poco atinada) opinión sobre Magic Johnson y que fuera portador del virus del SIDA (enfermedad que, recordemos, tenía además el sambenito de la homofobia de la época, vista casi como un castigo divino y otro tipo de consideraciones de igual miopía intelectual que moral. En honor a la verdad, las desatinadas reflexiones de The Mailman eran las imperantes en la sociedad de aquel tiempo). 



Pero sus demonios parecían silenciados por su sacrificio al servicio del Staples, por el que había inmolado incluso a su devota afición de Utah (la cual le perdonó tiempo después con la retirada de su camiseta y una estatua para acompañar a la de Stockton). Incluso se había abrazado con Magic, declarando el mito californiano que el dorsal 32 podía ser bajado para él (Malone declinó amablemente la generosa oferta por respeto a lo que significaba el base para aquella grada). Todo cambió con un encontronazo con la mujer de Bryant, Vanessa. Según versión de la aludida, había preguntado a Malone (con su indumentaria a lo John Wayne entre tanto pijería de la parte noble del Staples) qué se disponía a cazar. Acorde con esta versión El Cartero habría afirmado que iba tras la búsqueda de mexicanitas de la frontera. 


De haber sido así el comentario, aparte de una falta de respeto evidente, iba cargado con bala por las propias raíces étnicas de Vanessa Bryant, una de las esposas con más carácter de la NBA con diferencia. Siempre se había rumoreado que su prematuro matrimonio con Bryant sin separación de bienes fue uno de los motivos de distanciamiento de Kobe con sus padres durante años, a la par que ella misma ha tenido declaraciones "curiosas" (por decirlo suavemente) acerca de que solamente estaría casada con un "ganador" y no un "perdedor" (esa parte de la cultura estadounidense tan enfermizamente resultadista, genialmente denunciada en el teatro de A. Miller, especialmente en Muerte de un viajante), aunque, afortunadamente, la propia interesada corrigió tal afirmación. 



Kobe, en el ojo del huracán de aquella incierta campaña 2004/05, rompió términos con el Cartero, aireándolo ante la prensa, justo con unos vientos que mandarían a O´Neal a Miami, Phil Jackson al retiro y Gary Payton a buscar nuevas aventuras donde enrolarse. Pero, un momento, ¿y aquel anillo de 2004 que tanto se había vaticinado? Pues era ya por aquel entonces propiedad de los Detroit Pistons, quienes, comandados por Larry Brown en los vestuarios, habían dado un baño de juego en equipo a los Cuatro Magníficos, con Chauncey Billups como MVP de las Finales. La frágil convivencia de Bryant y Shaq se cimentaba en los títulos y la sapiencia de Jackson, ahora, ante ese revés, solamente quedaría uno de los vértices del triángulo (no me refiero al de Tex Winter), el que más proyección de futuro tenía... y también inmadurez. 



Shaq recordaría aquella derrota ante Detroit como una de las más duras. "Si Karl no se hubiera lesionado, podríamos haber ganado esa serie y yo me habría retirado siendo un Laker". Indudablemente, durante los dos primeros partidos con el Cartero, los angelinos tuvieron muchos problemas para frenar a los dos Wallace (Ben y Sheed). Con las molestias físicas de una roca como el antiguo ariete de Utah, los interiores de los Pistons camparon a sus anchas y sacaron toda la gasolina posible a O´Neal. Sin embargo, si nadie duda que fue una baja vital, el comentario también caracteriza la hybris con la que los de púrpura y oro enfilaron aquel posible cuarto anillo de la era Shaq-Kobe: jamás se tomaron en serio a Detroit y los Bad Boys aprovecharon admirablemente tal regalo, cediendo solamente un triunfo por un milagroso triple de Bryant. 



A pesar de intereses tan serios como el de los San Antonio Spurs (movimiento que contaba con la bendición de Tim Duncan), aquello era demasiado para un Malone cansado, quien no quiso entrar en el juego de dimes y diretes bizantino de la prensa de LA. Todo se magnificaba para lo bueno y para lo malo, ahora, quedaba una amarga retirada. Pasado el tiempo, se lo vería bromear en la TNT con su ex compañero O´Neal, mientras que aquellos meses se emborronaban; por su lado, Kobe continuaba su leyenda. Superado el mismísimo Michael Jordan en el ránking de anotadores, el legendario MJ animó a Black Mamba a ir a por Karl. Comedido y con la cabeza más centrada, el escolta agradeció el piropo y elogió a los jugadores que habían hecho historia antes que él. Todo parecía en paz, en un distante respeto. 



El Rubión volvió a cruzarse en una entrevista a un Malone que dijo muchas cosas. Afirmó lo excepcional que fue compartir equipo con O´Neal, elogió la profesionalidad de Derek Fisher y dijo que Kobe era uno de los mejores competidores que nunca había visto. Por supuesto, tardó poco salir el tema de la polémica y la Vieja Escuela salió a relucir, en una mezcla de John Wayne con toques a lo Tony Soprano: "Estamos bien. Si Kobe Bryant tiene algo conmigo es por culpa de Kobe Bryant consigo mismo. No quiero problemas. Estoy en paz pero preparado para la guerra. No soy un tipo difícil de encontrar. Soy un hombre adulto y Kobe también lo es. Que venga un día sin cámaras y lo resolvemos". Los medios más sensacionalistas concentraron algunas de estas perlas y suprimieron otras para lograr un titular más propio de la lucha libre que de un ex jugador hablando de otro. 



Personalmente, creo que, si bien es muy mejorable el discurso, Malone quería mandar un mensaje más que una provocación. Aquel verano de 2004, el músico country fue evaporado por los flashes de Hollywood que Kobe tan bien maneja (lleva toda su vida profesional en LA, lujazo para los seguidores del Staples que han disfrutado de uno de los mejores jugadores de siempre). Ante la oportunidad, Malone estableció su feudo para el pleito, la Vieja Escuela de aquellos tipos fuertes y callados. Si bien tiene ya sus años, hay que tener mucha moral para querer acabar a puñetazo limpio con uno de los power forward más temibles de la NBA. Picadura de Black Mamba, aviso de correos con sello rojo. 



Sería lamentable que alguno de los dos cometiera la estupidez de llevar a cabo semejante duelo de gallitos, recordando el culebrón escabroso que acabó con la salida de un mito por la puerta de atrás y muchos silbidos al joven icono. Paradójicamente, Shaq, uno de los ejes del relato, ha acabado bien con ambos. Por algo es el Gran Aristóteles. En el pasado, Bill Russell logró que Kobe y O´ Neal se dieran la mano en el círculo central cuando parecía imposible. Tal vez algún día Diesel lleve de la manita a los dos díscolos gruñones a un hipotético armisticio... sería mil veces más estimulante y un digno cierre a un pleito que es indigno de los méritos deportivos de ambos.  



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://www.sportal.co.nz/basketball/news/michael-jordan-to-kobe-bryant-go-get-karl/eggyjf50vh7x1be2wud4aehyt



http://www.slamonline.com/nba/michael-jordan-kobe-bryant-go-get-karl-malone/#kTzD8BbKgVbXEaWb.97



http://www.sikids.com/photos/27104/rare-photos-of-karl-malone/17



http://foros.acb.com/viewtopic.php?t=448402&start=150



http://bleacherreport.com/articles/1298936-2013-lakers-will-be-nothing-like-2004-lakers-karl-malone-gary-payton-disaster

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