lunes, febrero 29


La salida de un tiempo muerto dice muchas cosas de un equipo. Se trata de una carta de naturaleza, una forma de mostrar qué han hecho staff técnico y jugadores. ¿Han funcionado los ajustes? ¿Hay sentimiento de grupo o cada uno ha estado mascando chicle en su rincón mientras el míster ha gritado unas instrucciones poco claras y rabiosas? Nos trasladamos a Galicia, hace apenas dos semanas. Real Madrid y Gran Canaria están disputando una Copa del Rey muy especial. Dos cabezas de serie (Barcelona y Valencia) eliminados a las primeras de cambio, Milagrosas remontadas, duelos igualados y una final inédita. La cancha del Obradoiro es testigo del talento de dos equipos muy diferentes. 



Los blancos deberían estar cansados de esta tensión, ya han estado en muchas batallas de este tipo, en una temporada repleta de irregularidades. De cualquier modo, salen de las instrucciones del vitoriano Pablo Laso como un púgil que sabe meterse al público en el bolsillo. Mueven la bola como una mariposa, pero te pican con ella en la red como una avispa. No se cansan de ganar. Los isleños son el outsider, no han sido favoritos en ningún encuentro, aunque tienen una confianza ciega en la serena presencia del maestro Aíto García Reneses. Son disciplinados y serios, unos buenos chicos que en la cancha hacen los deberes con pericia. Tienen humildad y talento. Cada vez que suena la bocina para llamarlos otra vez al parquet, los bloqueos ciegos y las flechitas con rotulador cobran sentido. Ellos lo hacen posible. 



Se trató de un encuentro para gourmets. Cada movimiento estaba medido. Como Escipión y Aníbal, Laso y Aíto mostraron un gran respeto el uno por el otro. Al adversario se le venera porque es quien puede hacerlo a uno grande. Eso ocurrió en un día donde la Coruña disfrutó de dos huéspedes generosos que no regatearon nada durante 40 minutos. Allí emergió Gustavo Ayón, el pívot mexicano, quien voló para hundir la pelota en ataque, mientras intimidaba a sus pares por dentro. Generoso en el esfuerzo, su MVP fue otra confirmación de que todo resultó idílico en la impecable organización gallega. Un partido casi perfecto, aficiones respetuosas, árbitros atentos a todo y casi invisibles a la hora de los focos. Muchos héroes, pero es justo pensar que Ayón fue quien más brilló en una fiesta donde todo el mundo tuvo sus segundos de gloria. La cosa empezó antes. 

  


Para el Herbalife fue un bello cuento de hadas al que le sobraron apenas unos segundos. Solamente si Rivers o Carrol hubieran fallado alguno de esos triples... pero el Madrid no perdona, por eso está siendo tan grande en la era Laso. Pero, hasta ese momento, los de Aíto nos hicieron vibrar a todos. Sorprendieron a la Liga Endesa al eliminar al líder, al Valencia de los récords, unos taronjas que se atascaron ante la escuadra comandada por Oliver en la pista (qué torneo el suyo). Ante el Bilbao, el enésimo milagro del octavo clasificado, una remontada que llevó a los Seeley y compañía al altar de las leyendas del club canario. Solamente Rabaseda había estado antes en una fiesta de ese calibre. Y no fueron de comparsa. 



Por su lado, los merengues nunca se fiaron. Vieron las barbas del Barça de Pascual arder y nunca cometieron el error de subestimar al Fuenlabrada. El Chacho nos regalaba su sabiduría y el juego ofensivo que ha enamorado a media Europa (el resto, los admiramos mucho, pese a los colores). Después, acudieron a Vietnam ante el conjunto más en forma, los que vinieron tomando carrendilla a la ciudad del Depor. El Caja Laboral de Perasovic hizo lo más difícil ante el campeón de Euroliga, lo puso contra los cuerdas y Adams le hizo soñar que todo era posible al Baskonia. 



Todo lo había medido Perasovic... salvo lo imposible, que Sergio Llul se inventase otro milagro (y van...) para sobrevivir a un Laboral Kutxa que nada puede reprocharse ante sí mismo o su entusiasta hinchada. El Madrid sobrevivió y éramos conscientes de que Nocioni no dejaría que un hombro le impidiera estar en otra final. Aíto, mientras tanto, sonreía taimado, no se iba a poner nervioso a estas alturas. Lo explicó muy bien Pablo Laso, la trayectoria de su oponente en el banquillo estaba ahí. Como los buenos directores de orquesta, el señor Reneses sabía que todo el trabajo estaba hecho tras los ensayos. Quedaba que sus Báez, Omic, Newley, Pangov y la ilustre compañía siguieran así. 


El Herbalife hizo la goma, mientras los blancos confirmaron que, junto con el Olympiacos, nadie tiene más sangre fría que ellos en el Viejo Continente para disputar finales. Cada pieza aporta (Maciulis, Felipe y su impagable trabajo reboteador...), por lo que pronto se despegaron. Sin embargo, en esta ocasión, el que estaba en frente no se puso nervioso. Nunca se vieron caras largas en un club modesto en presupuesto, grande en espíritu. Oliver lideró a los suyos en esta llanura de Zama bajo los aros. Sobrevivieron a los dos primeros cuartos; en el tercero, incluso disfrutaron. 



Parecía un bonito guión para los favoritos. Apenas tres minutos y 10 arriba. Solamente había que dejarlo correr... entonces, Aíto pidió su tiempo muerto y no alzó la voz. Triple de Oliver, defensa audaz y trepidante a Rivers. 6 puntos en menos de un minuto. Luego hubo dos momentos de suerte. La que tuvo el genio, Sergio Rodríguez, mientras los duendecillos de los aros le brindaban su primer tiro libre. El siguiente triple del Granca no entró, tuvieron la mentalidad de Larry Bird o Jordan. Si vas a perder, hazlo tirando. No dejaron nada en el depósito y obligaron al pasional Laso, el hombre que reflotó a un club histórico en apuros, a pedir otro tiempo muerto. No se podía escapar y no lo hizo, pero Aíto enseñó a un aventajado discípulo que ellos no bajarían los brazos hasta el final. 



Ayón cerró su torneo perfecto como un impecable caballero. Resulta una metáfora de estos últimos años en los despachos blaugranas que no ejerciera el Barça sus derechos sobre este jugador. Ahora lo disfrutan en la capital. Ayón no se olvidó del Granca en las celebraciones. Les felicitó por su dureza. No hubo diferencias entre canarios y madrileños en la pista. Todos pusieron corazón y talento. El pívot mexicano se llevaba el MVP, el Madrid de este periplo agrandaba su leyenda... el Gran Canaria volvía a su isla con las banderas y el orgullo intactos. Habían dado a la Liga Endesa una lección de las que no se olvidan. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://www.marca.com/baloncesto/copa-rey/2016/02/21/56ca16fa268e3ecd198b45aa.html



http://www.elespanol.com/deportes/20160220/103739789_0.html



http://baloncesto.as.com/baloncesto/2016/02/21/copa_del_rey/1456086887_248996.html
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