lunes, junio 13


Sin haber cumplido los veinticinco años de edad, Kawhi Leonard ya tiene una hoja de servicios que asusta. Dos presencias en las Finales de la NBA, obteniendo el premio MVP en una de ellas. De la misma manera, era un secreto a voces que de haber ganado San Antonio en la anterior (4-3 frente a los Miami Heat de los Beach Boys), hoy le adornarían dos galardones de jugador más valioso. Pensemos que monstruos consagrados como Karl Malone, Charles Barkley o John Stockton, entre otros mitos, no tuvieron la fortuna de alcanzar esa distinción. Instalado cómodamente en una franquicia ejemplar, los San Antonio Spurs, el futuro de Leonard solamente puede calificarse como brillante y prometedor. 



Lo primero que llama la atención de este talento discreto (el eterno Tim Duncan bromeaba ante los micrófonos: "Si apenas habla con sus compañeros, ¿cómo queréis lo haga con vosotros?") son sus manos. No es una cuestión baladí. Phil Jackson, cuando se ha visto acorralado ante la odiosa comparativa, afirma que es la gran diferencia entre dos genios absolutos de este deporte: Michael Jordan y Kobe Bryant. Para el Maeatro Zen, las manos de MJ valían por sí solas un millón de dólares, ya que era capaz de agarrar el esférico como si fuera una naranja. En esa faceta del juego, este producto de San Diego State está a la altura del dorsal 23. 



Menos exuberante que el caudal ofensivo de Curry y Thompson, sin una presencia tan avasalladora como la de Lebron James, nuestro protagonista de hoy podría pasar inadvertido en un campeonato de grandes talentos y casi superiores egos. Craso error. Algo tendrá el agua cuando tanto la bendicen y no es casual que un técnico de la altura de Gregg Popovich haya estado dispuesto a cambiar gradualmente la forma de jugar de los texanos. Entre sus compañeros, Ginóbilli, Parker y Duncan, un triunvirato de tintes casi legendarios para su afición, no han tenido ningún problema en ir cediendo focos al dorsal número 2. Todavía se estarán acordando en Indiana. 


Los Pacers lo tuvieron. No obstante, de inmediato sus derechos pasaron a sus rivales del Oeste, entre otros condicionantes de la operación, a cambio de George Hill. Desde el salto inicial (integrante del quinteto ideal de rookies), Leonard no dejó de sorprender y avalar el buen ojo de la gerencia texana. Y es que era una apuesta con su componente de riesgo, pero todo ha ido a una velocidad de vértigo. Amantes hasta el exceso de la estadística, una de las cosas que más convencen del introvertido alero es que sube sus prestaciones en Playoffs, cuando cada pelota es oro. 



Sus particulares características físicas lo tornan en uno de los defensas más incómodos de cuantos pululan por la auto-proclamada mejor liga del mundo. Todo un portento como Lebron James puede dar fe de lo difícil que es pasar su marca. Por supuesto, ningún mortal garantizar frenar al hoy astro de Cleveland, pero Leonard puede ser quien más cerca se encuentra de poder incomodarlo hasta extremos insospechados. 



Por ello, en el cuento de hadas, sorprenden dos reveses inesperados. El pasado año, los Clippers lograron sobrevivir a los Spurs en una cruenta serie a 7 encuentros. Justo cuando los texanos parecían tenerlo todo bien atado, terminaron cayendo de una forma dolorosa y ajustada. No es que Leonard jugase mal, todo lo contrario, pero muchos esperaron que no salvase in extremis a los vigentes campeones de caer en primera ronda. Una sorpresa que no se repitió cuando Kawhi y los suyos pasaron de manera contundente sobre los Memphis Grizzlies. Muchos hacían ya cuentas para ver una Final del Oeste apocalíptica contra Golden State Warriors, sobre todo tras la paliza feroz que San Antonio propinó en el primer choque a Oklahoma City Thunder. 


Otra serie de evolución extraña. Los de Billy Donovan se rehicieron de manera impecable de la cruel derrota para dar una imagen de solidez fuera de la común, descubriendo en Ibaka un eficaz e inesperado triplista. Justo cuando todo se complicaba, Leonard fue uno de los pilares para recobrar de manera épica la ventaja de campo en el feudo de los Thunder. Entonces, en un clima de polémicas arbitrales y sus propios errores, los Spurs cayeron en el quinto y se dejaron llevar por la corriente al final del sexto. 



En casos como el de Leonard o Aldridge no es tan dramática la eliminación. Pero tras un curso tan exquisito firmado por los de Popovich, parece que se han aprovechado poco en las rondas finales las últimas balas de plata de Manudona, Parker y Timmy. Responsables de la época más gloriosa de un conjunto que se ganó el apelativo de dinastía, poco más se les puede pedir. Ahora, buena parte de los cimientos del edificio recaen en los hombros del dorsal 2. 



Una amistosa advertencia a quienes no conozcan la biografía del tipo silencioso y callado. Leonard no es de los que se rinde y con un staff técnico como el que tendrá los próximos años a su servicio, el futuro sigue intuyéndose prometedor y ambicioso. En el lugar donde habla más cómodo. En la pista, con un balón agarrado por esas manos de un millón de dólares.  



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



https://ladyinthemancave.wordpress.com/2013/06/05/nba-spurs-kawhi-leonard-not-scared-of-lebron-accept-the-challenge/



http://www.celticslife.com/2015/04/celtics-expected-to-be-aggressive-in.html



http://ftw.usatoday.com/2016/05/kawhi-leonard-rips-ball-spurs-thunder-serge-ibaka-nba-playoffs
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