lunes, septiembre 4

"Siempre deben existir aquellos dispuestos a enfrentarse a quien es considerado invencible. Solamente así la raza de los hombres crecerá fuerte y sin miedo. Es bueno que las leyendas digan que hubo un día en que Odín se retiró"-Tales of Asgard (Stan Lee y Jack Kirby). 



Apenas cien metros y toda una vida. El Estadio Olímpico de Londres lucía sus mejores galas aquella noche de agosto. Como tantas otras veces, aguardaban la victoria del mito. No era que subestimasen a los competidores. Simplemente, Usain Bolt se ha ganado a pulso el estatus de Michael Jordan o Nadia Comaneci, entre otras deidades. Es decir, la persona que está fuera de concurso en su disciplina, más allá de cualquier comparativa o duda. Sin embargo, incluso los mejores pueden volver a ser mortales por unos instantes. Quizás a eso se aferraba Justin Gatlin. 



Por su calle, el estadounidense vivió una jornada rara, lejana a las emociones positivas que genera estar en una final. Sí, había sido promesa y luego campeón en 2005. Pero todo aquello fue antes de los positivos. Le sancionaron durante ocho años para volver a competir. Finalmente, se redujo la condena a la mitad. Se privó a sí mismo en la plenitud de poder alcanzar más entorchados. Cometió un error. Lo pagó. No obstante, a veces, el público se contagia del efecto de juez justiciero y han sido constantes los abucheos que ha recibido en todos los sitios donde intenta volver a correr. 



De cualquier modo, el atletismo, ese deporte de mil sacrificios, hizo un guiño al "villano", un justo tributo a alguien que descendió a los infiernos y logró volver a la élite. Cerca de cinco centésimas de ventaja sobre la leyenda jamaicana en la salida. A sus treinta y cinco años, cuando las piernas veloces empezaron a moverse, puede que incluso se permitiera soñar... 


"Si alguna vez cantan mi historia, cuenten que viví entre gigantes. Cuenten que viví en los tiempos de Héctor, el domador de caballos. Cuenten que viví en los tiempos de Aquiles"-Troya (2004), Wolfgang Petersen. 



Desde los Juegos de Pekín de 2008, Usain Bolt es una de las cosas más cercanas a un milagro que se han visto en el deporte. Como Magic, el relámpago de Jamaica esbozaba una sonrisa que no pretendía humillar a sus esforzados rivales, simplemente, era el certificado de la naturalidad del poseedor de la triple corona, una figura inspiradora que ya ha traspasado su disciplina para ser una referencia en la cultura popular. Siempre podremos decir que vimos correr al pies ligeros. Incluso su pequeño defecto de no hacer buenas salidas era un aliciente más para el espectáculo, brindándonos alguna de esas remontadas donde parecía un hombre compitiendo con niños. 



Por ello, tuvo tanto mérito lo de Gatlin. ¿Cuántas veces no habían él y otros pensado que iban a ganar al invencible? ¿Cuáles fueron las infinitas ocasiones en que imaginaron el triunfo para ver al torbellino arrasar con su expresión risueña, dejándolos con la miel en los labios? Si Gatlin logró aquel triunfo que no le otorgaba ni el más optimista de los analistas, fue porque antes había perdido mucho. 



Y eso que muchos pensaron en Coleman como la gran amenaza para el defensor del título por su excelente participación en Londres y haber establecido el récord de este año. No obstante, Gatlin fue finalmente quien se quedó con el oro, si bien todos los focos fueron para Bolt. Se trataba del agradecimiento y tributo a tantos años con cifras de otra galaxia. Aunque censurable, fue comprensible el momento de humanidad del vencedor, quien, hastiado ante tanto ostracismo, mandó por un instante callar al respetable. 


Usain Bolt´s Last Race




Puede que para un sector que solamente se fijaba en sus victorias fuera una noche amarga. Para el resto, Usain Bolt permaneció inmaculado, tal vez no imbatido, pero sin duda muy por encima de cualquier marcador. El jamaicano que tantas veces ha estado en el foco, supo qué correspondía hacer. También lo hizo Gatlin tras el feo gesto de frustración con el público. Tras esa ofuscación, vio venir al hombre que tanto representa para su deporte. Se inclinó en una reverencia sentida que hizo sonreír al mito. 



Ambos atletas, tan diferentes, se fusionaron en un sentido abrazo. El verdadero espíritu que debería imperar en estas cuestiones. Bolt, genio y figura hasta el final, ejerció de maestro de ceremonias en su despedida y fue agradecido con las más de cincuenta mil almas que nunca dejaron de aclamarle. Tampoco lo hicieron cuando el icor abandonó su sangre y cayó lesionado a las pocas jornadas. Habrá quien diga que no se retiró a tiempo o que hubo errores en la preparación de este Mundial. 



De cualquier modo, sin Bolt, nada habría tenido sentido. El hombre que puso al atletismo en el lugar mediático que le correspondía lo volvía a hace, incluso en la derrota. Eso sí, con la asociación indispensable de un Gatlin que, como Héctor o Aquiles, no quiso darse por enterado cuando todos los oráculos pronosticaban su derrota. 



FOTOGRAFÍAS EXTRAÍDAS DE LOS SIGUIENTES ENLACES:



-http://www.elespanol.com/deportes/otros-deportes/20170806/236976311_0.html



-http://www.elespanol.com/deportes/otros-deportes/20170806/236976311_0.html



-https://www.thequint.com/sports/2017/08/06/usain-bolt-last-race-finishes-third-at-world-athletics-championships
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