lunes, enero 25

Golden State es una bendición para el baloncesto. Han recuperado el basket de ataque con la belleza plástica que nos regalaron los Suns de Steve Nash o aquel Sacramento de Rick Adelman. Lo normal estos dos últimos años es que sean favoritos en cualquier partido que se dispute, ya sea en su cancha o fuera. Sin embargo, un duendecillo travieso del Palace susurró a los viejos seguidores de los Pistons que aquel era el día en Detroit de recordar tiempos mejores. A pesar de los 38 puntos de ese genio llamado Stephen Curry, los Bad Boys lograron un trabajado triunfo, una victoria balsámica para una grada obrera que siempre ha valorado el esfuerzo de sus chicos; pero más aquella jornada de enero. 



La semana pasada, toda una ciudad rendía tributo a uno de sus héroes, una súper-estrella atípica para el molde NBA. Big Ben Wallace, quien revindicó el pelo-afro en la cancha, un jugador que parecía necesitar más años en las ligas de desarrollo para mejorar sus fundamentos técnicos cuando aterrizó. No obstante, desde su desembarco en la Ciudad del Motor en 2000, tras pasar por Washington y Orlando, casi desde el primer día, su nueva afición se proyectó en aquel pívot de 2´06 metros que compensaba todo con corazón y se mataba en la caza del rebote como un poseso. "Ben era una mega-estrella en las cosas que hacía", defendía el maestro Larry Brown, con quien alcanzó la gloria del anillo de 2004 ante los todopoderosos Lakers de Kobe Bryant, Shaquille O´Neal y Phil Jackson. 



Fue una ceremonia sin oropeles pero sentida, como gustan las cosas por estos lares. No faltó nadie de su gran familia. Con sonrisa pícara, se podía ver sentado a Rasheed Wallace, con quien repitió aquel saludo de brazos cruzados que les caracterizó. Una pareja en la pintura que apenas duró 3 años, pero se hizo inolvidable para los amantes de la defensa. Big Ben, el maestro bajo tableros y de lograr tapones, Sheed, un genio en el uno contra uno y el vocal más inteligente para comunicar a los suyos lo que ocurría en la pista. Puro granito para que se hablase de que los Chicos Malos había vuelto, durante aquella época, el Palace se acostumbró a tutear a San Antonio, Miami, Boston y otros transatlánticos.


Las palabras de Sheed y Brown le emocionaron visiblemente, en compañía de su familia. Incluso los guerreros más curtidos tienen su sensibilidad y fue emotiva la manera en la que Big Ben se señalaba el corazón ante las palabras de su tocayo de apellido. Parco en palabras ante los micrófonos, al estilo del añoradísimo Moses Malone, el protagonista de la noche sorprendió con un sentido discurso en el que habló, además de los anteriormente aludidos, de la ilusión de Tayshaun Prince, el generoso sacrificio de RIP Hamilton y el liderazgo de Chauncey Billups. Pero faltaba algo más para hacer un equipo campeón que aquel mágico quinteto titular.   



Y allí había tres héroes discretos. Lindsey Hunter, Mike James y Mehmet Okur no quisieron perderse la fiesta. A ellos, como a otros camaradas, les correspondía un trocito de aquellos 4 premios a mejor defensor del año que se llevó el icono de un público que sabe como pocos cuál es el esfuerzo que se esconde tras cada día laboral. Un ambicioso conjunto que duró menos de lo que esperaba. "Me sabe mal por ellos porque tienen un grupo tan bueno como el nuestro", decía G. Popovich en 2005, tras batir San Antonio a la segunda generación de Bad Boys en 7 partidos finales por el anillo, dejando a apenas unos minutos del back to back a aquella escuadra. 



Nadie podía pensar que era el penúltimo año de Ben en la Motown. Fue su curso más extraño, los Pistons levitaron hasta las Finales de Conferencia para quedarse sin gasolina ante los Miami Heat de Shaq y Wade. Más que un fracaso fue una frustración para todos los involucrados. Se sentaba en el banquillo del Palace el querido Flip Saunders; quedaba mucho futuro, aunque, en la decisión que quizás más lamentaría este coloso en la esfera deportiva, el ídolo indiscutible de la afición del collar azul se decidió a fichar por los jóvenes e ilusionantes Bulls.  Fue malo para todos los involucrados. Chicago cayó ante los más experimentados Pistons, mientras que Detroit no lograba encontrar un sustituto adecuado para cerrar el camino al aro del exuberante Lebron James y sus pujantes Cavaliers, codiciosos ante el paulatino debilitamiento del bloque campeón de 2004. Una sinfonía de dinastía inconclusa. 



También había hablar de lo malo, aunque fuera brevemente. Después, se hace cómputo y lo logrado es algo muy cercano a la grandeza. Luchas feroces contra los Indiana Pacers (qué épicas series, lástima del escándalo en aquella tangana tristemente histórica, con Ben y su hermano involucrados), su pulso con Ron Artest y Bruce Bowen por el reconocimiento como mejor defensor del mundo. "La diferencia ha sido Ben Wallace. Ha hecho cosas fenomenales para su equipo", decía un tal Tim Duncan cuando los de Michigan levantaban un 2-0 contra los Spurs en las Finales. 



Ahora, George Blaha y su voz de fiel seguidor de la Motor City le aguardaban. Iban a subir el dorsal número 3 donde merecía estar. Big Ben parecía un poco tenso, como cuando lanzaba tiros libres, confirmación, como decía Maharbal a Aníbal Barca, que los dioses no conceden todos sus dones a una única persona. Pero todo eso daba igual, nadie lo entendió mejor que el conjunto de los Pistons, capaces de brindar un triunfo al estilo Míster Wallace, lucha y sacrificio para batir a un talento teóricamente superior. 



Quedaba una guinda delicioso a aquella cena de cinco tenedores. Draymond Green, ese jugadorazo que, a veces, tiene la cabecita extraviada en provocaciones, sacó la clase a pasear y brindó una emotiva carta a su héroe, un tipo que sin ser tan alto como los demás enseñaba a los jóvenes que podían jugar en la élite NBA a base de agallas. Su héroe se llamaba Ben Wallace, ahora, el astro de los Warriors le daba las gracias. Antaño, Big Ben hablaba de Karl Malone como "El último de la Vieja Escuela. Siempre lo respetaré como hombre y como jugador". Ahora, era él quien recibía el tributo. Tres tipos duros... con su corazoncito... Only in Detroit, baby. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 






http://www.freep.com/story/sports/nba/pistons/2016/01/17/detroit-pistons-larry-brown-billups-wisdom/78936774/



http://www.gettyimages.fr/detail/photo-d'actualit%C3%A9/jermaine-oneal-of-the-indiana-pacers-trades-a-pair-photo-dactualit%C3%A9/2885753
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