lunes, enero 18


No me apetecía hablar de esto, la verdad sea dicha. Resultaría mucho más placentero hacerlo del ansiado debut de Arda Turan y Aleix Vidal con la elástica blaugrana o de los renovados bríos que ha supuesto para el vestuario del Espanyol la presencia de Constantin Galca. Sin embargo, la rabiosa actualidad manda y, a veces, los problemas no desaparecen por arte de magia al dejar de hablar de ellos. Mientras se vivían tres intensos derbis locales entre el Fútbol Club Barcelona y el Reial Club Deportiu Espanyol, hemos sufrido guerras soterradas paralelas, golpes bajos en el césped y ante los micrófonos, piques y recados de unos a otros en las redes sociales. Un trasfondo, irónicamente, de lo que viene siendo la situación política actual. 



Todo comenzó un fin de semana cualquiera en el estadio de Cornellà-El Prat. Allí, una delantera digna del mejor realismo mágico de Gabo, la formada por Neymar-Suárez y Messi, se quedaba sin mandar el balón a las redes por primera vez en mucho tiempo. El empate fue saludado como un trabajado triunfo de los periquitos, los cuales no hicieron ninguna concesión en las líneas, mostrándose sólidos atrás e incapaces de dejar ningún espacio. Todavía así, los visitantes tuvieron dos maderas que habrían podido cambiar la suerte del duelo, a la par que, en algunos mentideros, se criticaba al colegiado por permitir una excesiva dureza local. Aquello no le sentó muy bien a un Barcelona acostumbrado a arrasar la mayor parte de las ocasiones que pone en liza a sus mejores hombres, Tras el 0-0 final, el run run mediático no se hizo esperar. 



A pesar de que como culé la pérdida de dos puntos era algo irritante, más si es contra el club vecino, nada había que reprochar a los blanquiazules. Habían hecho su partido con inteligencia táctica e interpretado muy bien el contacto directo que permitió el cuerpo arbitral, De hecho, el único debe lo expuso con inteligencia el técnico rumano: "Debemos ser capaces de jugar con la misma intensidad que ante el Barça contra todos los rivales". Como bien advertía su entrenador, muchos percibían que, de haber jugado la mitad de fuerte la primera vuelta, el Espanyol estaría mucho más arriba en la tabla.   


Otro de los feos asuntos que surgió a la palestra fue el de los insultos racistas que una facción minoritaria del estadio gritó contra Neymar. Quizás el más avispado fue el propio brasileño, quien afirmó que él se limitaba a jugar y no valoró la cuestión. En cambio, las dos entidades empezaron a arrojarse trapos sucios. Descerebrados se cuelan en todos lados (Camp Nou, Calderón, Bernabéu, Pizjuán...) y nunca representan el sentir general de las aficiones. Aquello encendió definitivamente a Joan Collet, presidente de los pericos, en vísperas del casi inmediato encuentro de Copa del Rey. 



En parte, el enfado es comprensible desde un punto de vista de altavoces. El Barça tiene una repercusión y titulares mucho más amplia que sus rivales; eso tiene su lado negativo (el famoso entorno del que hablaba Cruyff) y positivo, más capacidad de hacer campañas y defender su punto de vista, que el Espanyol había sobrepasado el reglamento. Venía aquello, paradojas de la vida, cuando Collet y su colega Bartomeu son alabados y criticados en diferentes sectores de sus instituciones por haber afrontado de una u otra forma la cuestión nacionalista. 



Y este es un tema tabú pero que es inevitable en la coyuntura actual. Posiciones soberanistas, gente a favor y en contra del Pacto por el Derecho a Decidir, la sonrisa del gato de Cheshire de Artur Mas en el palco del Nou Camp, las pintadas en Cornellá "catalanes sí, españoles también"... Son tiempos de demandas sociales, más tras las pasadas elecciones. El deporte no puede permanecer ajeno a ello como un autómata. No obstante, parece que ahora no puede hacerse con tranquilidad. Que no interesa tanto escuchar a la otra parte, solamente exponer el de uno, negociable es un adjetivo desaparecido y determinados términos más propios de la esfera bélica sobrevuelan incluso el Parlamento (así se expresó el señor Tardá, confundiendo el Congreso con las barricadas [extraña situación de opresión cuando él, afortunadamente, puede decir lo que quiera y cómo se siente], mientras que hay algunos "iluminados" que defenderían sacar los tanques porque en una comunidad autónoma quieren hacer un referéndum [obviamente, cuando quieres que alguien se quede contigo, la mejor vía de hacerlo es imponerse de forma taxativa]).



Dos instituciones deportivas de las trayectorias de ambas escuadras de la Ciudad Condal tienen una masa social muy amplia. Albergan a gente de una u otra corriente política, asimismo, sobre esta cuestión existen socis blaugranas que sean pro-independencia y estén encantados de cantar por ella en su estadio y llevar esteladas. A mí eso me parece muy bien mientras no sea condición sine qua non para ser considerado culé. Tampoco debería molestar la realidad de que haya aficionados blaugranas que alberguen la esperanza de que en esa consulta saliera no porque sientan que ambas realidades son compatibles. Todavía producen rubor los rumores (espero que fueran simplemente eso) de "asesoramientos" del entorno a un delantero de la calidad del Guaje Villa de que "eliminase" la bandera española que el asturiano lucía en sus botas.



Respetándolas, nunca he llevado banderas a un estadio. Personalmente, me parece confundir churras con merinas, pero entiendo que para otra gente pueda significar mucho y, cuando no se trata de hacer apología de una ideología que discrimine a otros, deberían ser muy libres de llevar lo que les dé la gana. El Espanyol se ha movido con sensibilidad por esas aguas y ha tratado de mantenerse neutro, aunque las fluctuaciones han sido inevitables. Con todo, creo que ha aventajado al Barça en esa cuestión, pues hemos tenido varias directivas que han hecho política desde el deporte, haciendo flaco favor a ambos mundos. Pero volvamos al segundo round de la maratón, cuando un eficaz pase de Asensio tras robar la bola a Dani Alves permitió a Felipe Caicedo silenciar el Nou Camp por unos instantes.



Era el día del debut de Turan y Vidal. El Barcelona se volcó al asedio, mientras que Pau López se erigía en héroe de los periquitos. Lo del joven guardameta blanquiazul fue una bonita historia que tuvo un capítulo negro con su desafortunadísimo pisotón a Messi (el astro argentino, en vísperas de la gesta de su quinto balón de Oro, le había batido en dos ocasiones aquella noche, incluyendo un magistral disparo de falta). N´Kono, uno de los cancerberos más queridos en Camerún y símbolo del Espanyol, todavía vinculado a la institución, habló de forma privada con su pupilo, a quien advirtió el error cometido y que debía servirle de aprendizaje. Si López es listo, le hará caso. Condiciones le sobran para ser un excelente protector de los tres paros pericos, pero debe evitar esos cortocircuitos o confundir ser el azote de un rival para ser más querido por la grada. De eso sabemos también los culés.



Como era presumible, el arbitraje fue menos permisivo con las faltas cometidas, algo a lo que el Espanyol no supo adaptarse, terminando el partido con 9 jugadores. El Barcelona intentó abrir brecha, pero los de Galca se protegieron bien pese a la desventaja, terminando con un 4-1 que pudo ser mucho peor. En la buena tónica culé, la noticia fue el atípico bajo rendimiento de Luis Suárez. El uruguayo pareció más interesado en todo momento en picarse con sus rivales verbalmente que en el área, donde es letal. Sus provocaciones a López no ayudaron a un ya calentado meta, a la par que no hubo defensor que no tuviera un enganche con él. Si alguien esperaba que el pitido final calmase las aguas, se iba a ver profundamente defraudado.



La gota que hizo rebosar el vaso fue Gerard Piqué, ese magnífico central que parece la versión 16.0 de Fernando Hierro, pero con la cabecita eternamente extraviada. Con calma y ante los micrófonos, Piqué no tenía ninguna intención de ser generoso con el derrotado. Es esa extraña actitud a la que está girando su carrera mediática, empeñado en ser el látigo fustigador de oponentes como el Real Madrid, dando su opinión incluso cuando no se la piden. Acusando a los periquitos de no poder llenar su campo, siendo una "maravillosa minoría", volvió a incendiar las redes sociales.



Y aquí el Barça tiene quizás uno de los pocos puntos débiles de su racha triunfal de los últimos años. Como si fueran maestros abúlicos ante los gamberretes de la clase, Dani Alves o Piqué hacen un activo (y no precisamente edificante) uso del amplio eco que tienen como figuras famosas, sin que a nadie parezca importarle, salvo a la legión de detractores y animadversión que hacen crecer en los rivales. Todo lo que no molesta Andrés Iniesta con sus buenas formas dentro y fuera de la cancha es equilibrado por dos personalidades con chispa que no saben cuándo deben parar una broma. Por el lado espanyolista, sobraron las declaraciones de Diop acerca de que, si hubieran sido duros, los futbolistas del Barça habrían salido en camilla. Para olvidar en todo caso.


Se agradecieron, eso sí, las palabras de Galca. Tranquilo, sereno y dispuesto a enfriar el asunto. Fue elegante felicitando la trayectoria de Luis Enrique y elogiando los méritos de su colega asturiano. Más extraños fueron los villancicos que el míster culé afirmó oír en el túnel de vestuario cuando se montó la enésima tangana de trash talking, y también después del posado, cuando afirmó "No sé si esto servirá para algo". Tenía ganas de terminar el tercer acto de estos duelos en Barcelona. Tampoco quedó muy claro lo de su no asistencia al premio que le dio la UEFA (merecido al máximo por otra parte). En la senda de Guardiola para todo (incluyendo el fútbol espectáculo de toque y una dosis más de verticalidad que con el genio de Santpedor), también comparte con su buen amigo y ex compañero ese toque excéntrico; eso les da atractivo y jugosas entrevistas como la que el segundo concedió a la prestigiosa Jot Down; a Dios gracias, también existen los Rijkaard, Ancelotti o Popovich que nos recuerdan que esto no deja de ser deporte y no se acabará el mundo porque la pelota no entre.



A quien sí suele obedecer la caprichosa bola es a Messi, ese mago que, Petón Dixti, se ha inventado una apertura propia cuando juega al fútbol al estilo de Bobby Fischer. No son ya sus cinco Balones de Oro, es la percepción de que puede gobernar los partidos con ese mando invisible que tuvo Jordan para el basket. Suyo fue el pase de pillo a Munir cuando el Espanyol más interesante se ponía (paradón de Ter Stegen a un ingenioso picado de Caicedo). Mandó al congelador el encuentro. Sobró alguna entrada fuera de tiempo, innecesariamente coreada por la grada, así como pancartas aludiendo a la familia de Piqué (injustificable lo primero, pero Gerard debería preguntarse por qué el resto de los coches van en sentido contrario o si es que, pudiera ser, que de vez en cuando él se crea todos los enemigos imaginables por su capacidad de provocar cuando es innecesario).



Así terminó el exceso de derbis concentrados en muy poco tiempo, demasiado para aficionados, técnicos y jugadores. Un recordatorio de que los excesos (de intensidad, de soberbia, de no saber meterse en la piel del otro...) nunca traen nada bueno. Lo positivo es que aquello no dejaban de ser tres puñeteros partidos de fútbol fácilmente susceptibles de arreglarse. Haríamos bien en aplicar la medicina en otros campos mucho más serios. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://www.lavanguardia.com/deportes/futbol/20160105/301216710436/barsa-vs-espanyol-copa-del-rey-en-directo.html



http://www.lavozdegalicia.es/noticia/deportes/2016/01/06/barca-resurge-guerra-contra-espanyol/00031452116523984827586.htm



https://es.finance.yahoo.com/fotos/el-delantero-del-barcelona-luis-su-rez-derecha-photo-155714239--spt.html



http://www.catalunyapress.es/texto-diario/mostrar/394407/luis-enrique-y-galca-hacen-una-llamada-a-la-calma-antes-del-derbi-de-este-miercoles



http://orgulloso.es/los-jugadores-de-rcd-espanyol-pararon-a-leo-messi/
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