lunes, febrero 1

Fue un pase entre las piernas de los esforzados defensores. La asistencia la había dibujado un artista otomano de barba desgarbada. Recibió el balón al hueco un rosarino con el dorsal 10, quien logró driblar a Andrés Fernández, cancerbero del Granada. Gol de Lionel Messi a servicio de Arda Turan. Para una generación de espectadores, independientemente de sus colores, era algo más que un tanto en las porterías del Camp Nou. Se trataba de la confirmación de que dos jugadores especiales se habían encontrado. El turco y el argentino. El segundo no necesita presentación en el planeta fútbol, aunque el primero tampoco es un plato desconocido en los paladares más exquisitos de lo que ocurre sobre el césped. 



Hay personas que se van ganando nuestro aprecio día a día. No las valoramos con justicia hasta que caemos rendidos a la evidencia de su trabajo. Sospecho que Anna Cruz fue haciéndose imprescindible en Minnesota minuto a minuto, entrenamiento tras entrenamiento, defiendo a la mejor jugadora del equipo rival. El propio Messi o Andrés Iniesta fueron muchachos de perfil tímido y discreto en sus comienzos en La Masia, hasta que revelaron al resto de compañeros y entrenadores que eran de otro planeta. Sin embargo, ni mejores ni peores que los anteriores, hay quienes parece que cuando entran en un vestuario lo hacen con licencia para ser protagonistas, no hace falta verlos en acción para saber que pertenecen a la casta de los denominados jugones, Andrés Montes dixit.



Cinta en el pelo, tatuaje de dioses egipcios en el brazo y barba de guardia de élite de Saladino, Rasheed Wallace no necesitó ni cinco segundos para que la grada del Palace le vitorease antes de meter siquiera su primer tiro con los Pistons. Fernando Martín dejó claro en su primer viaje al aeropuerto con el primer equipo del Madrid del baloncesto que él no era un novato al uso en esa plantilla. No hacía falta que dijera más, su expresión lo decía a todo. Puede que no tengamos ni idea de fútbol pero Arda Turan hubiera sido el vecino al que hubiéramos elegido primero en el equipo del barrio nada más verlo llegar sonriendo y regateando por las calles de Bayrampasa.  



Un futbolista distinto, de pellizco y de arte. Capaces de lo mejor y de lo peor. De los que tardan poco en meterse a la afición en el bolsillo y ganarse la buena onda con sus compañeros. Lo exhibió con Neymar el pasado sábado, cuando la plantilla dirigida por Luis Enrique celebró el cumpleaños número 29 de Arda. Lo dijo su antiguo entrenador, Diego Pablo Simeone, se alegraba mucho por él, haber llegado hasta la Ciudad Condal para jugar con su ídolo (Iniesta) y al que Turan considera el mejor de todos, Messi, habla de lo bien que lo ha hecho. Cavafis advertía que lo importante era que el retorno a Ítaca estuviera repleto de aventuras, así lo ha sido en el caso de nuestro personaje de hoy.  



Juan E. Rodríguez Garrido lo tradujo al castellano en una deliciosa biografía. Existe el ardaturanismo, un fenómeno que ya se daba en sus intervenciones con la selección de Turquía (aquella mítica Eurocopa de locura), el Galatasaray y, por supuesto, el Atlético de Madrid. Su visita en la Europa League como rival no hacía presagiar la bonita historia que la afición del Manzanares y su nuevo dorsal 10. Fueron años donde los colchoneros se acostumbraron pronto a un tipo sencillo en sus maneras y especial en su estilo, alguien que justificaba su mutismo en lengua castellana porque el traductor que había contratado la institución merecía continuar haciendo muy bien su empleo. 



Parafraseando a Garrido, aquellos fueron años de magia y pasión. Tras Gregorio Manzano (quien siempre habló maravillas del turco), llegó el Cholo. Cuesta pensar un perfil que encajase peor, sobre el papel, en los esquema de Simeone que un artista con tendencia a ser intermitente, anárquico y genial. "Me voy a dejar el corazón", le dijo en una ocasión el interesado a su nuevo jefe. Y lo cumplió. Desde entonces, aquello fue una alianza casi perfecta. Alfredo Relaño afirmaba que Turan cumplió con honor la función de ser el toque de distinción en una escuadra acostumbrada a correr con orden y pelear cada posesión. 



La grada rojiblanca tardó muy poco en convertir al fichaje en uno de los suyos, un goodfella de la camada del barrio de infancia de Martin Scorsese. En la capital española fue feliz y dejó detalles maravillosos. Su tanto en el Bernabéu tras dejada de Raúl García, la exhibición en Stamford Bridge, el tanto a la Juventus cuando se complicaba la clasificación del Atlético para la segunda ronda de Champions. Su sociedad con Diego Costa, en aquellos años ayudó a que empezase a ser el ojito derecho incluso de los aficionados rivales. No pocos en el Nou Camp escondimos un murmullo de admiración cuando dio un pase de tacón entre las piernas de Piqué cuando era imposible sacar el balón. 



También hubo momentos triste, obviamente, aunque, como él mismo dice, si algo bueno tiene el deporte es que no se acaba el mundo tras un partido. Pero la Champions es algo especial y parece que le debe una al genio de  Bayrampasa. Vio Lisboa de paisano, aquel intenso duelo donde un impresionante vuelo de Sergio Ramos cortó el sueño de alzar aquella Orejona que no veían tan cerca desde que el gran Luis Aragonés lanzaba los golpes francos. La mejor Copa de Europa firmada por Arda y los suyos tuvo el final más agridulce. Aunque hay otro recuerdo peor, su absurda (y justa) tarjeta roja recibida en cuartos de final del pasado año. 



Él mismo pareció darse cuenta y también el lateral madridista Contrao, quien, con un gesto de clase, le pasó la mano cariñosamente por la cabeza. Turan inmoló al Atlético ante su Némesis en la ciudad de ambos, abandonó el campo con semblante abatido mientras le esperaba uno de sus compinches de aquellos días gloriosos, el Mono Burgos, la mano derecha de Simeone (la izquierda es el profe Ortega), le dio un sentido abrazo. Ahora, tendrá otra oportunidad y con Messi en sus filas. ¿Habrá revancha? El tiempo lo dirá. Lo que estaba claro es que no seguiría donde había todo un referente. A veces, el matrimonio más feliz llega a un clímax del que solo queda el declive. Arda no podía estar más agradecido al cholismo y una afición única pero, no podía seguir defendiendo a muerte en un estilo en el que él había sido un delicioso rara avis. Se fue con todos los honores y, junto con Aleix Vidal, fue el fichaje más celebrado por los culés este verano. 


Una parroquia azulgrana donde hemos agradecido que Vidal y Arda se la jugasen al estar tantos meses sin poder salir en partido oficial. Comenzó con la maratón de derbis contra el Espanyol y tanto el chileno como el turco fueron presentándose en sociedad. En el caso de Arda, destacó un pase de pillo en el nuevo San Mamés para Rakitic que sería el germen del gol de Munir para abrir la lata de los cuartos de final. La mejor noticia para Turan es que su peor día (ante un corajudo Málaga) se saldó con triunfo. Pero, si había un día especial era este pasado fin de semana, su cumpleaños y la visita de su antiguos camaradas. Dios no juega a los dados con el universo. 



Al Barça no le puede caer mal el Atlético del Cholo Simeone, más bien al contrario. Tras la decepción de perder la Liga en casa ante ellos, el Camp Nou aplaudió al conjunto que rompió la bipolaridad a la que estaba abocado el campeonato doméstico. Además, para una generación que empezamos con esto en la década de los 90 (Guardiola, Kiko, Caminero, Ronaldo, Molina...), estos duelos solían ser sinónimo de goles y espectáculo. Además, comparten competitividad extrema contra un gran oponente histórico, el Real Madrid, ese es otro lazo que une, compartir a un poderosos adversario. También lograron eliminar a Messi y Neymar de los cuartos de final de hace dos ediciones pero, de alguna forma, tras darnos de todo en el campo, suele haber respeto entre ambos púgiles. 



Eso se refleja en la actitud de Simeone ante Luis Suárez, el uruguayo que ha roto sus sistemas. Fue hace un año ante el Atleti en el mismo escenario, el día en que el tridente empezó a adquirir su mejor forma. Frente a la mejor defensa posible, Suárez-Neymar y Messi acallaron todos los rumores del entorno y lideraron al Barcelona a un triunfo 3-1. Santiago Segurola afirmó que fue el momento donde empezó a despertar la bestia de lo que luego fue un triplete. A pesar de haberle fastidiado sus tácticas defensivas, el Cholo habla maravillas de ese Big Three, lógico, Diego Pablo siempre supo mucho de eso. Tras alabar en rueda de prensa, el estratega indio sacó toda su artillería para sorprender al vigente campeón en unos 25 minutos iniciales portentosos, mientras Turan sentiría un déjà vu. 


El gol de Coke fue el justo premio a los esfuerzos visitantes. Precisamente cuando más tocado podía parecer, el Barça volvió a encontrar a su genio de la lámpara en un Messi que la puso en el único lugar donde no podía llegar Oblak (bajita, fuertemente rasa y a un extremo). Con la espadas por todo lo alto, el equipo de toque apreció la grandeza de la verticalidad para que Luis Suárez volviera a dar un clinic de lo que es ser un delantero puro (desde los días del gran Samuel Eto´o no disfrutábamos de un killer de este nivel). Entonces llegó la absurda entrada a la rodilla de Messi por parte de Filipe Luis, innecesaria desde todo punto de vista, a pocos segundos de acabar la primera parte, dejando a su escuadra con diez y poniendo en riesgo innecesario al argentino. 



Hubo un asomo de tangana, afortunadamente rápidamente silenciado. Todos los blaugranas nos sentíamos cómodos al ver que Lionel seguía en el campo sano y que el co-líder perdía un jugador. Sin embargo, el cholismo no aprecia la palabra rendición y se permitió llevar contra las cuerdas a los de Luis Enrique, pese a la desventaja numérica. Carrasco parecía un puñal y dos buenos amigos formados en la Real Sociedad, Giezmann y Claudio Bravo, congelaron el tiempo. Por una décima, parecía el empate a la heroica de unos indomables apaches. Pero el meta chileno encontró una manera milagrosa de parar con su pierna en algo que podía valer más que tres puntos, aunque todavía queda mucho campeonato. 



Después vino el error del que no se equivoca nunca. Godín entró con todo a Suárez cuando ya tenía amarilla, mientras su compatriota se alejaba de los dominios de Oblak. Game over pensamos mucho. Arda salía para conservar la posesión de pelota y aprovechar espacios. Privilegiado técnicamente, el otomano pudo marcar el tercero (salió desviado por poco) y dejó otro pase de espaldas de los suyos, pero se lo vio forzado a más errores de la cuenta por culpa de la tenacidad de una escuadra que es el bloque más duro de la Liga, quizás de Europa. Pasaron los minutos y el fuerte ante Oblak tenía la esperanza de arañar una jugada a balón parado. Lo lograron en el 44, el propio meta esloveno subió a rematar. Pasó el susto, pero pocos equipos pueden presumir de mantenerse vivos con 9 ante el campeón de Europa y jugar con sus nervios así. 



Turan se abrazó con sus antiguos compañeros y se preparó para su fiesta. Se lo ve feliz en su nuevo hogar y agradecido al antiguo, sus mejores tardes están por venir. La Liga continuaba, Messi y Suárez marcaban, el Atleti demostraba las virtudes que lo hacen un competidor nato y el turco cumplía 29 años. Felicidades, Arda, bravo Barça y, por supuesto, gracias Atleti. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://www.iha.com.tr/haber-arda-turan-messinin-soyledigi-bende-kalsin-525762/



http://www.goal.com/es-co/news/4582/espa%C3%B1a/2015/01/12/7917542/arda-turan-diego-simeone-es-el-mejor-entrenador-del-mundo



http://indianexpress.com/article/sports/football/atletico-madrid-bathe-in-glory-as-real-madrid-await-in-final/



http://futbol.as.com/futbol/2016/01/30/primera/1454173497_416712.html



http://www.bbc.com/sport/football/35439356



BIBLIOGRAFÍA:



RODRÍGUEZ GARRIDO, J. E., Arda Turan: Magia y pasión, Ediciones Al Poste, Madrid, 2015.
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