lunes, mayo 2


La despedida perfecta



Tras doce asaltos había terminado. Cuando sonó la campana en Las Vegas, Manny Paquiao podía intuir que las puntuaciones le iban a resultar favorables. Timothy Bradley había comenzado muy bien el combate, pero el filipino y su esquina habían reaccionado desde el tercer asalto para tomar el control. Después, cuando parecía que las manos de Pac-Man eran tan rápidas como hacía seis años, su rival le dio algún gran susto. El fantasma de aquel KO contra Márquez flotó durante algunos tensos segundos. Pero en esta ocasión, el discípulo predilecto de Freddie Roach mantuvo las distancias, controló lo que quedaba de pelea y logró una merecida victoria. 



Significaba el triunfo un título Welter de la OMB, otro más para una trayectoria deportiva brillante. Pero era todavía más valioso. Se trataba de la última estampa que brindaba el diablo tagalo. Muchos aficionados querían que fuera exactamente ese el capítulo final, no la postergada ad infitium batalla contra Floyd Mayweather (¿LA PELEA DEL SIGLO?). El pequeño Lobezno de las Islas Filipinas ponía el broche de oro ante un enemigo caballeroso, alguien con quien ha tenido una cordial relación fuera del ring tras una saga de tres episodios. Seguían existiendo rumores de que no iba a colgar los guantes, pero, de momento, la decisión es firme. Uno de los mejores boxeadores de la Historia lo dejaba. Parece una decisión acertada. Sin polémicas de hombro, Manny pareció veloz, inteligente y con pegada, justo el recuerdo que muchos quieren atesorar de él. 



A nadie escandalizó la puntuación otorgada por los jueces (116-110). Bradley supo perder y Paquiao ganar, no hubo comentarios altisonantes. Difícilmente habrá más gloria en un cuadrilátero que la cosechada por esta carrera singular que, como todas, debía tener algún fin en determinado momento. No es mala hora para abandonar, con su último hurra, una nueva victoria. Su balance impresiona tanto por sus triunfos (58 de 66) como la calidad y peligro de los rivales escogidos (Cotto, Márquez hasta en cuatro ocasiones, Óscar de la Hoya, Mayweather, etc.).


Semana de campeones



Que el boxeo es una salvajada no ofrece discusión. Recientemente, todos vimos la terrible noticia del coma inducido al que fue sometido Nick Blackwell aunque, afortunadamente, el púgil despertó del mismo en una de las noticias más felices de este abril. No en vano, el propio Pacquiao ha expresado claramente que confía en que nadie más de su familia tenga que ponerse contra las cuerdas. Y eso lo dice un filipino que declara deber todo a ese deporte. Frente a Bradley, el muchacho sumergido en la pobreza y los maltratos de su padre en Manila terminó de escribir una historia casi perfecta. ¿Casi? Pues sí, pero no por las ocasionales derrotas sufridas, eso no ha empañado en nada un CV brillante en el cuadrilátero, más bien revindica su sentido del riesgo.



Lo que ha marcado las últimas semanas de Pac-Man fueron sus atávicas declaraciones (ver LOS JUECES DEL VALLE DE JOSAFAT) que le han costado patrocinadores y, lo que es más importante, la mirada de admiración que muchas personas siempre le han prodigado, incluso fuera del boxeo. Fue de agradecer la elegancia y la caballerosidad de Bradley, quien no eludió el tema, fue consecuente, elegante en un problema de gran sensibilidad y tampoco lo aprovechó para sacar tajada de popularidad ante el tagalo. De igual manera se comportaron en Semana de campeones, y es que México y Manny siempre han tenido derecho a hablarse a calzón quitado. A pesar de la fuerte rivalidad existente entre sus leyendas (Barrera, Márquez, etc.), Pacquiao es casi mexicano en su forma de entender esta disciplina, algo que ha quedado reflejado en su admiración y cariñosa relación con un entrenador que siempre ha buscado destruirle en el ring, el mítico Nacho Beristain (un sabio que recomienda a sus boxeadores y boxeadoras proseguir sus estudios, muy alejado del modelo de testosterona irreflexiva que manda el tópico a gente vinculada a este negocio, quien, sin embargo, nunca ha ocultado una profunda admiración por su rival, así como por su Némesis, el mítico entrenador Freddie Roach).



A los micrófonos de dicho programa, Paquiao se sinceró ante uno de sus ídolos, Julio César Chávez. Pac-Man se despojó un poco más de las vestiduras de juez del valle de Josafat, aunque sigue transmitiendo una falta de empatia acentuada ante lo que se sale de su molde (me refiero a la intolerancia, no a su sentimiento religioso per se, el cual le ha movido a actos tan positivos como sus constantes obras de caridad con sus compatriotas más desfavorecidos). Para el recuerdo fue su apretón de manos con Márquez, el hombre que fue capaz de tumbarle. No habrá quinta pelea y, como bien apuntó el profe Beristain, es mejor así. Ambos gladiadores ya han dado un gran espectáculo, se han infligido mucho dolor y fama mutua. No es necesario volver a ponerlos frente a frente.   



¿Retirada? 




La citada entrevista parecía dejar muchas cuentas saldadas, con la feliz sensación de tener el saldo positivo. Uno puede comprender la petición de David Faitelson de que, en efecto, haya sido el último canto de cisne del Pac-Man. Como crítico deportivo, Faitelson ha tenido etapas de mayor o menor defensa de la carrera del filipino, aunque al final del día no ha dudado en brindar su admiración por alguien que ya reúne todos los ingredientes para ser un Hall of Fame. Es mejor recuerdo esta pelea limpia ante Bradley que cualquier otra cosa que pudiera depararle el mundillo del boxing. No pocos hubiéramos preferido que el tiro de Michael en Utah fuera su última jugada en la NBA. Pero habrá cantos de cisne para que no sea algo definitivo. 



Y el nombre de Mayweather será recurrente, aunque ambas leyendas ya parezcan fuera del circuito. Desde la modesta lejanía, no le recomendaría al tagalo aceptar ninguna revancha, por muchos dólares que se prometan. El excelente púgil invicto eludió con habilidad durante años la pelea hasta que estuvo seguro de poder poner sus condiciones y, casi como Alejandro en Gaugamela, todo lo que pudiera garantizar su triunfo. Ahora, cuando el recuerdo de su leyenda y valentía en el ring queda solo y alejado del marketing circense, creo que Pacquiao no tiene nada que demostrar y que es hora de nuevas generaciones. Emotiva fue la fotografía con su esposa, su otra mitad, con la que sellaban un viaje único e irrepetible, el cuento de hadas desde los más humildes lugares de Manila hasta la cima del mundo. 



Parece que se volcará en esta nueva faceta en su familia y la política. En la primera de estas dimensiones se moverá como pez el agua y la disfrutará al máximo. Para el segundo territorio, pese a sus buenas intenciones, considero que a Pac-Man le faltan destrezas y diplomacias para el mundillo, especialmente empatia con pensamientos que no concuerden con su visión. Personalmente, dudaría mucho de darle mi voto. Donde tengo certezas es en que seguirá siendo una influencia positiva y altruista para los más desfavorecidos de Filipinas, ya que él sabe muy bien lo que es eso y lo que tuvo que trabajar para escapar de esa injusticia. 



Tampoco podría dejar finalizada esta entrada sin afirmar que, rara vez ha saltado a ese cuadrilátero un tipo más valiente...



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



http://somosbastardos.blogspot.com.es/2015/05/treinta-datos-que-no-conocias-sobre.html



http://www.latinpost.com/articles/105660/20151231/manny-pacquiao-vs-timothy-bradley-iii-set-on-april-9-in-las-vegas.htm



http://eldemocrata.com/los-hispanos-han-sido-blanco-preferido-de-manny-pacquiao/
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