lunes, abril 4


En un momento dado, se da la circunstancia de ser la persona adecuada y estar en el sitio oportuno. Pasa en muchas facetas de nuestra vida. A la hora de buscar una salida laboral, qué carrera elegir, toparte con la que será tu pareja en el instante ideal, etc. Woody Allen lo dijo mejor que nadie. A veces, la pelotita sigue adelante y ganas el partido. En otras, no lo hace y pierdes. A Johan Cruyff le gustaba arriesgar. Su osadía le costó alguna debacle como entrenador, especialmente aquel 4-0 en la final de Atenas ante el poderoso Milán de Capello. A pesar de ello, el técnico italiano recordaba hacía poco que el Holandés Volador había sido el mayor talento futbolístico que vio además de, posteriormente, el líder más carismático de su generación en los banquillos. No está nada mal viniendo esas frases de los labios de quien comenzó el inicio del fin de aquella escuadra azulgrana que fue conocida como Dream Team, en un bonito guiño a aquella mágica selección estadounidense de 1992. 



Fabio recordaría también otro enfrentamiento con Johan, en este caso, con ambos caballeros vestidos de corto. Corría el año de 1973. El estadio del Estrella Roja del Belgrado vivirá una final un tanto extraña. Por un lado, el vigente bicampeón de Europa, el flamante Ajax de Ámsterdam, un conjunto de melenudos que ha dado otra velocidad al juego, inventando conceptos que no existían. En el otro, una seria, ordenada y disciplinada Juventus, ansiosa de su primer entorchado. No lo iban a lograr los transalpinos en aquella ocasión. Porque, durante un cuarto de hora inicial mágico, los holandeses dejaron el testamento de la que había sido su filosofía. Aunque el partido terminó 1-0, ninguno de los asistentes olvidaría aquel recital inicial. Como una bella llamarada, aquella generación se dispersó a otros clubes, dejando un recuerdo imborrable de dominio, de la combinación perfecta de estética y competitividad. 



Probablemente, era lo que más feliz hacía al Flaco. Cuando Michael Robinson le entrevistó por última vez, Cruyff era ya algo más que un ex jugador o un antiguo entrenador de éxito. El propio protagonista lo resumía en la satisfacción que le daba el hecho de que alguien un control de aeropuerto, cuando le pedía el pasaporte, pidiera estrecharle la mano. Nunca le dio excesiva importancia al resultado, si bien era un ganador. Ángel Cappa sacaba a coalición un artículo que el gurú del barcelonismo sacó en vísperas de la final de Wembley, donde Barcelona y Manchester se disputaban la Champions: "el resultado es ficticio". Eso le hizo que nunca le amargará en exceso no haber ganado "su" Mundial (los paradones de Maier, el olfato goleador de Müller y la jerarquía de Beckenbauer impidieron lo que parecía un designio divino) en el 74. Sócrates, aquel brasilero genial con el que Cruyff establecía comparaciones con Bakero, decía que no se jugaba para ganar, sino para ser recordado. Recientemente fallecido por culpa del cáncer, la plaga de esta era, Cruyff puede tener el mismo convencimiento que tuvo Aquiles cuando la flecha se incrustó en su talón: no seré olvidado. 


Eso fue clave en su historia, en la esencia de lo que significó el portador del dorsal 14 (aunque como culé, casi siempre portó el 9). Así convenció a Ronald Koeman de abandonar un trato casi cerrado con la vecchia signora, para ir a la Ciudad Condal a divertirse con él. "Yo soy el que tiene que estar sentado todos los partidos. Y no quiero sufrir. Quiero disfrutar cada uno de ellos", un lema simple pero que cayó en una década de los 80 del pasado siglo dominado por el músculo, la táctica y los marcadores apretados. El arriesgado sistema que trajo un rebelde que se negó a sacarse el título de entrenador significó un rejuvenecimiento de un Barcelona que estaba acostumbrado a ganar una Liga cada 10 años, quejarse muchos de los árbitros y vivir en el fatalismo. 



No solamente él, obviamente, pero su presencia ayudó a borrar muchos estigmas. Conocía como nadie aquel "entorno". En su primer año como futbolista azulgrana, logró la Liga, meterle un 0-5 al Real Madrid en el mismísimo Santiago Bernabéu y reactivar a una plantilla talentosa (Marcial, de quien Cruyff decía que tenía un chicle pegado a la bota, Asensi, Sotil...), la etapa de Johan en el Barça no fue tan buena como su leyenda en el Ajax. El siguiente año, tras muy buen rendimiento, perdieron el campeonato doméstico ante el excelente Atlético de Madrid de aquella época, así como unas infaustas semifinales ante el Leeds United, teniendo al vuelta en el Nou Camp y con todo a favor. Aunque cayó una Copa del Rey en su despedida, sonó a sinfonía inconclusa. 



Por ello, era un guiño del destino que fuera Ronald Koeman quien lanzase aquel zapatazo que logró que el mítico Pagliuca se inclinase en la prórroga (otra vez en Wembley, donde él había obtenido su primera Orejona). Durante aquellos años de matrimonio a la italiana con Núñez y Gaspart, idolatrado por el público, odiado/admirado por un sector de la prensa, Cruyff revolucionó con su staff técnico a unos pupilos que se acostumbraron a ganar pasándolo bien. Se descubrió a Guardiola, el fútbol de toque, divertirse y atraer a luminarias tales como Laudrup o Romario, quienes embellecieron su juego a sus órdenes como nadie podía imaginar. Un testimonio de aquella época es un libro en primer persona, Mis futbolistas y yo, donde Johan pontificaba sobre sus jugadores y destacados adversarios (Roberto Baggio, Butragueño, Schuster...). 



"Es muy bueno, sabe mucho, casi todo. Y se cree que sabe todo...", lo describía mejor que nadie Laudrup, el centrocampista danés que se consagró bajo su batuta y terminó huyendo de la exigencia de su míster, para vengarse de la forma más dulce posible en el 5-0 que el Real Madrid infligió al Barça en diciembre de 1994. Su carácter era sin tapujos y Cruyff llegó a cortar relaciones incluso con amigos tan íntimos como Charly Rexach, tras haber sido la pareja mejor avenida en el los banquillos que se recordaba. Rexach había sido quien le sustituyó en aquella tarde en San Mamés donde los Stoichkov (de quien Cruyff dijo que podía haber estado hablando un fin de semana entero sobre él) y cía infligieron un 0-6 al Bilbao de Javier Clemente. Sin embargo, terminaron notablemente distanciados, fruto de esa personalidad fuerte, a veces abrasiva que tenía este ideólogo de un nuevo fútbol. 



Aquel día en el País Vasco donde Rexach sustituyó a su amigo, Cruyff sufrió su primer susto por el tabaco, vicio que él mismo terminó abandonando en un mítico anuncio donde volvió a demostrar que, junto con Maradona, ha habido muy pocos con su capacidad para hacer jueguitos con cualquier objeto. En esta ocasión, por desgracia, no le ha dado tiempo a remontar el partido. Prensa y público respetaron su deseo de privacidad para pasar el trance con su mujer e hijos. Ocurrida la fatal noticia, las muestras de cariño no se han limitado a Ámsterdam a Barcelona; todos los futboleros del globo han querido lanzar su guiño y reconocimiento a Johan. "Hemos perdido a un gran hombre", dijo su admirado Pelé. 



Igual que cuando aconteció con la Saeta Rubia, la pérdida de uno de los grandes del deporte se volcó en bonitos monográficos que toda la prensa nacional e internacional sacó. El clásico Barcelona-Madrid también se vio mediatizado por su homenaje (ejemplar la directiva blanca sumándose al tributo), incluso aunque los locales perdiesen con justicia ante los visitantes, el acrobático remate de Benzema pareció un guiño al Flaco. Quedarán más sentidas demostraciones de afectoUna de ellas, la del diario Sport, reeditó aquel pequeño librito, Mis futbolistas y yo. Una buena oportunidad de re-encontrarse con ese Cruyff original, inventivo y provocador. Nuevamente, dando la sensación de que no le cansaba nunca hablar de su gran pasión. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://www.weloba.cat/fotos-lemotiu-homenatge-de-ronald-koeman-a-johan-cruyff



http://www.uefa.com/uefachampionsleague/season=1971/



https://www.pinterest.com/theboychiko/maradona-is-best/
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