lunes, septiembre 19

Milagro (sin premio) en Milán



Todos tenemos nuestras debilidades inconfesables. Aunque nuestros colores digan una cosa y, por supuesto, deseamos que ese oponente pierda hasta los entrenamientos, incluso el aficionado más forofo termina admitiendo para sus adentros el talento ajeno. Así, somos muchos los culés que ahogamos un suspiro de admiración cuando Modric da un pase inesperado y brillante entre líneas. De igual forma, más allá de campañas, no pocos madridistas habrán pagado gustosos una entrada para ver, aunque fuera a escondidas, a Lionel Messi hacer magia sobre el césped. Dentro de los encontronazos competitivos tenidos contra los pupilos de Diego Pablo Simeone (ligas resueltas en la última jornada, eliminatorias coperas, el Calderón rugiendo en Champions...), siempre he tenido claro que, de haber tenido la varita mágica, existía un jugador al que habría teñido de blaugrana sin dudarlo: Gabi. 



En cierto sentido, el capitán colchonero podría pasar desapercibido ante otros compañeros de equipo, más mediáticos y goleadores. No obstante, subestimar su influencia sería un grave error. Y es que si los vestuarios necesitan líderes, este centrocampista nacido en Madrid hace 33 años es uno de los referentes, el tipo fuerte y callado que, cuando habla, el resto está pendiente de cada frase que sale de su boca. "¿Vieron lo que fue Gabi esta noche?", lo dijo el Cholo más noqueado, justo el día en que en capital lombarda, la fe sin límites del Real Madrid le había quitado, por segunda vez en tres años, el trofeo más hermoso en los campos del Viejo Continente. En la fatídica tanda de los 11 metros. Gabi marcó el suyo con sutileza y clase. Pero hizo más aquel día. 



En el partido decisivo, el portador de brazalete de capitán indio logró 11 recuperaciones, firmó cerca de un 85% de precisión en sus pases, ganó  más de la mitad de sus duelos individuales, recorrió más de 14 kilómetros con la colocación de un veterano y las piernas de un joven. Y es que él, más que estrellas como Griezmann o caciques de la talla de Godín, fue quien más entendió el pulso de esfuerzo que Sergio Ramos, Pepe y Casemiro presentaron a los rojiblancos. Doc Rivers tenía una frase sobre Dennis Rodman: "Quizás no te dará la asistencia a canasta, pero te hará un pase maravilloso que generará los futuros puntos". Sin saberlo, el bueno de Rivers estaba hablando de la maravillosa apertura que Gabi brindó para que Juanfran encontrase a Carrasco. 

   
La deuda eterna



Lo describió mejor que nadie un seguidor del Atlético con la cabeza bien amueblada, Rubén Uría. El deporte no entiende de deudas. Ni siquiera con un genio rosarino al que la pelota hizo la trampa de Roberto Baggio en la Copa América. Tampoco con un Gabi que tiene el doloroso honor de haber sido el MVP sin corona de Lisboa y la ciudad lombarda. En la capital portuguesa, volvió a ser la pieza clave hasta que Sergio Ramos decidió jugar en el club del Manzanares el mismo rol que Robert Horry tiene para los Sacramento Kings. La del peor verdugo posible. Dos finales escapadas en el último suspiro. Qué manera de sufrir, dejó dicho el genial Sabina, pero la incansable parroquia que ahora se traslada de campo el próximo año debería andarse con ojo. Europa tampoco entiende de pagos con intereses. 



No one gives to you, you have to take it. Lo decía Jack Nicholson con aire de viejo y sabio diablo al comienzo de Infiltrados, bajo acordes de los Rolling Stones, no podía ser menos, puro Scorsese. Hay una nostalgia peligrosa en tales dagas ante las que conviene tener memoria, para evitar desarrollar síndrome de Estocolmo con la herida. Los rojiblancos bien pudieron tener más suerte en el poste de Juanfran, buen tipo que no merecía ese revés. Pero también merecieron irse de la primera parte de Múnich con tres o cuatro goles en el saco. El árbitro debió expulsar a Suárez el primer día, pero también ver la mano del propio Gabi en la vuelta de cuartos. Ramos no pidió que se invalidara la acción por fuera de juego, sino que remató con todo su carácter y fuerza. Por ello, si los caprichosos bombos volvieran a chocar al Barcelona con el cholismo, tengo claro que pieza les seguiría quitando, por encima de gente con más cartel: Gabriel Luis Fernández Arenas.



Más allá de lo que cualquiera puede apreciar en el campo, el personaje empezó a inspirarme simpatía por su entrevista en la prestigiosa revista Panenka. En sensatas respuestas, Gabi parecía un deportista hecho a sí mismo, quizás sin ese punto de Fortuna que ha permitido a otros compañeros de generación consolidarse antes. De cualquier modo, como el maestro mexicano Roberto Gómez Bolaños bien decía, a veces, en la vida, existe la adversidad positiva. Un aparatoso accidente de coche le alejó del Atlético en 2006, pero quizás fue en Zaragoza donde era idóneo que terminase su formación, esa que ya había iniciado en Getafe, lejos de lujos, pero aprendiendo a forjarse entre señales de humo. En la capital maña, además, se destapó como un preciso y elegante lanzador de penaltis.


Las últimas batallas del Gran Capitán



Nunca es tarde si la dicha es buena. Si estaba escrito que iba a terminar allí, no importaba el cuándo, más bien el cómo. Y entonces llegó la capitanía en 2012 y, por encima del resto de cosas, el Cholo Simeone. El director de orquesta ideal para llevar a un conjunto de personalidades exuberantes (Falcao, Costa, Arda, Courtois...) a escribir el mejor regreso posible para un histórico club en horas bajas. Gracias a ellos y un brillante staff técnico, los fans rojiblancos pasaron de mirar los puntos para la permanencia o caer en primeras rondas coperas a quedarse con mal sabor de boca por la tercera plaza y no alzar La Orejona. Media un abismo, Gabi ha sido uno de los pilares para ello.



Hay ha vivido días de vino y rosas que, naturalmente, también han ido acompañados de malos momentos. Pero el peor ha sido fuera de las canchas. El tristemente célebre asunto que involucró a Zaragoza y Levante un 21 de mayo de 2011. Gabi, que había logrado el brazalete en el equipo aragonés, ha vivido, años después, la parte menos agradable de atraer la responsabilidad de la entidad. Un asunto que no desentona en las cosas extrañas que suceden en las jornadas finales de liga, aunque, se ponga más el dedo acusador en unos que en otros. Desde este blog no se le exime de la presunta responsabilidad que tuviera, simplemente que, aquellos agoreros que pronosticaron que era su final como profesional de élite deberán esperar un poco más.



Como fuere, el paso inexorable del tiempo hace que la luz al final del túnel de la élite se vaya haciendo cada vez más visible. Por ello, una de las tareas de Simeone y los suyos, si quieren mantener el notable rendimiento de estas temporadas, es conseguir que este centrocampista siga siendo el espíritu de un bloque sin fisuras.



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES: 






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