lunes, octubre 17



Gerard Piqué es uno de esos jugadores a los que los aficionados les cuesta poco catalogar. Si milita en tu equipo, te encanta. En caso de que sea un adversario deportivo del club de tus amores, suele suscitar el mismo cariño que en la antigua Roma tenía el nombre de Aníbal Barca. Hay razones de sobra para ambos sentimientos. En primer lugar, hay que decir que el espigado defensa central culé es uno de los mejores en su oficio. Por su envergadura puede coger a algunos de los más peligrosos delanteros del mundo y minimizar sus habilidades, es contundente pero también capaz de sacar la pelota jugada con gran elegancia. Y no es ninguna decepción cuando sube al ataque como improvisado delantero. En no pocos casos, se le ha definido con acierto como una especie de versión actualizada de un predecesor en el puesto de mucho peso, Fernando Hierro. Algo de eso hay. 



Luego está el tema de su afición a los focos. Él mismo hacía alusión a ello poco más de una semana atrás en el tiempo. Había sido de lo mejor del Barça en Balaídos (dos goles y el líder espiritual del intento de remontada) y su rendimiento a las órdenes de Julen Lopetegui estaba siendo tan bueno como el que diera a Vicente del Bosque. Piqué parecía haberse caído del caballo en Damasco, de repente, en boca cerrada no entraban moscas; sentía que se revalorizaba su figura en el campo, sin necesidad de usar el altavoz. Él, que en ocasiones parece hacer horas extras para recuperar el orgullo de un Real Madrid herido; él, que se han granjeado alguna amonestación de amigos personales como Xavi Hernández por su irreflexivo uso de las redes sociales, no para comunicarse con sus legiones de fans, sino para lanzarse a piques poco edificantes con compañeros de profesión. 



Entonces llegó el revés inesperado en el duelo frente a Albania. Por unas simples mangas de camisa. Hay quien dice que cuando se quiere ver una conspiración, se inventan conexiones absurdas que a la persona sumida en ese deseo parecen totalmente lógicas. Sin verificar, algunos medios consideraron una cuestión de comodidad como una afrenta patria, un caso Dreyfus de urgente resolución. Con un gesto que recordó al cansancio de Lionel Messi tras el Argentina-Chile, Piqué anunció que dejaría la selección tras el Mundial de Rusia. Las motivaciones eran evidentemente esa clase de dudas que suscitaba.


La sorpresa fue mayúscula porque quizás era la única parte donde su trayectoria había sido inmaculada. Literalmente se había jugado la cabeza en el debut mundialista ante Suiza, un testarazo suyo logró dar el triunfo ante la República Checa y ha sido, junto con Sergio Ramos, la otra mitad de uno de los mejores tándems defensivos que ninguna selección puede poner sobre la palestra. Sus polémicas, ese aire sobrado que parece transmitir en muchas ocasiones, había tenido más que ver con su auto-proclamada condición de estandarte culé, especialmente en las guerras dialécticas Real Madrid-Barcelona.  



Honestamente, Piqué no puede esperar otra cosa que sonoras pitadas cuando vaya al Santiago Bernabéu con la camiseta blaugrana. Mucho más extrañaría que eso ocurriese con Andrés Iniesta o en el pasado con Carles Puyol, quien, por cierto, tardó muy poco en acudir al rescate de un buen amigo y compañero ante la absurda polémica. Él bien ha sufrido estos vaivenes deportivo-políticos (qué mal casan estas dos realidades cuando se mezclan forzosamente), simplemente por haber hecho un anuncio favorable a la Liga de fútbol española. En algunos mentideros de nacionalistas catalanes, "Puyi" dejaba de ser un símbolo y ejemplo a seguir. Como si una cosa fuera incompatible con la otra. Como si la única manera de acertar con determinadas personas fuera darles la razón siempre. Gerard lo ha sufrido a la inversa. 



¿Se ha proclamado a favor del referéndum? De manera activa. Lo que la gente olvida es que está en su perfecto derecho. También de vestir a su hijo el día de la Diada con la segunda equipación del Barça, luciendo la bandera catalana. Algunos lo jalean y otros lo abuchean por ello. Esos mismos papeles se dan a la inversa cuando festeja con su hijo un triunfo de la selección española en la Eurocopa. Algo no va bien cuando por simples libertades se generan estas disputas. Si hay que dar al César lo que es del César, si bien ha podido dejar alguna ambigüedad en determinadas declaraciones, su rendimiento en la cancha ha resultado ejemplar.


Lo curioso es que hay mentideros supuestamente patrioteros donde pueda verse con agrado la pérdida de uno de los mejores centrales del mundo. Es el perfeccionamiento de un discurso singular, donde siempre te metes en la casilla equivocada. Si siguiera, sería un hipócrita. Si se va, un traidor a la causa. No es lo más urgente en el país, pero convendría cambiar algunas normativas, sigue sin parecer de recibo que se sancione a un deportista profesional si decidiera hacer público que tiene unos motivos por los que no se siente cómodo jugando con la selección. Existen cosas ilógicas pero había, ante todo, cuentas pendientes. 



Piqué suele dar y encajar con ganas en el trash talking ("I hate Christian Laettner", "para mis superiores", "Kevin Roldán contigo empezó todo..."). Siempre se ha jactado de que los pitidos en el Santiago Bernabéu son música para sus oídos, presume de tener muy buena relación con emblemas del eterno rival como Iker Casillas. Lo que no podía esperar es que el juego le sobrepasase. Él puede encararse en un túnel de vestuarios ante una presencia como Diego Pablo Simeone, pero el central que había hablado de la libertad de silbar lo que fuera, dejó de entender porque defendiendo los colores de la roja le tocaba sufrirlo por parte de un sector concreto de sus aficionados. 



Con todo, no es un drama de Sófocles. Los obscenos guarismos donde se mueven los emolumentos de los futbolistas de la élite permitirán a Piqué mantener un tren de vida muy agradable. Encima, lo hace en plenitud familiar, casado con Shakira y desempeñando con arte su puesto en la cancha. La lástima es que el affaire Piqué sea solamente una cortina de humo. La demostración de que la cosa está frustrada. Que unas mangas de camisa sirven como pretexto para afrentas imaginarias. Que preferimos chiflar antes que discutir, que, a fin de cuentas, defendemos nuestro campanario con granadas si hace falta, aunque en el fondo nos vendría bien visitar el del vecino para ver que, en el fondo, probablemente nos parecemos bastante...   



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-http://www.fcbarcelonanoticias.com/gerard-pique-acaba-reforzado-eurocopa-y-retratando-a-su-criticos-181887-2016-06.php



-http://www.abc.es/deportes/futbol/abci-seleccion-espanola-pique-nino-travieso-masia-201610110839_noticia.html



-http://www.mundodeportivo.com/futbol/eurocopa/20160619/402623481508/del-bosque-reitera-su-apoyo-a-pique.html
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