lunes, diciembre 7


Hace apenas unas semanas, el Laboral Kutxa visitaba el pabellón de la Paz y la Amistad en Atenas. Un partido bronco de Euroliga, el Olympiacos del Pireo se defendió con uñas y dientes para arrancar una sufrida victoria ante los corajudos vitorianos. Nuevamente, muchos ojos se pusieron en el jugador franquicia de los griegos, un Spanoulis que siempre deja destellos, aunque parece todavía sin poner esa quinta marcha que coloca cuando hay títulos de por medio. Sin embargo, los vigentes finalistas de la Euroliga parecieron menos fluidos que en pasadas ediciones, como si a su hábil defensa le faltase una continuación, un nexo con el ataque al aro contrario. No me parece casual que Georgios Printezis viese el encuentro vestido de paisano. 



Sin duda, las entrevistas buscarán siempre al diablo de Larisa, puesto que Spanoulis es uno de esos anotadores de tiros imposibles que tanto gustan a los aficionados. No obstante, seguro que Sfairopulos lamentó mucho la ausencia de su alero atípico, un jugador de rango internacional pero que puede pasar más desapercibido. No en vano, Pablo Laso ya advertía en plena Final Four del año pasado que no solamente valía con frenar al jugador franquicia del Olympiacos, sino que Printezis hacía esas pequeñas cositas que decantaban los encuentros. 



Decía hace años el legendario Red Auerbach que el momento y el equipo importa y mucho para el funcionamiento de un jugador. Hacía referencia el patriarca de los Celtics a los años oscuros de la década de los 90 en Boston, cuando nada parecía funcionar. Citaba a Rick Fox y Brian Shaw, dos excelentes profesionales que pasaron sin pena ni gloria por el mítico Garden. "No pudimos descubrir los buenos que eran". Los entendidos aficionados de Málaga tendrán el mismo sentimiento con este espigado alero de 2´06 metros, quien, sin hacer malas campañas en Unicaja, no llegó a mostrar todo lo que tenía en nuestra Liga Endesa. Su retorno a Grecia era justo lo que su estilo necesitaba.



Si tuviera que explicar a una persona que no lo hubiera visto jugar nunca a Printezis cómo es, creo que elegiría pasarle el vídeo de los cuartos de final del pasado Eurobasket, España-Grecia. Un partido duro, a cara de perro entre dos combinados ambiciosos al ponerse ante el filo del abismo. Mientras que Antetokounmpo y su colosal presencia llamaban la atención y Spanoulis o Calathes captaban los focos por sus triples, el dorsal 15 y su desaliñada barba hacían todo el trabajo de intendencia que tanto gusta a los entrenadores. Rebote ofensivo por aquí, falta personal bien hecha para cortar una contra, tiro de media distancia cuando más despegaba España, etc. 



Muchos intangibles, al más puro estilo Jorge Garbajosa. Claro que también está su otra faceta, la que recuerda al club de Robert Horry, los maestros de la pelota parada. Georgios ha hecho un máster de instantes decisivos. La pasada campaña lo comprobamos con amargura los culés. 68-68 en tierras del Pireo. Con todo el juego interior congestionado por la defensa de Xavi Pascual, con el reloj espirando, el balón fue a uno de los lugares que la parroquia blaugrana más temía. El triple de Printezis fue la daga que envió a su equipo a viajar a la F4 celebrada en Madrid. 



Con todo, la más feliz memoria se encuentra en Estambul. La capital otomana vivió uno de los milagros recientes que todavía se recuerdan entre los incondicionales de este deporte. Durante la primera parte, el todopoderoso CSK arrasó al Olympiacos sin piedad, Teodosic parecía dispuesto a iniciar el festejo de un momento a otro. Pero no a nuestra costa debieron de pensar Spanoulis y cía. Una remontada a cara de perro que terminó con un tiro libre errado de Siskauskas que dejó el suficiente veneno en el mordisco de un Printezis que se sacó un tiro anti-manual, heterodoxo, a la pata coja, un gancho más propio de un perro viejo en una pachanga de colegas que en la máxima competencia continental. Lo importante fue que entró y llevó al éxtasis a gente como Pero Antic, quien corrió a la banda para abrazarse a un tipo insustituible para los atenienses. 


Volvamos al presente, idéntico escenario a donde comenzaba nuestro relato. Ahora, el visitante es el Milán. No juega Spanoulis, aunque los Mantzaris y compañía se ponen el mono de trabajo. Es el retorno de Printezis. Salió de suplente. Importó poco tal hecho. Estuvo en pista más de veinte minutos, firmando un 3/5 en tiros de campo, un 100% en tiros libres y un sentido colectivo del juego que se tradujo en 11 puntos, 3 asistencias y un triple. Se sintió cómodo sin los focos, trabajando bien en la mina, es decir, en el poste bajo, jugando de espaldas y abriendo espacios a sus compañeros, para lograr un trabajado triunfo (73-63). 



Nacido en febrero de 1985, Big Fish es un alero que usa perfectamente su físico para sacar cualquier ventaja. Su imagen es también muy reconocible para el aficionado, debido a su barba mal afeitada, brazos tatuados y aspecto de falso despistado. En esta época gloriosa para su escuadra, auténtica dinastía, Printezis ha disfrutado siendo la daga en las sombras de Spanoulis. Cuando las defensas rivales se ciernen sobre el genial escolta, uno de los que más tajada sacan es él, siempre presto a leer los huecos de los adversarios. 



No tan mediático como otros, siempre tendría un hueco en mi equipo para un tipo así. Un ganador nato y sospechoso habitual de las victorias del Olympiacos. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://www.euroleague.net/features/interviews/euroleague-2014-15/i/5y5rkku9fkby68sg/final-four-interview-georgios-printezis-olympiacos-piraeus



http://www.rappler.com/sports/by-sport/basketball/gilas-pilipinas/67848-gabe-norwood-gilas-pilipinas-play-to-the-end



http://www.sillonbol.com/baloncesto/europa/la-vieja-europa-xv
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